Lo que significa la palabra apóstol en su origen, un testigo de
la Resurrección del Señor, asociado al grupo de los otros testigos. Un testigo,
que puede efectivamente, dar testimonio de que Cristo ha resucitado, porque
convivió con Él, porque conoció su ministerio público, que se entiende iniciado
en el bautismo de Juan, y que se entiende concluido en el día de la Ascensión.
Dar
testimonio de que Cristo ha resucitado, aquel que pudiera decir: “El mismo que
murió en el Cruz, ese es el mismo que se nos ha manifestado ahora vivo”. Y esa
es la misión del Apóstol.
El evangelio
de Juan nos cuenta quién es aquel que es apóstol. Es una dimensión, podríamos
decir, es una definición ya no externa, por lo que ha vivido, por lo que ha
acompañado exteriormente, sino interna.
Es un testigo
del amor de Cristo, y es aquel que puede transmitir ese amor a otras personas;
apóstol es el que cumple el mandato del Señor Jesús de amar como el mismo
Cristo nos ha amado, y por lo tanto, es aquel que da la vida, como Cristo dio
la suya.
El número de los apóstoles. Porque para ser apóstol, en
el primer sentido, hay que haber convivido con Jesús durante el tiempo de su
ministerio público.
En cambio, también nosotros estamos llamados a ser apóstoles. Porque
Jesucristo, dijo la Carta a los Hebreos, “es el mismo mañana, hoy y
siempre” Carta a los Hebreos 13,8.
Nosotros,
amados por este Cristo, unimos nuestra vida, la ofrenda de nuestra vida, a la
de Jesucristo, para la vida del mundo; y de esa manera, participamos de la
misma misión de los Apóstoles, dando testimonio no por el camino exterior, sino
por el camino interior del amor que salva al mundo.