domingo, 24 de julio de 2011

Destaca

En una sociedad que parece privilegiar a toda costa lo que deslumbra, lo que seduce, lo que conquista, lo que triunfa aunque haya que construir ídolos de plesiglass en el arte, en la cultura, en la política, cuya fecha de caducidad está controlada rigurosamente por quien en la sombra tiene el mando a distancia que maneja los hilos del mundo.
Los ancianos, los viejos, los jubilados, los abuelos… no cuentan. Tanto no cuentan que empiezan a molestar cuando su edad o su deterioro físico les hacen sospechosos de un estorbo fatal que se arrincona, se censura o se llega incluso a eliminar. Bajo el eufemismo de una “muerte digna” se pretende excluir a quienes se ha decidido que su vida no debe contar ya, que cuesta demasiado mantenerlos, que no producen nada, que complican los cálculos del egoísmo insolidario. Destaca el aprecio y la defensa por la vida que la Iglesia siempre ha mantenido y mantendrá. La vida en todas sus fases y circunstancias: desde la del no nacido hasta la del anciano o enfermo terminal. La vejez no es un estigma de castigo, sino un momento en donde poder testimoniar el gusto por la vida, esa vida cargada de experiencia. El Beato Juan Pablo II, «A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto por la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del reino de Dios». Recordando o la festividad de San Joaquín y Santa Ana, “abuelos” de Jesús por ser los padres de la Virgen María, la Iglesia mira con inmensa alegría y solicitud a nuestros venerables y queridos abuelos. El Papa Benedicto XVI ha escrito unas líneas en las que nos recuerda la importancia que tienen los abuelos en nuestra vida: «En el pasado, los abuelos desempeñaban un papel importante en la vida y en el crecimiento de la familia. Incluso en edad avanzada, seguían estando presentes entre sus hijos, con sus nietos y, a veces, entre sus bisnietos, dando un testimonio vivo de solicitud, sacrificio y entrega diaria sin reservas. Eran testigos de una historia personal y comunitaria que seguía viviendo en sus recuerdos y en su sabiduría… Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir».
Con inmenso respeto y con mucha alegría hacemos un homenaje a los abuelos, que siguen sosteniendo en tantos sentidos aquello que permite que la familia siga unida, no pierda sus raíces humanas y cristianas, y representan la sabiduría de quien ha relativizado lo que es secundario y trivial, mientras que no renuncian a lo que de suyo es lo único importante cuando del amor, la vida, la fe, la paz, o la fidelidad se trata.
Por tanta entrega generosa y gratuita, sincera y entera, por un amor que no se ha caducado sino mejorado con el paso de los años, por todo ello: gracias. Y que Dios les siga bendiciendo como a San Joaquín y a Santa Ana.

jueves, 21 de julio de 2011

Contigo

Cuando te despiertes por la mañana respira hondo, sonríe y da un aplauso a Dios. Se lo merece. Ríete un poco de todo lo que no funciona a tu alrededor. No merece la pena que te enfades y además con los enfados no se arregla nada. Cambia el entrecejo por la sonrisa.
Conecta con Dios cuando estés en contacto con la naturaleza, cuando estés con los amigos o en familia, cuando estés a solas. Él siempre está a la escucha. No trabajes sólo por Él, aprende a gozar estando con Él.Cuando te encuentres con alguien, ten siempre en la mochila una historia de salvación y de bienaventuranza para contar. Como María, ¿recuerdas?
Mantén una línea de creatividad y de belleza en lo que haces, piensas o compartes. Ya sabes que el ejercicio desentumece los músculos y que la belleza es una de las formas más bonitas de contar a Dios. Crea en torno a ti un espacio ecológico donde se respeten especies tan raras como la reconciliación, la tolerancia, el respeto, la sensibilidad, el cariño.
Dedica tiempos para estar contigo y para descansar. Te lo mereces. No cruces deprisa el camino del corazón y haz fiesta. Abre tus manos para compartir la vida. Siempre queda algo de fragancia en la mano del que ofrece rosas. Pon el adjetivo “samaritano” a tu comunidad cristiana, a tu familia, a tus amigos, a tu corazón. Además de quedar bonito, tiene y comunica el buen olor de Jesús.
Apúntate cada día al Evangelio. Procura dedicar al menos un minuto a leer una frase del Evangelio. Míralo como un hermoso proyecto para la humanidad del siglo XXI. Entra cada día en la presencia de María y en ella contempla un principio de gozo y plenitud, de belleza y esperanza. Sé la expresión viva de la amabilidad de Dios. Regala siempre una sonrisa a quien encuentres en tu camino. No comiences la jornada sin tomar conciencia de que Dios está contigo. Y cuando llegue la noche, abandónate en sus brazos. Lleva siempre en los labios una palabra de esperanza, en tus manos un gesto de paz, en tus pies un alivio para los que están en las orillas.

Ojos dichosos

«Dichosos vosotros por lo que ven vuestros ojos...» (Mt 13,16)
Nuestro Señor dijo: «...muchos profetas y justos desearon ver lo que
vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron» (Mt 13,17.
Por «profetas» hay que entender los grandes espíritus sutiles, pensadores
que están apegados a sus razonamientos y sutilezas de su razón natural y se
envanecen en ello. Estos «ojos» no son dichosos. Por «justos» hay que
entender hombres que se erigen en maestros, con energía y poder para
dominarse a si mismos, ser dueños de sus palabras, de sus obras, de su
lengua y que pueden hacer todo lo que quieren, ayunos, vigilias de oración
etc. Pero lo tienen en mucho, como si fuera algo extraordinario y
desprecian a los demás. Estos tampoco son los ojos dichosos porque no ven
lo que realmente hace feliz.
Todos éstos querían ver y no vieron. Querían ver y se mantenían en
su voluntad propia... La propia voluntad cubre los ojos interiores como una
membrana o una película cubre el ojo exterior y no le deja ver...Mientras
te mantienes en tu propia voluntad, estarás privado del gozo de ver por el
ojo interior. Porque toda auténtica felicidad procede del verdadero
abandono, del desapego de la propia voluntad. Esto nace del fondo de la
humildad.... Cuanto más pequeño y humilde uno es, tanto menos se está
apegado a la voluntad.
Cuando todo está en paz, el alma ve su propia esencia y todas sus
facultades; se reconoce como imagen de Aquel de donde ha salido. Los ojos
que dirigen la mirada hasta este fondo se pueden llamar con propiedad, ojos
dichosos, por lo que ven. Uno descubre entonces la maravilla de las
maravillas, lo que hay de más puro, de más seguro. Esto no se nos puede quitar nunca
...¡Caminemos por este camino para llegar a tener ojos dichosos! ¡Que Dios nos ayude!

martes, 19 de julio de 2011

Magnificencia

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«El que hace la voluntad de mi Padre..., ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos», dice el
Señor(Is.55,8). El mérito, no consiste en hacer mucho o en mucho dar, sino
en recibir, en amar mucho. Se ha dicho, que «es mucho más dulce dar que
recibir»(Hch. 20,35), y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para
sí la dulzura de dar, no sería delicado negarse. Dejémosle tomar y dar todo
lo que quiera, la perfección consiste en hacer su voluntad, y el alma que
se entrega enteramente a él es llamada por Jesús mismo «su madre, su
hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguno me ama, guardará mi
palabra» (es decir, hará mi voluntad) y «mi Padre le amará y vendremos a él
y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23).¡Oh, qué fácil es complacer a Jesús, cautivarle el corazón! No hay
que hacer más que amarle, sin mirarse una a sí misma, sin examinar
demasiado los propios defectos...
Los directores hacen progresar en la perfección, imponiendo un gran número
de actos de virtud, y llevan razón; pero mi director, que es Jesús, no me
enseña a contar mis actos, me enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle
nada, a estar contenta cuando él me ofrece una ocasión de probarle que le
amo; pero esto se hace en la paz, en el abandono, es Jesús quién lo hace
todo, y yo no hago nada.
Confío en ti, Señor, sé que cuando me siento acorralado y sin salida, cuando aparentemente se cierran todas las opciones para salir de mis problemas, tú siempre tienes la posibilidad de hacerme pasar a través de ellos, sin que estos me afecten. Gracias, Dios, por tu magnificencia, poder, imperiosidad y también por tu ternura, cuidado y amor.

Modo

"Oración mental." Debido a la confusión que produce la propagación del yoga, el reiki y el budismo, conviene ver cada caso por separado. Mi terminología la tomo fundamentalmente de Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia.
1. Algunos entienden como "mental" toda oración que se realice sin decir ni pensar palabras. El ideal de oración de estas personas es el puro silencio interior, o sea, la consabida "mente en blanco," a la manera zen. Esta clase de "oración" no es cristiana. El ideal nuestro no es el vacío sino la presencia.
2. Por eso, la verdadera oración mental cristiana está siempre al final de un camino que empieza con la meditación de la Palabra. Nuestra meditación no es como la de los budistas o los seguidores del yoga, que afirman que meditar es desocupar la mente o repetir frases ininteligibles (mantras). Eso no es meditación cristiana. Una vez más: la meditación cristiana siempre parte del hecho y el dato revelado; es un acoger en profundidad la revelación; no escapar al silencio por sólo amor al silencio, pues ello sería amor a la nada y búsqueda de la muerte.
3. En consecuencia, la verdadera oración mental cristiana es no sólo válida sino deseable, en la medida en que supone una simplificación y condensación de la atención y el afecto, en ocasiones con uso de algunas palabras interiores; en otras, casi sólo en un fluir de amor, gratitud, gratuidad y luz.

lunes, 18 de julio de 2011

Profundamente

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En nuestro caminar diario encontramos un sin número de retos que se manifiestan de varias maneras; la salud, cuestiones laborales, las relaciones personales, situaciones legales, pero muchas veces el reto más fuerte es la apertura a crecer en nuestra relación con Dios. El ser humano se pasa toda la vida tratando de encontrar la felicidad perfecta y en su búsqueda se encuentra con muchas cosas que le traen algo de felicidad, pero que no lo llenan en su totalidad. Sin embargo, hay muchos que se conforman con ese poquito de felicidad porque no profundizan más la búsqueda. Es allí donde el que si lo hace, encuentra un verdadero tesoro Dios.
La realidad es que para ser seres integrales necesitamos alimentar no solo nuestro cuerpo, o nuestra mente, también debemos alimentar nuestro espíritu y compartir nuestros dones y talentos con los demás. Solo quien aprende a balancear su vida, aprende a ver los obstáculos de otra manera, teniendo fe de que es Dios quien nos da la fuerza para seguir.
El hombre solo logra ser brillante porque en el momento de ser creado Dios le dio la capacidad para hacer grandes cosas, aquel que no lo reconoce termina perdiéndose… cuantas personas hay por ahí contando todos los logros que han obtenido gracias a “su” propio merito; la realidad es que quien no reconoce que su éxito es gracias a los dones que Dios le dio, tarde o temprano se estrella… es triste pero muchas veces el ser humano necesita tocar fondo y experimentar algo de sufrimiento para re-evaluar su vida y sus prioridades.
Si encuentras alguna dificultad, respira profundamente, eleva tu mirada al cielo, cierra tus ojos, y habla con El. Si es preciso ve a la Iglesia y frente a su altar de rodillas cuéntale lo que te pasa. No es necesario que le digas las razones por las cuales no te has acercado a hablar con El antes porque él ya las conoce. Si eres una persona orante pero hoy sencillamente no tuviste el mejor día, animo! Ora más. El ser humano es limitado, pero Dios no conoce límites y todo lo puede, pídele lo que sea pero hazlo con Fe. Abre tu corazón y deja que sea Dios quien derribe la barrera que has puesto en el… que Dios logre amoldar tu corazón y sanar tus heridas para que cada día seas un verdadero testimonio del amor Dios. No dejes que sentimientos negativos oscurescan tu corazón, deséchalos porque el que más sufre termina siendo tú.
Aprendamos a darle el primer lugar a Dios en tu vida, ese día empezarás a ver la vida de otra manera… puede ser que los obstáculos no se vayan, pero aprenderás a afrontar cualquier situación con fe y esperanza.

San Arcenio, monje, Año 450

Arsenio significa: fuerte, valeroso, valiente. San Arsenio fue uno de los monjes más famosos de la antigüedad. Sus dichos o refranes fueron enormemente estimados.
En medio de una gran crisis espiritual, mientras le pedía a Dios que le iluminara lo que debía hacer para santificarse, oyó una voz que le decía: "Apártese del trato con la gente, y váyase a la soledad". Entonces dispuso irse al desierto a orar y a hacer penitencia con los demás monjes de esa soledad.
El superior, al observar este comportamiento admirable, lo consideró lo suficientemente humilde como para ser recibido como monje y lo aceptó en el monasterio, diciendo a los demás religiosos: "Este será un buen hermano".
San Arsenio se hizo famoso por sus penitencias extraordinarias. Un día llegó un alto empleado del imperio a llevarle un documento en el cual se le comunicaba que un senador riquísimo le dejaba en herencia todas sus grandes riquezas, y que se fuera a reclamarlas. El santo exclamó: "Antes de que él muriera en su cuerpo, yo morí en mis ambiciones y avaricias. No quiero riquezas mundanas que me impidan adquirir las riquezas del cielo". Y renunció a todo esto en favor de los pobres.
Con frecuencia pasaba toda la noche en oración. Los sábados al anochecer empezaba a rezar de rodillas con los brazos en cruz y permanecía así hasta que caía por el suelo desmayado. Desde los 40 años hasta los 95 años estuvo orando, ayunando y haciendo penitencias en el desierto, por la conversión de los pecadores, la extensión de la religión y el perdón de sus propios pecados.
Vivir en la más completa soledad. "Dios sabe que los quiero con toda mi alma y que gozo inmensamente charlando con ellos, pero como penitencia tengo que abstenerme lo más posible de las charlatanerías. El Señor me ha dicho que si quiero santificarme tengo que hacer la mortificación de apartarme del trato con las gentes". En verdad que a cada persona la lleva Dios a la santidad por caminos diversos. A unos los hace santos haciendo que se dediquen totalmente a tratar con los demás para salvarlos, y a otros les ha pedido que con el sacrificio de no tratar tanto con la gente, le ganen también almas para el cielo.
Por muchos siglos han sido enormemente estimados los dichos o frases breves que San Arsenio acostumbraba decir a las gentes. Desde remotas tierras iban viajeros ansiosos de escuchar sus enseñanzas que eran cortas pero sumamente provechosas. Recordemos algunos de sus dichos:
"Muchas veces he tenido que arrepentirme de haber hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber guardado silencio". "Siempre he sentido temor a presentarme al juicio de Dios, porque soy un pecador. Arsenio era muy conocido por su presencia venerable.su hermosa figura descolllaba majestuosamente. Las gentes lo veneraban inmensamente y sus consejos han sido apreciados por siglos. Que San Arsenio ruegue por nosotros y nos consiga una santidad como la suya