lunes, 19 de abril de 2010
Esperanza
San Agustín describe , de modo muy preciso y siempre válido, la situación esencial del ser humano, la situación de la que provienen todas sus contradicciones y sus esperanzas. Deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte; pero, al mismo tiempo, no conocemos eso hacia lo que nos sentimos impulsados. No podemos dejar de tender a ello y, sin embargo, sabemos que todo lo que podemos experimentar o realizar no es lo que deseamos. Esta realidad desconocida es la verdadera esperanza que nos empuja , que todos los intentos de representarla han impulsado a muchos a vivir basándose en la Fe y, al mismo tiempo, su desconocimiento es la causa de todas las desesperaciones, así como también de todos los impulsos positivos o destructivos hacia el mundo auténtico y el auténtico SER HUMANO. La expresión vida eterna trata de dar un nombre a esta desconocida realidad . Lo eterno suscita en nosotros la idea de lo interminable, vida nos hace pensar en la vida que conocemos, que amamos y que no queremos perder, pero que a la vez es con frecuencia más fatiga que satisfacción, de modo que, mientras por un lado la deseamos, por otro no la queremos. Podemos solamente tratar de salir con nuestro pensamiento de la temporalidad a la que estamos sujetos y augurar de algún modo que la eternidad no sea un continuo sucederse de días del calendario, sino como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo el antes y el después ya no existe.
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