"Convertíos a mí de todo corazón". El llamamiento a la conversión aflora .El Señor olvida y perdona los pecados de quienes se convierten; y se invita al pueblo cristiano a orar par que cada uno emprenda "un camino de verdadera conversión".
El profeta Joel exhorta a volver al Padre "de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas" (Jl 2, 12-13). La promesa de Dios es clara: si el pueblo escucha la invitación a convertirse, Dios mostrará su misericordia y colmará a sus amigos de innumerables favores. Con el salmo responsorial la asamblea litúrgica hace suyas las invocaciones del Salmo 50, pidiendo al Señor que cree en nosotros "un corazón puro", que nos renueve por dentro "con espíritu firme".Jesús, poniéndonos en guardia reafirma la necesidad de alimentar la rectitud del corazón. Al mismo tiempo, muestra el medio para crecer en esta pureza de intención: cultivar la intimidad con el Padre celestial.
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