lunes, 28 de febrero de 2011

Medida

Cristo, lo que el hombre de hoy y de siempre espera.
¿Tú, Cristo, eres capaz de llenar de alegría mi vida, de gozo mi corazón, de ilusión mi caminar?
Los seres humanos de todos los tiempos se han preguntado una y otra vez por la felicidad, aunque tal vez nunca comprendieran qué es realmente eso de la felicidad. Y se han dedicado siempre a buscarla por todos los conductos y todos los medios. Han elaborado teorías tan variopintas que entre unas y otras se dan profundas contradicciones. Y, siempre al final, se tiene la impresión de que no se acaba de acertar: ni la vida fácil, ni el estudio de la filosofía, ni el dinero, ni la fama, ni el progreso, ni muchas otras cosas son capaces de llenar el corazón infinito del ser humano. Por ello, es que muchos seres humanos al vuelto los ojos hacia la figura de Cristo y le han preguntado si él puede de veras llenar el corazón humano de paz y de gozo.
¿Eres tú, Cristo, lo que el ser humano de hoy y de siempre espera? Todos sabemos por la historia que Jesús era un hombre excepcional, pero eso no basta para llenar el corazón humano. Juan Bautista envió a Cristo una legación para preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? (Mt 11,3). Éste es el interrogante que siempre se plantea el ser humano. Cristo responde afirmativamente a la pregunta de Juan Bautista, explayándose sobre sus propias obras que constituyen la prueba ineludible de los tiempos mesiánicos. Él, por tanto, afirma que es lo que el hombre de antaño, de hoy, y de mañana ha esperado, espera y esperará.
¿Tú, Cristo, puedes llenar siempre el corazón humano, infinito por su propia capacidad? Jesús no sólo fue un hombre perfecto, sino que era por antonomasia Dios Perfecto. En su condición de Dios, Jesús puede garantizarnos a los seres humanos su capacidad infinita en el tiempo y en la eternidad de llenar el corazón humano.
¿Quién en esta vida nos puede asegurar que nos querrá siempre? ¿Qué en esta vida nos podrá certificar que nos agradará siempre? ¿Qué en esta vida nos podrá vender la mentira de que siempre nos llenará de satisfacción? Todo, y todo lo que no sea Dios, es caduco, no podrá nunca asegurarnos un estado de felicidad infinita. Basta ver cómo se derrumban las esperanzas que tantos seres humanos han construido esperándolo todo de ellas. Sólo Cristo permanece.
Finalmente, ¿Tú, Cristo, eres capaz de llenar de alegría mi vida, de gozo mi corazón, de ilusión mi caminar con ese Evangelio en donde sólo los pobres, los mansos, los misericordiosos, los perseguidos van a ser felices? Y Cristo nos asegura que sí, que Él es capaz de llenar nuestras vidas con todo esto que el mundo desprecia y rechaza, porque los bienaventurados del mundo moderno son los poderosos, los dominadores, los ricos, los vengativos, los iracundos, los reconocidos, los que ríen. Es tremendo ver cómo se puede concebir de forma tan distinta la felicidad, pero ya la historia va dando de sobra la razón al Evangelio. Porque del Evangelio han salido los hombres felices, en paz, llenos de ilusión y esperanza. De las teorías del mundo moderno han salido las depresiones, las ansiedades, las angustias, la tristeza.
En conclusión, aceptemos a Cristo con ilusión, como la esperanza que se coloca por encima de cualquier otra esperanza, como la promesa que hace realidad lo más apetecido por el ser humano, como la certeza de un futuro lleno de sentido y de gozo. Cristo, Hijo de Dios, Perfecto Dios y Perfecto Hombre es la medida del corazón humano.

1978

"La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia" . "La novedad , consiste en que Dios se da a conocer en el diálogo que desea tener con nosotros", se ha insistido también, en línea con el Santo Padre, "en la intervención divina en la historia y, por consiguiente, la dimensión divina de la Sagrada Escritura. Tal orientación reviste una importancia capital para la renovación de la vida espiritual del Pueblo de Dios, ya que permite restaurar la unidad de interpretación y, por tanto, restablecer la confianza de los fieles en la Sagrada Escritura". Se ha señalado que la Exhortación "Verbum Domini" confirma "el impulso de la nueva evangelización, invitando a Pastores, fieles y expertos en la Biblia a encontrar de nuevo la Palabra divina en las palabras humanas del texto sagrado".
Como cualquier mamá cristiana, al conocer de mi embarazo a los 11 meses de haber nacido mi primer hijo, hice lo que pude con la ayuda de Dios para prepararle para una nueva etapa en su vida. Día y noche, le cantábamos, a su hermanito/a. El estaba encariñándose antes de conocerlo/a. El embarazo progresó normalmente. Nació una niña. El miró a la pequeñita, le cantábamos, con voz que sale del corazón.
Instantáneamente, ella respondía al estímulo de la voz. Se vivían elementos reafirmantes de una familia. Y el niño seguía: Al adentrarnos en lo divino que es la maternidad y paternidad nos encontramos con nosotros mismos que nos lleva a la conciencia de Nuestro Creador, en principio de sistematización definitiva, cada actividad vivida en comunión con Dios de coloca en realidades abiertas de comunicación…” Al tiempo que se le cantaba a su hermana, la niña se movía y su respiración se volvía tan suave, tan relajada.
“Sigue cantando, le decíamos y él continuaba haciéndolo ; la hermanita empezó a relajarse y dormir con un sueño reparador que parecía, encantarle el canto . “ Son entonces destellos de luz del sol, la única luz del sol, valoremosles…”Confiamos en que Dios sabe que estas exactamente donde debes estar y propicia lo esperado.

Boom

Con el boom de internet en el mundo, el anuncio de la Palabra de Dios, misión, primera de todo cristiano y de toda la Iglesia, ha abierto de manera virtual expectativas de inmediatez, contacto personal, intercambio, momentos privilegiados de la vida de fe de la Iglesia.
Que la información, fluya comunicando experiencias de vitalidad cristiana, inserción, inmersión en la realidad de comunión entre la fe de los pueblos, el paso de Dios
El Papa insiste en que “si se usan con sabiduría”, las nuevas tecnologías “pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano”.

Y se refiere a “un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro”.

Según el Obispo de Roma, “comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio”.

Asimismo, “tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia”.

El estilo cristiano de presencia en el mundo digital implica la tradicional llamada del cristiano a responder a quien pida “razón de su esperanza”.

También exige “estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red”.

“El valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la 'popularidad' o la cantidad de atención que provoca”, advierte.

En este sentido, Benedicto XVI invita a dar a conocer la verdad del Evangelio “en su integridad, más que intentar hacerla aceptable”, ya que “debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento”.

Añade que esa verdad “incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real” y destaca la importancia de “las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe”.

Por último, pide para quienes trabajan en la comunicación, de quienes es patrón san Francisco

domingo, 27 de febrero de 2011

Juan 3,16

Necesitamos tener una comprensión muy clara de quién es Jesús, y que ha hecho El por nosotros, para poder poner en El nuestra fe con confianza .Jesús fue quien nos hizo de puente sbre el abismo que nos separaba de Dios. San Juan nos dice: Porque tanto amó Dios al mundo, que dió a su Hijo unigénito,para que todo él que cree en El no se pierda, sino que tenga vida eterna"
Jesús no sólo era un buen hombre, un gran maestro o un inspirado profeta .El vino a la tierra como el Cristo y el Hijo de Dios. Nació de una Virgen .Llevó una vida sin pecado , Murió. Fue sepultado.Resucitó al tercer día .Ascendió a los cielos, y allí se convirtió en Señor nuestro.
La muerte y Resurrección de Jesús a favor nuestro satisfizo las exigencias de Dios: una provisión completa para eliminar nuestro pecado. Este Jesús,y sólo El,reúne las cualidades para ser el remedio de mi pecado y el suyo.
Nuestra respuesta: arrepentirnos y creer.
El arrepentimiento personal es vital en el proceso de transformación.La palabra "arrepentimiento" significa literalmente "un cambio en la manera de pensar "Consiste en decirle al Padre: Quiero acercarme a tí y apartarme de la vida que he llevado independientemente de tí. Te pido perdón por lo que he sido y lo que he hecho, y quiero estar contigo, que no te separes de mí.

martes, 22 de febrero de 2011

Subida

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El Cántico espiritual, San Juan presenta el camino de purificación del alma, es decir, la progresiva posesión gozosa de Dios, hasta que el alma llega a sentir que ama a Dios con el mismo amor con que es amada por Él. La Llama de amor viva prosigue en esta perspectiva, describiendo más en detalle el estado de unión transformadora con Dios. El ejemplo utilizado por San Juan es siempre el del fuego: como el fuego cuanto más arde y consume el leño, tanto más se hace incandescente hasta convertirse en llama, así el Espíritu Santo, que durante la noche oscura purifica y "limpia" el alma, con el tiempo la ilumina y la calienta como si fuese una llama. La vida del alma es una continua fiesta del Espíritu Santo, que deja entrever la gloria de la unión con Dios en la eternidad.
La Subida al Monte Carmelo presenta el itinerario espiritual desde el punto de vista de la purificación progresiva del alma, necesaria para escalar la cumbre de la perfección cristiana, simbolizada por la cima del Monte Carmelo. Esta purificación es propuesta como un camino que el hombre emprende, colaborando con la acción divina, para liberar el alma de todo apego o afecto contrario a la voluntad de Dios. La purificación, que para llegar a la unión de amor con Dios debe ser total, comienza desde la de la vía de los sentidos y prosigue con la que se obtiene por medio de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, que purifican la intención, la memoria y la voluntad. La “Noche oscura" describe el aspecto “pasivo”, es decir, la intervención de Dios en el proceso de “purificación” del alma. El esfuerzo humano, de hecho, es incapaz por sí solo de llegar hasta las raíces profundas de las inclinaciones y de las malas costumbres de la persona: las puede frenar, pero no desarraigarlas totalmente. Para hacerlo, es necesaria la acción especial de Dios que purifica radicalmente el espíritu y lo dispone a la unión de amor con Él. San Juan define "pasiva" esta purificación, precisamente porque, aun aceptada por el alma, es realizada por la acción misteriosa del Espíritu Santo que, como llama de fuego, consume toda impureza. En este estado, el alma es sometida a todo tipo de pruebas, como si se encontrase en una noche oscura.
Estas indicaciones sobre las obras principales del Santo nos ayudan a acercarnos a los puntos sobresalientes de su vasta y profunda doctrina mística, cuyo objetivo es describir un camino seguro para llegar a la santidad, el estado de perfección al que Dios nos llama a todos nosotros. San Juan de la Cruz, todo lo que existe, creado por Dios, es bueno. A través de las criaturas, podemos llegar al descubrimiento de Aquel que nos ha dejado en ellas su huella. La fe, con todo, es la única fuente dada al hombre para conocer a Dios tal como es Él en sí mismo, como Dios Uno y Trino. Todo lo que Dios quería comunicar al hombre, lo dijo en Jesucristo, su Palabra hecha carne. Él, Jesucristo, es el único y definitivo camino al Padre (Jn 14,6). Cualquier cosa creada no es nada comparada con Dios y nada vale fuera de Él: en consecuencia, para llegar al amor perfecto de Dios, cualquier otro amor debe conformarse en Cristo al amor divino. De aquí deriva la insistencia de san Juan de la Cruz en la necesidad de la purificación y del vaciamiento interior para transformarse en Dios, que es la única meta de la perfección. Esta “purificación” no consiste en la simple falta física de las cosas o de su uso; lo que hace al alma pura y libre, en cambio, es eliminar toda dependencia desordenada de las cosas. Todo debe colocarse en Dios como centro y fin de la vida. El largo y fatigoso proceso de purificación exige el esfuerzo personal, pero el verdadero protagonista es Dios: todo lo que el hombre puede hacer es “disponerse”, estar abierto a la acción divina y no ponerle obstáculos. Viviendo las virtudes teologales, el hombre se eleva y da valor a su propio empeño. El ritmo de crecimiento de la fe, de la esperanza y de la caridad va al mismo paso que la obra de purificación y con la progresiva unión con Dios hasta transformarse en Él. Cuando se llega a esta meta, el alma se sumerge en la misma vida trinitaria, de forma que san Juan afirma que ésta llega a amar a Dios con el mismo amor con que Él la ama, porque la ama en el Espíritu Santo. De ahí que el Doctor Místico sostenga que no existe verdadera unión de amor con Dios si no culmina en la unión trinitaria. En este estado supremo el alma santa lo conoce todo en Dios y ya no debe pasar a través de las criaturas para llegar a Él. El alma se siente ya inundada por el amor divino y se alegra completamente en él.

AGILIDAD

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Agilidad espiritual tiene alas, para volar, y se lanza hacia Dios, por la santa oración, mas también tienen pies, para andar entre los hombres, en santa y amigable conversación. Sus rostros aparecen bellos y alegres, porque todo lo reciben con dulzura y suavidad; sus piernas, sus brazos y sus cabezas están enteramente al descubierto, porque sus pensamientos, sus afectos y sus actos no tienden a otra cosa que a complacer. Lo restante de su cuerpo está vestido, pero con elegante y ligero ropaje, porque es cierto que usan del mundo y de sus cosas, pero de una manera pura y sincera, tomando estrictamente lo que exige su condición.
La devoción es la dulzura de las dulzuras y la reina de las virtudes, porque es la perfección de la caridad. Si la caridad es la leche, la devoción es la nata; si es una planta, la devoción es la flor; si es una piedra preciosa, la devoción es el brillo; si es un bálsamo precioso, la devoción es el aroma, el aroma de suavidad que conforta a los hombres y regocija a los ángeles.
Su miel de las flores no las daña y las deja frescas y enteras, según las encontró; mas la verdadera devoción todavía hace más, porque no sólo no causa perjuicio a vocación ni negocio alguno, sino, antes bien, los adorna y embellece. Las piedras preciosas, introducidas en la miel, se vuelven más relucientes, cada una según su propio color; así también cada uno de nosotros se hace más agradable a Dios en su vocación, cuando la acomoda a la devoción: el gobierno de la familia se hace más amoroso; el amor del marido y de la mujer, más sincero; el servicio del príncipe, más fiel; y todas las ocupaciones, más suaves y amables

lunes, 21 de febrero de 2011

Inesperado

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Cambiar de manera permanente. Recibo tu perdón por mis pecados”.
Son muchos los que experimentan una notable “purificación” de cosas que se habían ido acumulando toda una vida, todas ellas capaces de degradar el alma y el espíritu de una persona. Sintamos o no el perdón de Dios, si nos arrepentimos, podemos tener la seguridad total de que estamos perdonados. Nuestra confianza se basa en lo que Dios nos ha prometido, y no en lo que nosotros sintamos.
Llegamos a una relación personal con el Señor cuando tomamos la mayor decisión de la vida: el punto crítico del que hablamos antes. Esa decisión consiste en creer que Jesús es el Hijo de Dios, el que murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó de entre los muertos, y como consecuencia, recibirlo por Salvador y Señor. Cuando creemos de esta forma, nos convertimos en hijos de Dios. Está prometido expresamente en el evangelio de Juan: “Pero a todos los que lo recibieron cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).Para Juan , no se trata de tanto de que Jesús nos saque del abismo del pecado;lo imortante es que nos permita alcanzar una situación totalmente inesperada y fuera de nuestro alcance: nos concedió ser hijos de Dios.
¿Quisiera recibir a Jesucristo como Salvador? Si quiere hacerlo, puede hacer una oración como ésta:
“Jesús, te necesito. Me arrepiento de la vida que he llevado alejado de ti. Te doy gracias porque moriste por mí en la cruz para cargar con el castigo de mis pecados. Creo que tú eres el Hijo de Dios, y ahora te recibo como Salvador y Señor. Consagro mi vida a seguirte.”

Remedio

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El remedio de Dios: necesitamos tener una comprensión muy clara de quién es Jesús, y qué ha hecho Él por nosotros, para poder poner en Él nuestra fe con toda confianza. Jesús fue quien nos hizo de puente sobre el abismo que nos separaba de Dios. En palabras del apóstol Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Jesús no sólo era un buen hombre, un gran maestro o un inspirado profeta. Él vino a la tierra como el Cristo y el Hijo de Dios. Nació de una mujer virgen. Llevó una vida sin pecado. Murió. Fue sepultado. Resucitó al tercer día. Ascendió a los cielos, y allí se convirtió en Señor nuestro.
La muerte y resurrección de Jesús a favor nuestro satisfizo las exigencias de Dios: una provisión completa para eliminar nuestro pecado. Este Jesús, y sólo Él, reúne las cualidades para ser el remedio de mi pecado y el suyo.
Nuestra respuesta: arrepentirnos y creer.
El arrepentimiento personal es vital en el proceso de transformación. La palabra “arrepentimiento” significa literalmente “un cambio en la manera de pensar”. Consiste en decirle al Padre: “Quiero acercarme a ti y apartarme de la vida que he llevado independientemente de ti. Te pido perdón por lo que he sido y lo que he hecho, y quiero ser.

sábado, 19 de febrero de 2011

Lucas 2, 22-40

El evangelio nos muestra la importancia de nuestras visitas al templo. Fue precisamente en el templo en donde tanto Simeón como Ana tuvieron la gracia de encontrarse con "el Salvador".

Muchos hombres y mujeres han encontrado este mismo prodigio que ha cambiado toda su vida. La participación en la Eucaristía es importante, incluso vital para la vida espiritual. Por ello si tú sientes que no has tenido aún un encuentro personal con Jesús, o quisieras que éste fuera aún mayor y más profundo, como el de Simeón y de Ana, un buen lugar para tenerlo es en el templo. Jesús está siempre esperando en el Santísimo (Sagrario).

Ciertamente que el templo no es el único lugar para encontrarse con Dios, pero es el lugar en donde de manera especial Dios ha querido encontrarse con el hombre, podríamos decir que es el lugar privilegiado para la revelación de Dios al corazón del hombre. Si en tu ir y venir diario pasas cerca de una Iglesia, date tiempo para orar un rato ahí, muchas cosas en tu vida pueden cambiar.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.

viernes, 18 de febrero de 2011

Mateo 5,28

La novedad del Evangelio es sin duda que Jesús sorprende, por la sabiduría de sus palabras por su manera de no traicionar la tradición. Su figura se levanta llena de luz, y capaz de iluminar a quien a ello conscienta, reconocer esa voz. Jesús apela a la fidelidad de la verdadera tradición, pero advierte del riesgo que se corre en confundirla con el tradicionalismo.
Jesús tras haber declarado que no se saltará ni una tilde de la Ley, comienza una serie de contraposiciones muy características de su autoridad: "habéis oído que se dijo... pero Yo os digo". Parece una contradicción, no es otra cosa que la plenitud del mismo mensaje, de toda la revelación de Dios. No se trata de un nuevo código de circulación religiosa lo que Jesús enseña, sino que presenta ejemplos muy plásticos para aquella gente, a fin de mostrar lo que es un discípulo suyo.
Jesús presenta su camino como una actitud de pureza de corazón, de libertad de espíritu, tanto ante el Padre Dios como ante el hermano hombre: no sólo no matar, sino querer bien al otro, con y desde el corazón, porque hay mu¬chas maneras de matar y de odiar, y una de ellas es la de haber dejado de amar. Para el cristiano, no basta con no ma¬tar, hay que dar vida, generarla; no basta con no odiar, hay que amar.
Es la condición previa para poder acercarse a Dios, porque inútilmente nos allegamos al altar santo cargados de ofrendas de oficio y estereotipadas, si nuestro encuentro con el Señor no viene envuelto y acompañado con el encuentro fraterno con los demás

jueves, 17 de febrero de 2011

Fatiga

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En realidad los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del ser humano. El ser humano h experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía?
Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al ser humano su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del ser humano y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra época.

martes, 15 de febrero de 2011

Refulgente

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Nos muestra el Creador una nueva creación, manifestándose a nosotros sus criaturas. Germinando en un seno sin simiente, lo conservó intacto para que al considerar tal maravilla cantemos aclamándola:

¡Salve, flor incomparable!
¡Salve, corona de la pureza virginal!
¡Salve, rostro refulgente de la Resurrección!
¡Salve, espejo de la vida evangélica!
¡Salve, árbol cuyos frutos luminosos nutren a los fieles!
¡Salve, ramaje frondoso que da su nombre a muchos!
¡Salve, Madre del Guía de los perdidos!
¡Salve, Madre del Redentor de los cautivos!
¡Salve, tranquilidad del justo!
¡Salve, reconciliación de los pecadores!
¡Salve, túnica de la gracia para los desnudos!
¡Salve, ternura que supera todo deseo!
¡Salve, Esposa siempre Virgen!

Mirando este racimo asombroso, nos convertimos en extranjeros de este mundo, poniendo nuestro espíritu en los Cielos. Por eso el Altísimo se manifestó en la tierra como un hombre humilde, para atraer hacia las alturas a todos los que Lo aclaman: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Realmente

Los seres humanos de todos los tiempos se han preguntado una y otra vez por la felicidad, aunque tal vez nunca comprendieran qué es realmente eso de la felicidad. Y se han dedicado siempre a buscarla por todos los conductos y todos los medios. Han elaborado teorías tan variopintas que entre unas y otras se dan profundas contradicciones. Y, siempre al final, se tiene la impresión de que no se acaba de acertar: ni la vida fácil, ni el estudio de la filosofía, ni el dinero, ni la fama, ni el progreso, ni muchas otras cosas son capaces de llenar el corazón infinito del ser humano. Por ello, es que muchos seres humanos al vuelto los ojos hacia la figura de Cristo y le han preguntado si él puede de veras llenar el corazón humano de paz y de gozo. Hoy se lo queremos preguntar nosotros.
¿Eres tú, Cristo, lo que el ser humano de hoy y de siempre espera? Todos sabemos por la historia que Jesús era un hombre excepcional, pero eso no basta para llenar el corazón humano. Juan Bautista envió a Cristo una legación para preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? (Mt 11,3). Éste es el interrogante que siempre se plantea el ser humano. Cristo responde afirmativamente a la pregunta de Juan Bautista, explayándose sobre sus propias obras que constituyen la prueba ineludible de los tiempos mesiánicos. Él, por tanto, afirma que es lo que el hombre de antaño, de hoy, y de mañana ha esperado, espera y esperará.
¿Tú, Cristo, puedes llenar siempre el corazón humano, infinito por su propia capacidad? Jesús no sólo fue un hombre perfecto, sino que era por antonomasia Dios Perfecto. En su condición de Dios, Jesús puede garantizarnos a los seres humanos su capacidad infinita en el tiempo y en la eternidad de llenar el corazón humano.
¿Quién en esta vida nos puede asegurar que nos querrá siempre? ¿Qué en esta vida nos podrá certificar que nos agradará siempre? ¿Qué en esta vida nos podrá vender la mentira de que siempre nos llenará de satisfacción? Todo, y todo lo que no sea Dios, es caduco, no podrá nunca asegurarnos un estado de felicidad infinita. Basta ver cómo se derrumban las esperanzas que tantos seres humanos han construido esperándolo todo de ellas. Sólo Cristo permanece.
Finalmente, ¿Tú, Cristo, eres capaz de llenar de alegría mi vida, de gozo mi corazón, de ilusión mi caminar con ese Evangelio en donde sólo los pobres, los mansos, los misericordiosos, los perseguidos van a ser felices? Y Cristo nos asegura que sí, que Él es capaz de llenar nuestras vidas con todo esto que el mundo desprecia y rechaza, porque los bienaventurados del mundo moderno son los poderosos, los dominadores, los ricos, los vengativos, los iracundos, los reconocidos, los que ríen. Es tremendo ver cómo se puede concebir de forma tan distinta la felicidad, pero ya la historia va dando de sobra la razón al Evangelio. Porque del Evangelio han salido los hombres felices, en paz, llenos de ilusión y esperanza. De las teorías del mundo moderno han salido las depresiones, las ansiedades, las angustias, la tristeza.
En conclusión, aceptemos a Cristo con ilusión, como la esperanza que se coloca por encima de cualquier otra esperanza, como la promesa que hace realidad lo más apetecido por el ser humano, como la certeza de un futuro lleno de sentido y de gozo. Cristo, Hijo de Dios, Perfecto Dios y Perfecto Hombre es la medida del corazón humano.

viernes, 11 de febrero de 2011

Surge

Imitar a aquellos que se encuentran en el mar, en peligro, y que echan por la borda los aparejos a causa de la violencia de los vientos y de las olas. Por tanto, también el Señor nuestro de los Evangelios, impulsando a nuestro intelecto que es el capitán del barco, nos dice: Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los Cielos (Mt 6:1). Y dice además: Y cuando recéis, no seáis como los hipócritas; porque ellos gustan de orar en las sinagogas y en los cantones de las calles, de pie para ser vistos por los hombres: por cierto os digo, que ya tienen su pago (Mt 6:5-16).

Pero en este punto debemos prestar atención al médico de las almas y observar como él cura la cólera con la limosna, y con la oración purifica el intelecto, y aún mas, diseca con el ayuno la concupiscencia: de este modo surge el nuevo Adán, quien se renueva a imagen de Aquel que lo ha creado, en el cual no existe - con motivo de la impasibilidad - ni macho ni hembra, y basados en la única fe ni griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni liberto, sino que todo está en Cristo.
Sólo existe un verdadero fracaso: perder la esperanza en Dios. “He puesto mi esperanza en Dios y jamás seré defraudado.
PERO SOLO LOS SANTOS LLEGAN AL FINAL...
La audacia no es aventura ni temeridad. Necesitarás audacia para recorrer el camino de la esperanza. ¿Cuántos estaban al pie de la cruz?
Audacia para confiar al Señor todo lo que deseas y todo lo que piensas. “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, y hasta ahora no han pedido nada...” (Jn 16,24). Audacia para confiarte a El y amarlo como a un padre.
Que el fracaso no te haga perder valor. Si has buscado verdaderamente la voluntad de Dios, ese fracaso ya es un triunfo. Eso era lo que quería El Señor. Mira a Cristo en la cruz.
Distingue la diferencia entre el éxito y el verdadero triunfo. Los efectos del triunfo pueden no ser visibles, pero tu experiencia, tu modestia, tu fe en el Señor se habrá enriquecido. Para una mirada sobrenatural, ahí está el verdadero triunfo.
Sólo existe un verdadero fracaso: perder la esperanza en Dios. “He puesto mi esperanza en Dios y jamás seré defraudado...
El camino de la esperanza es largo y tu no estás hecho para ser el santo de un día. Las tempestades y el viento destiñen los colores. Los santos pueden volverse demonios.La virtud exhala un perfume que no es nada provocativo.
Sé fiel a lo largo del camino. Pedro no entregó a Jesús ni lo denunció, pero no tuvo una palabra para defenderlo. “No conozco a ese hombre” (Mt 26,72). No quería problemas, ni enredarse en ese asunto. A la mitad del camino abandonó a su Señor; se echó atrás.
¡Tiemblas! Piensas en las caídas, en las dificultades, en los malentendidos, en los ataques de todas partes, en la humillación, en la pena de muerte. ¿Ya olvidaste el Evangelio? El Señor ya sufrió todo eso. Persevera en su seguimiento y revivirás.
Cada mañana, cuando despiertes, vuelve a comenzar tu vida con entusiasmo y optimismo. Cualesquiera que sean los obstáculos que encuentres, tú caminas con el Señor en el camino de Emmaús; y llegarás al final. La perseverancia es la que caracteriza a los santos: “El que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22).
Aunque todos los demás abandonen el camino, tú sigue avanzando, continua la marcha. No faltan personas que se dejan arrastrar por cualquier viento. Los militantes lúcidos son raros. Mantén el dominio de tí mismo, no vayas detrás de las multitudes ciegas.Mantén la moral, aunque sientas cansancio o tibieza. Las nubes negras se irán, el cielo se despejará. Basta esperar para que las nubes se disipen.
No te digas “Ya no tengo inspiración”. ¿Crees que la inspiración es la que te hace actuar? La obra del Señor no es poesía. Tú actúas por amor y sabes bien que el amor de Dios jamás desaparece. La confianza en el amor de Dios hizo la felicidad del buen ladrón. Fue la desesperanza la que hizo la desgracia de Judas.
Jesús tocó el fondo del hastío, el último grado del desaliento:
“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? (Mt 27,46). Junto a la cruz permaneció silenciosa su madre. Y el amor de la madre bastó para sostener al hijo hasta su último grito: “Todo está consumado” Cm 19,30).
El hijo de la viuda de Naim había muerto; lo llevaban a enterrar. El cadáver de Lázaro en la tumba ya hedía. El Señor los llamó a la vida. Espera en humilde arrepentimiento. El Señor te dará la vida.

lunes, 7 de febrero de 2011

II Congreso Continental Latinoamericano


VOCACIONES
Cartago, Costa Rica. 31 de Enero al 5 de Febrero de 2011
MENSAJE FINAL
Hermanas y hermanos:
“A todos los llamados por Dios, santos por vocación, gracia y paz de parte de nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rm 1, 7).
Nos apresuramos a compartirles la experiencia de fe y de comunión que, en ambiente de cercanía, de reflexión y de oración, hemos vivido estos días, inspirados en el apóstol Juan: “Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Dios; lo que hemos visto y oído, se los anunciamos, para que también ustedes estén en comunión con nosotros” (1 Jn 1, 1.3).
Quienes hemos venido al II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones hemos llegado casi a la cifra de los quinientos participantes: Tres cardenales que lo presidimos, treinta obispos, más de doscientos presbíteros, más de cien religiosas y religiosos, dos decenas de diáconos y seminaristas, más de veinte consagradas y consagrados seculares, y más de ciento veinte laicos. Proveníamos de todos los países de América Latina y El Caribe. Nos acompañaron las mismas dos instituciones que con la Santa Sede organizaron el Primer Congreso Continental, el CELAM y la CLAR, pero también representantes de la Pontificia Obra para las Vocaciones Sacerdotales y del Departamento de Seminarios de la Congregación para la Educación Católica, de la OSLAM y, en esta ocasión, de la Confederación de Institutos Seculares de América Latina (CISAL), de las Iglesias hermanas de Estados Unidos y Canadá, e invitados de otros países.
Fuimos acogidos fraternalmente por la Conferencia Episcopal de Costa Rica y el Señor Nuncio Apostólico, y con mucha generosidad por el Pastor y los fieles de la Iglesia Particular de Cartago y la de San José. Nos alojaron en sus hogares y con ellos compartimos el doble pan de la Palabra y de la Eucaristía en la catedral, las dos basílicas y las parroquias de la ciudad, y tuvimos una fiesta común en la explanada del Santuario… Así, bajo el manto protector de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, pudimos constatar lo que afirma Aparecida: “La fe, la solidaridad y la alegría características de nuestros pueblos” (26); “El valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular” (43); y que la familia es “el valor más querido por nuestros pueblos” (435).
En este contexto hemos reafirmado con nuestros pastores que “la pastoral vocacional, que es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, comienza en la familia y continúa en la comunidad cristiana…, plenamente integrada en el ámbito de la pastoral ordinaria, es fruto de una sólida pastoral de conjunto, en las familias, la parroquia, las escuelas católicas y las demás instituciones eclesiales” (DA 314).
Inspirados en el lema “Maestro, en tu Palabra echaré las redes” (Lc 5,5) y en el tema Llamados a lanzar las redes para alcanzar vida plena en Cristo, hemos intentado fortalecer la Cultura Vocacional para que los bautizados asuman su llamado de ser discípulos misioneros de Cristo en las circunstancias actuales de América Latina y El Caribe, destacando los principales aspectos de la dinámica vocacional, examinando la conciencia-cultura vocacional de los bautizados, replanteando la vocación bautismal como eje transversal de toda la acción pastoral de la Iglesia, y elaborando pistas concretas y criterios de animación y de itinerarios vocacionales. Les compartiremos este contenido en el Documento Final que oportunamente hará llegar el CELAM.
Esta acontecimiento ha sido un alto en el camino porque nos ha congregado para vislumbrar el horizonte vocacional de la Iglesia latinoamericana y caribeña, después de un largo itinerario que hunde sus raíces en el Primer Congreso Continental que se celebró en Itaicí, Brasil, hace diecisiete años, y que tuvo un impulso misionero en la Conferencia General de Aparecida, por lo que ha sido también parte de la Misión Continental a la que ella nos ha convocado. Gracias a este mismo itinerario eclesial, que orientó los pre-congresos de estos dos años, hemos entrado también en la dinámica bíblica que vive la Iglesia universal a la luz del último Sínodo sobra la Palabra de Dios en su vida y misión y de la Exhortación Apostólica Verbum Domini. Por eso, acogiendo la invitación del Santo Padre a que en los grandes encuentros eclesiales “se subraye más la importancia de la Palabra de Dios, de la escucha y de la lectura creyente y orante de la Biblia” (76), hemos desplegado sus páginas, para oír su Voz que llama, para discernir su Rostro en el Maestro que nos envía, para construir su Casa en la Iglesia donde realizamos nuestra vocación, y para recorrer sus Caminos como misioneros.
Benedicto XVI nos recordó en el espléndido Mensaje que dirigió al Congreso que: “La iglesia, en lo más íntimo de su ser, tiene una dimensión vocacional, implícita ya en su significado etimológico: ‘asamblea convocada’, por Dios. La vida cristiana participa también de esta misma dimensión vocacional que caracteriza a la Iglesia. En el alma de cada cristiano resuena siempre de nuevo aquel ‘sígueme’ de Jesús a los apóstoles, que cambió para siempre sus vidas ( Mt 4,19)”.
En esta dinámica itinerante y a la luz de la palabra del Santo Padre, los invitamos a que, tal como sucedió en la escena vocacional del evangelio que narra el lema del Congreso, renovemos nuestro ardor vocacional y misionero, y en su Palabra, echemos las redes para que se siga repitiendo el milagro de la abundancia de las vocaciones.
Agradecemos al Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Cartago, su acogida fraterna y su generosa colaboración. Que Dios los bendiga y recompense a todos.
Que Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América, siga acompañando “nuestro viaje por el mar de la historia” (Spe Salvi 49).
CONGRESO

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