Con un movimiento de atracción Cristo nos lleva muy cerca de Él, y
con un movimiento fuerte, como éste, con un discurso como éste, parece que
expulsara a toda esa multitud, parece que la alejara; pero con esa explosión de
escándalo, lo que hace Cristo es lavarnos.
Así hace Cristo, este chorro purificador, que es el anuncio de su
Cruz, que es el anuncio de su Eucaristía, que es el anuncio de las renuncias, y
de ese chorro poderoso, si uno se queda, lo lava, lo limpia; si no se queda,
pues lo expulsa.
San Juan
cuando la Eucaristía, dice: “Hay que comer mi Carne y hay
que beber mi Sangre“ San Juan 6,56, y mucha gente dijo: “No,
hasta allá si no le entendemos a este señor”, y se fueron.
Esos fueron expulsados por el chorro purificador del amor de
Jesucristo,fueron expulsados,fueron echados lejos por el amor de Jesucristo;
pero los que se quedaron, como el Apóstol Pedro, los que se quedaron ahí, estos
quedaron purificados.
"¿A dónde vamos a ir si tienes palabras de vida eterna?" San Juan 6,68. Eso es para decir que ser
discípulo de Cristo es estar dispuesto a ser atraído pero también a estar
dispuesto a ser purificado.
Cristo nos quiere acercar, pero cuando nos tenga bien cerquita,
nos quiere purificar; no nos va a dejar como nos encuentra; Cristo nos quiere
como somos, pero para que seamos como Él nos quiere.
Hay que estar dispuestos a los dos movimientos, porque el que se
acerca a Jesús, porque Él atrae mucho, y cuando llega este momento de la
predicación de la Cruz se aleja, no hizo nada.
Nosotros, pues, como discípulos del Señor. Es necesaria la tribulación, y que es la señal propia
de nosotros los cristianos, por la sencilla razón de que la predicación del
Reino de Dios se va estrellar con los reinos de esta tierra.
Esa purificación, aunque tenga su
causa externa en el desorden del mundo, tiene también su lugar en la
Providencia de Dios como método predilecto de Jesucristo para lograr de
nosotros oro puro, para lograr de nosotros hijos de Dios, para lograr de
nosotros adoradores en espíritu y verdad.
En ese movimiento de acercamiento y de purificación, mayor
acercamiento y mayor purificación, vamos encontrando cada vez más las entrañas,
la nuez, la esencia de la revelación que Cristo trae a nuestras vidas.
De acuerdo con los autores espirituales ese proceso no acaba
nunca. Una y otra vez Cristo nos llamará más cerca, y ahí vendrá una nueva
purificación; y luego más cerca, y una nueva purificación, y así sucesivamente,
abrazándonos, uniéndonos cada vez más al centro de su vida.
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