miércoles, 3 de noviembre de 2010

Potencial


En los cinco continentes, existen hombres, mujeres y niños condenados a vivir en la miseria; personas que se ven obligadas a luchar sin cesar por la supervivencia de sus familias y comunidades, privadas de la posibilidad de realizar su potencial individual, y vistas como incapaces de ser útiles a la sociedad, personas profundamente marcadas por la humillación de ser consideradas culpables de unas condiciones de exclusión intolerables.

La miseria sólo puede ser erradicada si logramos encontrar y trabajar con los que han sido más dañados por la pobreza. Ambición compartida unida a la creencia sincera de que los seres humanos son portadores de valentía, se sitúa en el corazón del compromiso y se empuja a buscar, apoyar y aprender de otros individuos o grupos que compartiendo los mismos ideales se encuentran aislados o solos.

A través de la presencia en las comunidades y lugares donde los miembros más marginados de nuestras sociedades se ven obligados a buscar refugio, se permanece y se logra tejer relaciones duraderas que se basan en la confianza mutua, el respeto, creación de lazos personales permanentes, verdadero apoyo desde el desarrollo integral humano y espiritual. Estas relaciones son una fuente de transformación mutua que impulsa reflexiones nuevas y proyectos en común. La identidad de asistencia permanente se construye sobre esta voluntad de reconocer, comprender y dejarse transformar por la vida de millones de seres humanos que no tienen otra elección más que la de tratar de resistir a las peores consecuencias de la pobreza.

Ser testigos de la valentía y las esperanzas de aquellos que sufren formas extremas de discriminación, empuja a permanecer y a favorecer el encuentro entre los más pobres, las instituciones y otros ciudadanos; les inspira a la creación de innovadores proyectos y colaboraciones para hacer avanzar la lucha contra la miseria; así como al convencimiento de que los mayores desafíos a los que se enfrenta el mundo de hoy tales como la construcción de la paz, el desarrollo sostenible o la defensa de los Derechos Humanos no pueden ser abordados sin un cambio radical en la relación entre la sociedad y sus miembros más empobrecidos, un cambio fundado en el reconocimiento de sus experiencias y conocimiento y lo indispensable de su contribución.

Es necesario formar una comunidad de personas que se congreguen en una gran diversidad de culturas, países de origen, medios sociales, experiencias de vida y creencias. Todos eliger ofrecer su entusiasmo, sus talentos y saber hacer desde la profunda convicción de que la unión de tales capacidades puede contribuir a un mundo más justo; un mundo en el que la dignidad de cada individuo es reconocida y defendida, y en el que el coste del progreso no recaerá sobre los más vulnerables.

Esta diversidad de experiencias de vida, puntos de vista y sensibilidades es una incalculable fuente de creatividad e imaginación, que constituye también un desafío que garantiza la atención a la calidad de las relaciones humanas. Reconocer el valor de esta diversidad ayuda a permanecer en construir su visión del mundo no sólo a partir de la comprensión de la coyuntura internacional si no también a partir de la compresión del ser humano.

Una permanencia es una oportunidad de inventar con otros un estilo de vida que desafía las desigualdades, las ideas tradicionales de organización jerárquica y una sociedad basada en el consumo excesivo.

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