La Iglesia ha insistido continuamente en la importantísima función que tienen los laicos dentro del proyecto salvífico de Dios como ANUNCIADORES Y TESTIGOS de la resurrección de Cristo, como nos lo muestra hoy el evangelio. Jesús se le revela a María Magdalena y la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: "Está vivo, resucitó, yo lo he visto". Es, pues, necesario que cada uno de nosotros, como María Magdalena, tomemos nuestro papel en este anuncio. Ninguna lengua se puede quedar callada: Cristo está vivo. Esto significa que la muerte y el pecado han sido vencidos, que el poder de Dios guía nuestra vida, y que si vivimos y morimos con él, reinaremos con él. ¡Aleluya hermanos: ha resucitado!
Jesús, reconozco que Dios te ha constituido Señor del universo, sin embargo yo, por la fuerza del Espíritu Santo, te acepto como el Señor de mi vida, como el dueño absoluto y quien gobierna mis pensamientos y acciones. A partir de esto, Señor, es que quiero tener una experiencia tal de tu amor y de la intimidad que tengo contigo, que en cuanto los demás escuchen lo que de ti hablo, puedan sentir tu toque en su corazón, que los lleve a preguntarse qué es lo que deben hacer para tenerte, y así pueda yo ser instrumento para la salvación de muchos. Usa mi vida, Señor, para que tu vida sea glorificada. Amén.
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