domingo, 24 de abril de 2011

Viviente

Sin la verdad el hombre pierde en definitiva el sentido de su vida para dejar el campo libre a los más fuertes. "Redención", en el pleno sentido de la palabra, sólo puede consistir en que la verdad sea reconocible" .

La verdad, según la fórmula lapidaria de Tomás de Aquino, es Dios mismo, ipsa summa et prima veritas. Esta es la razón por la que la verdad en toda su grandeza y pureza jamás aparece plenamente, y "verdad y opinión errónea, verdad y mentira, están continuamente mezcladas en el mundo de manera casi inseparable" . El hombre se acerca a la verdad en la medida en que se conforma a la realidad y a su propia razón, en las cuales, en cierto modo, se refleja la razón creadora de Dios. Pero la verdad en su plenitud, al ser Dios mismo, "llega a ser reconocible si Dios es reconocible. Él se da a conocer en Jesucristo. En Cristo, ha entrado en el mundo y, con ello, ha plantado el criterio de la verdad en medio de la historia" .
El reconocimiento de la verdad coincide con el reconocimiento de Cristo vivo y presente en la historia, es decir, de Cristo resucitado. Pero este reconocimiento nunca es pleno, y desde las primeras apariciones del Señor a los discípulos está supeditado a lo que Benedicto XVI llama "la dialéctica del reconocer y no reconocer" . Dialéctica que corresponde, por lo demás, al modo de aparecer de Cristo. "Jesús llega a través de las puertas cerradas, y de improviso se presenta en medio de ellos. Del mismo modo, desaparece de repente, como al final del encuentro en Emaús" . Precisamente en esta experiencia de indisponibilidad de su presencia consiste la prueba de un acontecimiento real, que no se puede reducir a una invención por parte de los mismos discípulos.

Permanece siempre en todos nosotros esta pregunta al Señor: "¿Por qué no les has demostrado con vigor irrefutable que tú eres el Viviente, el Señor de la vida y de la muerte? ¿Por qué te has manifestado sólo a un pequeño grupo de discípulos, de cuyo testimonio tenemos ahora que fiarnos?" . Pero "es propio del misterio de Dios actuar de manera discreta". El Resucitado quiere llegar a toda la humanidad "solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta", y "no cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de "ver"" .

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