martes, 26 de abril de 2011

Testigos

La Iglesia ha insistido continuamente en la importantísima función que tienen los laicos dentro del proyecto salvífico de Dios como ANUNCIADORES Y TESTIGOS de la resurrección de Cristo, como nos lo muestra hoy el evangelio. Jesús se le revela a María Magdalena y la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: "Está vivo, resucitó, yo lo he visto". Es, pues, necesario que cada uno de nosotros, como María Magdalena, tomemos nuestro papel en este anuncio. Ninguna lengua se puede quedar callada: Cristo está vivo. Esto significa que la muerte y el pecado han sido vencidos, que el poder de Dios guía nuestra vida, y que si vivimos y morimos con él, reinaremos con él. ¡Aleluya hermanos: ha resucitado!
Jesús, reconozco que Dios te ha constituido Señor del universo, sin embargo yo, por la fuerza del Espíritu Santo, te acepto como el Señor de mi vida, como el dueño absoluto y quien gobierna mis pensamientos y acciones. A partir de esto, Señor, es que quiero tener una experiencia tal de tu amor y de la intimidad que tengo contigo, que en cuanto los demás escuchen lo que de ti hablo, puedan sentir tu toque en su corazón, que los lleve a preguntarse qué es lo que deben hacer para tenerte, y así pueda yo ser instrumento para la salvación de muchos. Usa mi vida, Señor, para que tu vida sea glorificada. Amén.

domingo, 24 de abril de 2011

Viviente

Sin la verdad el hombre pierde en definitiva el sentido de su vida para dejar el campo libre a los más fuertes. "Redención", en el pleno sentido de la palabra, sólo puede consistir en que la verdad sea reconocible" .

La verdad, según la fórmula lapidaria de Tomás de Aquino, es Dios mismo, ipsa summa et prima veritas. Esta es la razón por la que la verdad en toda su grandeza y pureza jamás aparece plenamente, y "verdad y opinión errónea, verdad y mentira, están continuamente mezcladas en el mundo de manera casi inseparable" . El hombre se acerca a la verdad en la medida en que se conforma a la realidad y a su propia razón, en las cuales, en cierto modo, se refleja la razón creadora de Dios. Pero la verdad en su plenitud, al ser Dios mismo, "llega a ser reconocible si Dios es reconocible. Él se da a conocer en Jesucristo. En Cristo, ha entrado en el mundo y, con ello, ha plantado el criterio de la verdad en medio de la historia" .
El reconocimiento de la verdad coincide con el reconocimiento de Cristo vivo y presente en la historia, es decir, de Cristo resucitado. Pero este reconocimiento nunca es pleno, y desde las primeras apariciones del Señor a los discípulos está supeditado a lo que Benedicto XVI llama "la dialéctica del reconocer y no reconocer" . Dialéctica que corresponde, por lo demás, al modo de aparecer de Cristo. "Jesús llega a través de las puertas cerradas, y de improviso se presenta en medio de ellos. Del mismo modo, desaparece de repente, como al final del encuentro en Emaús" . Precisamente en esta experiencia de indisponibilidad de su presencia consiste la prueba de un acontecimiento real, que no se puede reducir a una invención por parte de los mismos discípulos.

Permanece siempre en todos nosotros esta pregunta al Señor: "¿Por qué no les has demostrado con vigor irrefutable que tú eres el Viviente, el Señor de la vida y de la muerte? ¿Por qué te has manifestado sólo a un pequeño grupo de discípulos, de cuyo testimonio tenemos ahora que fiarnos?" . Pero "es propio del misterio de Dios actuar de manera discreta". El Resucitado quiere llegar a toda la humanidad "solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta", y "no cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de "ver"" .

miércoles, 13 de abril de 2011

Bulimia Nerviosa

La bulimia nerviosa es una enfermedad que se caracteriza por episodios repetidos de ingesta desproporcionada de alimentos y por una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo que lleva al enfermo a adoptar medidas extremas para compensar el aumento de peso. El término bulimia significa ingesta voraz y se añade nerviosa porque esta enfermedad, al igual que la anorexia, implica una serie de alteraciones psíquicas.
La persona bulímica tiene una imagen corporal de sí misma totalmente errónea, (distorsión cognitiva), y una autoestima muy baja que intenta compensar adelgazando y controlando lo que come: no se acepta y busca una solución inmediata a sus conflictos dejando de comer para adelgazar de inmediato. Hambre y ansiedad la llevan a una ingestión desmedida de alimentos lo que genera, a su vez, sentimientos de culpabilidad y descontrol que la conducen al vómito, los laxantes y diuréticos, y a una nueva restricción de alimentos. Así comienza, una y otra vez, este círculo vicioso.
La bulimia se diferencia de la anorexia en que los pacientes de la primera presentan pesos bastante normales, aunque se considera que ambas enfermedades son dos aspectos de un mismo problema (la disorexia), caracterizado, por el temor a aumentar de peso y la necesidad apremiante de tomar y manipular alimentos.
La relación entre ambas enfermedades se observa también en el hecho de que muchas anoréxicas pueden desarrollar bulimia al cabo de un cierto tiempo. Por el contrario, las pacientes bulímicas sólo raras veces desarrollan una anorexia persistente, aunque la bulimia puede estar interrumpida por períodos de ayuno.
Durante los últimos años, la bulimia ha ido aumentando de forma considerable. Los estudios realizados en Europa señalan entre un 1 y un 3% de bulímicos de edades comprendidas entre 15 y 30 años. En Estados Unidos la frecuencia es mayor, entre un 5 y un 10% en estas mismas edades. Estos datos pueden ser más elevados debido a que este trastorno puede pasar inadvertido.
Las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años son las más afectadas; los varones pueden padecer bulimia nerviosa, pero no parece ser tan frecuente como en el caso de las jóvenes. La proporción es un varón por cada nueve o diez mujeres, una ratio parecida a la de la anorexia.
La sintomatología general de la enfermedad consiste en:
• Episodios recurrentes de ingesta voraz (consumo rápido de gran cantidad de alimentos en un período corto de tiempo).
• Sensación de pérdida de control sobre lo que se come (no poder parar de comer ni controlar qué se come).
• Conducta compensatoria para no ganar peso (vómitos, uso de laxantes y de diuréticos, practicar dietas estrictas o ayunos o realizar mucho ejercicio).
• La alternancia de atracones y conductas compensatorias se produce, como promedio, al menos dos veces a la semana y durante tres meses como mínimo.
• Preocupación desmesurada por la figura y el peso.
• Los atracones se realizan a escondidas por vergüenza ante los demás.
Consecuencias de la bulimia nerviosa
La observación de que en la alternancia cíclica de fases de dieta y ayuno disminuye el metabolismo basal, tiene una especial importancia para el comportamiento de la persona bulímica. Cuanto más se cronifica la situación más difícil les resulta a las pacientes perder peso en las fases de dieta; sin embargo, después de los atracones, se constata un rápido aumento de peso. Esto se debe a que, mientras se mantiene la limitación de alimentos, el metabolismo basal se ajusta con rapidez a los niveles calóricos bajos, ("quema menos"), manteniéndose bajo cuando se recuperan los hábitos alimentarios normales.
A causa del abuso de laxantes y diuréticos se pueden producir trastornos electrolíticos y edemas.
Los vómitos autoinducidos pueden provocar ampollas, desgarros y hemorragias en la garganta y el esófago. Los dientes acaban erosionándose y se desgasta su esmalte.
Los vómitos provocan en las manos erosiones llamadas "signos de Russell" que parecen quemaduras.
Al vomitar, los niveles de sodio y potasio disminuyen y se produce, entonces, debilidad muscular, hormigueo y entumecimiento de los dedos de manos y pies, confusión y falta de concentración, latidos cardíacos irregulares, hipotensión y lesiones renales.
Hay otras consecuencias también graves que afectan al carácter y al comportamiento. La paciente se siente culpable y con mucha ansiedad, siente vergüenza y acaba odiándose a sí misma. Las relaciones con la familia empeoran y la paciente está cada vez más irritable y manifiesta mayor agresividad, situación que se hace extensiva a los amigos y a las relaciones en el trabajo.
Causas de la bulimia nerviosa
Factores biológicos
Hay que considerar la influencia genética ya que se han encontrado correlaciones que avalarían una cierta predisposición hereditaria a padecer la enfermedad aunque no está claro qué es lo que se hereda (predisposición a la obesidad, a padecer trastornos emocionales...)
La predisposición genética a la obesidad podría influir en la aparición de la bulimia nerviosa dada la necesidad de estas personas de controlar su dieta. Se ha encontrado una cierta correlación entre el miedo a engordar y el seguir muchas dietas con el riesgo de padecer una bulimia nerviosa.
Las burlas referidas al aspecto y a la gordura tienen un impacto significativo en la autoestima, en la imagen corporal y, por ello, pueden desencadenar la enfermedad en conjunción con los demás factores.
Factores psicológicos
La imagen que dan de fuerza, independencia, ambición y autocontrol contrasta con la que tienen de sí mismas: se sienten vacías, con un estado de ánimo pesimista y depresivo, debido a sus sentimientos internos de inseguridad, vergüenza, culpa e ineficacia. La mala imagen que tienen de sí mismas contrasta con el ideal que desean alcanzar y que aparentan ser.
La paciente bulímica presenta una serie de dificultades psicológicas que tienen que ver con todos o algunos de los siguientes aspectos:
• problemas de autonomía
• déficit de autoestima
• tendencia al perfeccionismo y al autocontrol
• miedo a madurar
• personalidad depresiva y dependiente
• experiencias traumáticas durante la niñez
Fáctores familiares
Existe más probabilidad de desarrollar un trastorno alimentario en una familia en la que uno de sus miembros lo ha padecido con anterioridad. También el hecho de que uno de los padres presente un trastorno emocional aumenta el riesgo de que alguno de los hijos desarrolle una bulimia.
En los casos más severos es necesario el internamiento sobre todo si el entorno familiar es muy conflictivo y cuando existen ideas depresivas o autodestructivas.
La terapia familiar está muy aconsejada y da muy buenos resultados favoreciendo tanto la resolución de los conflictos en las relaciones y la comunicación intra-grupo como las posibilidades de apoyo a la paciente por parte de los miembros del grupo familiar.

Trastorno bipolar

Actualmente, es muy común ver adolescentes que padecen este desorden y de no ser tratado a tiempo puede ser muy peligroso para la salud mental del joven.
Aunque en la adolescencia es normal que se presenten cambios emocionales como pasar de un estado a otro en pocos minutos, en el Trastorno Bipolar los cambios son más extremos y repetitivos de lo común. Sin embargo, no se alarme si usted observa que el adolescente presenta uno o varios de los síntomas, ésta es una enfermedad que aparece en la niñez o adolescencia pero continúa en la adultez, por lo tanto, no es cuestión de la edad, es un problema sicológico crónico que debe ser atendido profesionalmente.

¿Qué es el Trastorno Bipolar?
También se conoce con el nombre de Síndrome o Enfermedad Maníaco Depresiva. Es un desorden continúo en el estado de ánimo o humor, que oscila entre extremadamente altos (euforia, manía) y extremadamente bajos (depresión). La gente con Trastorno Bipolar puede pasar rápidamente de manía a depresión y nuevamente a manía.
Quienes sufren de este Trastorno, fluctúan entre la alegría y la tristeza, de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.
Esta enfermedad puede afectar a cualquiera. Algunos afirman que se debe a un desequilibrio químico de una sustancia del cerebro. Sin embargo, si uno o ambos padres tienen un Desorden Bipolar, hay mayor probabilidad de que los hijos desarrollen el desorden. La historia familiar de abuso de drogas o del alcohol puede también estar asociada con un mayor riesgo para desarrollar el Desorden Bipolar.
Características de los períodos altos (maniáticos)

Cambios de humor severos en comparación a otros jóvenes de la misma edad y ambiente: o sentirse demasiado contento, o reírse mucho, o estar demasiado irritable, enfadado, agitado o agresivo.

Imagen poco realista de la autoestima: por ejemplo, el adolescente que se siente todopoderoso o como un súper héroe con poderes especiales.

Energía desmedida: habilidad de poder estar durante días sin dormir y sin sentirse cansado.

Hablar excesivamente: el adolescente no deja de hablar y lo hace muy rápido, cambia de tema constantemente y no permite que lo interrumpan.

Distracción: la atención del adolescente pasa de una cosa a otra constantemente. Les cuesta concentrarse.

Su comportamiento es arriesgado y repetitivo: puede presentarse abuso del alcohol, drogas y sexo.
Características de los períodos bajos (depresivos)

Irritabilidad, depresión, tristeza persistente, llanto frecuente.

Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.

Disminución en la capacidad para disfrutar de sus actividades preferidas.

Quejas frecuentes de malestares físicos, tales como el dolor de cabeza y de estómago.

Nivel bajo de energía, fatiga, mala concentración y queja constante de sentirse aburrido.

Cambio notable en los patrones de comer o de dormir, tales como comer o dormir en exceso.
Tratamiento para el Síndrome Maníaco Depresivo
Los trastornos del estado de ánimo, entre los que se incluye el síndrome maníaco depresivo, con frecuencia pueden tratarse de manera eficaz. El tratamiento se basa en una evaluación integral del adolescente y de la familia teniendo en cuenta:

La edad, su estado general de salud y sus antecedentes médicos.

La gravedad de los síntomas.

La tolerancia a determinados medicamentos o terapias.

Las expectativas para la evolución del trastorno.

La opinión de los padres o cercanos.
El tratamiento puede incluir: medicamentos que estabilicen los estados de ánimo, antidepresivos, psicoterapia, terapia familiar, consulta en la escuela del adolescente, entre otros.
El rol de los padres es vital en este proceso, gran parte del éxito de éste depende de su apoyo y entorno familiar en que el joven vive.