
«El que hace la voluntad de mi Padre..., ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos», dice el
Señor(Is.55,8). El mérito, no consiste en hacer mucho o en mucho dar, sino
en recibir, en amar mucho. Se ha dicho, que «es mucho más dulce dar que
recibir»(Hch. 20,35), y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para
sí la dulzura de dar, no sería delicado negarse. Dejémosle tomar y dar todo
lo que quiera, la perfección consiste en hacer su voluntad, y el alma que
se entrega enteramente a él es llamada por Jesús mismo «su madre, su
hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguno me ama, guardará mi
palabra» (es decir, hará mi voluntad) y «mi Padre le amará y vendremos a él
y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23).¡Oh, qué fácil es complacer a Jesús, cautivarle el corazón! No hay
que hacer más que amarle, sin mirarse una a sí misma, sin examinar
demasiado los propios defectos...
Los directores hacen progresar en la perfección, imponiendo un gran número
de actos de virtud, y llevan razón; pero mi director, que es Jesús, no me
enseña a contar mis actos, me enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle
nada, a estar contenta cuando él me ofrece una ocasión de probarle que le
amo; pero esto se hace en la paz, en el abandono, es Jesús quién lo hace
todo, y yo no hago nada.
Confío en ti, Señor, sé que cuando me siento acorralado y sin salida, cuando aparentemente se cierran todas las opciones para salir de mis problemas, tú siempre tienes la posibilidad de hacerme pasar a través de ellos, sin que estos me afecten. Gracias, Dios, por tu magnificencia, poder, imperiosidad y también por tu ternura, cuidado y amor.
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