"Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de
los impíos" Jeremías 20,13. Hay la
experiencia de ser oprimido, pero también hay la experiencia de la liberación.
Lo
mismo sucede en la Carta a los Romanos: hay la experiencia de la culpa, del
pecado, de la muerte, pero hay la experiencia de la gracia. Y estas palabras de
San Pablo son de muchísimo consuelo para nosotros: "No hay proporción
entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.
A
nosotros nos parece que el pecado, que la maldad, a veces rebasa todo límite.
"¿Cómo es posible que esto pase en mi país? ¿Cómo es posible que esto pase
en mi familia? ¿Cómo es posible que esto pase en la humanidad? ¿Cómo es
posible?"
Nosotros
vemos inmensa la culpa, pero San Pablo nos dice que hay algo todavía más grande
que esa montaña que a nosotros nos parece gigantesca: "No hay proporción
entre la culpa y el don. Si por la culpa de uno murieron todos, mucho más,
gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios
desbordaron sobre todos" Carta a los Romanos 5,15.
De
manera que ser cristiano, no es tapar los ojos frente a la realidad del mal.
Hay mal en nuestras vidas. Somos incoherentes, todos. Somos pecadores, todos.
Hay problemas en todas las familias, en todas las culturas, en todos los
países.
Hay
culpa, hay pecado, nos desanimamos, sentimos lo de Jeremías: "¡Pavor en
torno!" Jeremías 20,10. "¿A dónde voy a
mirar?" Mas, "no hay proporción entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.
Luego,
existe algo más grande que todo ese tamaño de culpa, de problema. ¡Hay algo
maravilloso! Y eso maravilloso es el don, es el regalo, es la gracia de Dios.
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