Jesús nos hace una llamada a la
tolerancia, al respeto, a la alegría por el bien .El discípulo, de ayer y de
hoy, ha de saber valorar y trabajar, hombro con hombro, con todo aquel que
busque el bien y luche por un mundo más justo y fraterno. Nadie que esté en
búsqueda de la justicia deberá sentirse sólo y menos en oposición con el
verdadero cristiano. Quien se entrega a favor de los débiles, de los humillados
y abandonados, sea quien sea, en realidad está buscando el Reino de Dios, se de
él cuenta o no, pero Dios lo sabe y debemos unirnos a su tarea.
Jesús quiere que quede bien clara su opción por el Reino,
por una parte está abierto a todos los hombres y mujeres, sean quienes sean,
vengan de donde vengan, pero exige radicalidad. En esto debemos tener mucho
cuidado,
Jesús no propone esto, va mucho más allá: no mutilar, sino
unir
Señor Jesús, que
con tu misericordia, nos das la prueba más delicada de tu amor, apiádate de
nosotros, pecadores, para que seamos capaces de abrir nuestros brazos al que es
diferente y no desfallezcamos en la lucha por construir tu Reino. Amén.
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