lunes, 21 de febrero de 2011

Inesperado

Photobucket

Cambiar de manera permanente. Recibo tu perdón por mis pecados”.
Son muchos los que experimentan una notable “purificación” de cosas que se habían ido acumulando toda una vida, todas ellas capaces de degradar el alma y el espíritu de una persona. Sintamos o no el perdón de Dios, si nos arrepentimos, podemos tener la seguridad total de que estamos perdonados. Nuestra confianza se basa en lo que Dios nos ha prometido, y no en lo que nosotros sintamos.
Llegamos a una relación personal con el Señor cuando tomamos la mayor decisión de la vida: el punto crítico del que hablamos antes. Esa decisión consiste en creer que Jesús es el Hijo de Dios, el que murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó de entre los muertos, y como consecuencia, recibirlo por Salvador y Señor. Cuando creemos de esta forma, nos convertimos en hijos de Dios. Está prometido expresamente en el evangelio de Juan: “Pero a todos los que lo recibieron cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).Para Juan , no se trata de tanto de que Jesús nos saque del abismo del pecado;lo imortante es que nos permita alcanzar una situación totalmente inesperada y fuera de nuestro alcance: nos concedió ser hijos de Dios.
¿Quisiera recibir a Jesucristo como Salvador? Si quiere hacerlo, puede hacer una oración como ésta:
“Jesús, te necesito. Me arrepiento de la vida que he llevado alejado de ti. Te doy gracias porque moriste por mí en la cruz para cargar con el castigo de mis pecados. Creo que tú eres el Hijo de Dios, y ahora te recibo como Salvador y Señor. Consagro mi vida a seguirte.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario