domingo, 15 de agosto de 2010

SAN LORENZO

Photobucket

Vuestra fe, hermanos, reconoce a ese grano caído en tierra, ese grano
que la muerte ha multiplicado. Vuestra fe le reconoce porque habita en
vuestros corazones. Ningún cristiano duda en creer lo que Cristo ha dicho
de sí mismo. Pero una vez que este grano ha muerto y se ha multiplicado,
muchos granos han caído en tierra. San Lorenzo es uno de ellos, y nosotros
celebramos hoy el día en que fue sembrado. Vemos qué inmensa cosecha ha
nacido de todos esos granos esparcidos por toda la tierra; y este
espectáculo nos llena de gozo si, no obstante y por la gracia de Dios,
pertenecemos a su granero. Porque todo no todo lo que
forma parte de la cosecha entra en el granero: es la misma lluvia, útil y
fecunda, la que hace crecer tanto el grano como la paja, y nadie entroja a
los dos en el mismo granero. Para nosotros ahora es el tiempo de escoger...
Escuchadme pues, granos sagrados, porque no dudo que muchos de vosotros lo
sois... Escuchadme, o mejor aún, escuchad en mí a aquel que, se nombró
primero a sí mismo, buen grano. No améis vuestra vida en este mundo. Si
verdaderamente os amáis, no améis así vuestra vida y entonces la
salvaréis... «El que ama su propia vida en este mundo la perderá». Es el
buen grano quien lo dice, el grano que fue echado en tierra y que murió
para dar mucho fruto. Escuchadle, porque lo que ha dicho lo ha hecho. Él
nos instruye y, con su ejemplo, nos enseña el camino.
Cristo no estuvo agarrado a la vida de este mundo; vino a este mundo para
despojarse de sí mismo, para dar su vida y retomarla cuando quisiera... Es
verdadero Dios y verdadero hombre, hombre sin pecado para quitar el pecado
del mundo, revestido de un poder tan grande que pudo decir con toda verdad:
«Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo
la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para
recuperarla» (Jn 10,18).

No hay comentarios:

Publicar un comentario