martes, 14 de septiembre de 2010

Rom 15,13


Una de las características de grandes sectores de hombres y mujeres de hoy es la apertura hacia el futuro: experimentamos una capacidad cada vez mayor de asumir el horizonte de la historia con grandes cantidades de información sobre el presente, con una visión crítica del pasado y con proyectos y planes de largo plazo que muestran la decisión de afrontar el porvenir de manera transformadora y constructiva. Se busca progresar, avanzar hacia nuevos desarrollos en todos los campos.
Hay quienes cuestionan la posibilidad de una real esperanza en las circunstancias actuales, marcadas por nuevos conflictos, la iniquidad social, los retos ambientales y estructuras deshumanizadas que han surgido en las últimas décadas.
En medio de esta tensión sobre el futuro y el progreso se ubica la gran pregunta por la estabilidad de un mundo que sea capaz de asumir y aliviar el sufrimiento de los excluidos, de las víctimas, de los empobrecidos.
Caminar en la esperanza es afrontar la historia y la memoria de quienes sufren, para construir de manera solidaria estructuras y sistemas más humanos y fraternos. Caminar en la esperanza es una nueva visión de la responsabilidad y del desarrollo. Al mismo tiempo es profundizar en el compromiso ético con la sociedad, en la voluntad permanente de asumir la libertad, la racionalidad y las potencialidades de cada ser humano para emprender la construcción de un mundo que asegure la dignidad de cada persona.
A este caminar le da sentido el "Dios de la esperanza" (Rom 15,13). En el encuentro con Dios se hacen nuevas todas las cosas y se abre un vasto horizonte a la construcción de la paz.
El aporte de comunidades que viven el encuentro con Jesucristo vivo ha dejado grandes aportes y lecciones en medio de las circunstancias humanitarias más complejas. Esto reúne esas lecciones de compromiso, esperanza y responsabilidad en la construcción de un país y una humanidad en paz.

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