domingo, 26 de junio de 2011

Adoración

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En los Evangelios se describeden diversos pasajes en los que Jesús es adorado, de lo cual se desprende una profesión de fe en su divinidad. Si Jesús es adorado, es señal inequívoca de que es confesado como verdadero Dios. No en vano, en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel había sido educado para adorar solamente a Yahvé: «No adorarás a otro dios» (Ex 23, 24), «No adorarás a dioses extranjeros» (Ex 34, 14), «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto» (Mt 4, 10). Quiero exponer a continuación algunos pasajes del Nuevo Testamento, en los que Jesús es adorado:+ Nacimiento de Jesús: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo (proskyneo)» (Mt 2, 2); «Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo los cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2, 11).
+ Curación del ciego de nacimiento: «Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?”. El contestó: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Lo estás viendo: el que está hablando, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y le adoró (proskyneo) (y se postró ante él)» (Jn 9, 35-38). + Jesús camina sobre las aguas: «Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?”. En cuanto subió a la barca le adoraron (proskyneo) (se postraron ante él) diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”» (Mt 14, 31-33).
+ Aparición de Jesús resucitado: «De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y le adoraron (proskyneo) (se postraron ante él)» (Mt 28, 9). + Ascensión al Cielo: «Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado al cielo. Ellos le adoraron (proskyneo) y se volvieron a Jerusalén con gran alegría» (Lc 24, 50-52).
+ Misión de los discípulos: «Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos le adoraron (proskyneo) (se postraron ante él), pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”» (Mt 28, 16-20).
+ Adoración expresada en las cartas paulinas: «Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo; y toda lengua proclame que Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 10-11).+ La adoración a Jesús contrasta en el Nuevo Testamento, con el rechazo de la adoración a los apóstoles, a los emperadores romanos, e incluso a los ángeles. Obviamente, esto da una autoridad, mayor si cabe, a los pasajes evangélicos que hemos aducido, en los que Jesús es adorado. Veamos algunos textos:
a) Rechazo de la adoración a los apóstoles: «Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó diciéndole: “Levántate, que soy un hombre como tú”» (Hch 10, 25-26).
b) Rechazo de la adoración a los emperadores romanos (figurados por la bestia del Apocalipsis): «El que adore a la bestia y a su imagen y reciba su marca en la frente o en la mano, ése beberá del vino del furor de Dios, escanciado sin mezcla en la copa de su ira, y será atormentado con fuego y azufre en presencia de los santos ángeles y del Cordero» (Ap 14, 9-10).
c) Rechazo de la adoración a los mismos ángeles: «Caí a los pies (del ángel) para adorarlo, pero él me dijo: “No lo hagas, yo soy como tú y como tus hermanos que mantienen el testimonio de Jesús; a Dios has de adorar”. El testimonio de Jesús es el testimonio del profeta» (Ap 19, 10).
Tras examinar estos textos, en los que la postración ante Jesucristo es plenamente equiparable a la adoración a Yahvé, podemos y debemos hacer una aplicación a nuestros días y a nuestra situación eclesial. Actualmente, se han difundido en los ambientes secularizados diversas presentaciones del rostro de Jesús, en las que su divinidad brilla por su ausencia. La tendencia arriana ha sido constante a lo largo de la historia de la Iglesia, pero actualmente alcanza una fuerza especial. Más que negar expresamente la divinidad de Jesucristo, la estrategia parece consistir en no afirmarla explícitamente; en diluir el misterio de su Encarnación en la teoría del pluralismo religioso; en considerarle uno más entre los profetas…
Adoradores en espíritu y verdad
El texto bíblico cumbre sobre la adoración es sin duda el que el Evangelio de San Juan nos ofrece con motivo del diálogo con la Samaritana. Los versículos fundamentales de este pasaje (Jn 4, 19-26), extraigamos de él algunas enseñanzas, que puedan servirnos de ayuda en nuestra vocación adoradora.
v. 19 «La mujer le dice: “Señor, veo que eres un profeta”»: La Samaritana abre su corazón a Jesús, al comprobar que es un profeta. Este hombre ha tenido la capacidad de conocer su vida por dentro, y eso es señal de que es un hombre de Dios. Pues bien, ante los hombres de Dios, se suele abrir el corazón, planteando las dudas y cuestiones determinantes de la existencia.
v. 20 «Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén»: La Samaritana le propone al “profeta” la vieja controversia entre samaritanos y judíos acerca del verdadero lugar de adoración a Dios. Desde la fuente de Jacob se contempla el monte Garizim, por lo que la pregunta estaba servida: ¿Era en Garizim o en Jerusalén donde se había de dar culto a Dios?
v. 21 «Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”»: Jesús responde a la Samaritana con unas palabras de revelación que remiten al futuro: “Se acerca la hora” en que ambos santuarios perderán su significado. Este giro de San Juan (“se acerca la hora”), lo podemos encontrar también en otros pasajes de su Evangelio (Jn 5, 25.28).
Llegado ese momento, también los samaritanos adorarán al Padre. He aquí una velada promesa de que todos judíos, samaritanos, paganos están llamados al conocimiento y a la adoración del Dios verdadero. En la cumbre de la revelación, no será la pertenencia a un pueblo determinado el factor que distinga a los verdaderos adoradores de los falsos, sino la disposición personal a acoger la luz de la revelación que se dirige a todos los pueblos.
v. 22 «Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos»: Ahora bien, Jesús hace constar que la salvación ha tenido un camino histórico establecido por Dios, a través del pueblo judío. El culto de los samaritanos tuvo su origen en ambiciones y enfrentamientos políticos. Por ello, el Mesías esperado viene de los judíos.
El papel de Israel ha sido importantísimo en la Historia de la Salvación, pero ha llegado ya a su final (v. 17 «Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo»). Llegado ahora Cristo, los samaritanos y todos los demás pueblos estarán en igualdad de condiciones para acoger la plenitud de la revelación.
v. 23 «Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le adoren así»: Con una concisión y densidad insuperables, Jesús formula la siguiente expresión: “Los verdaderos adoradores del Padre, le adorarán en espíritu y en verdad”. Algunos han interpretado esta doble adoración de forma equivocada o insuficiente:
+ Por la “adoración en espíritu” se entendería la actitud moral interior, en contraste con el mero culto exterior ritualista del Antiguo Testamento que era reprochado por los profetas.
+ Y la “adoración en verdad” se interpretaría en referencia a la novedad de Cristo, en contraste con las “sombras” del Antiguo Testamento. Por ejemplo, los sacrificios de animales eran sombra del sacrificio de Cristo, la circuncisión era sombra del bautismo (cfr. Col 2, 11-12), etc.
En el caso presente Jesucristo no estaba contraponiendo el culto meramente ritualista al culto espiritual, sino que va mucho más allá: “espíritu” y “verdad” se refieren al “Espíritu Santo” y al “Verbo”. Es decir, los auténticos adoradores adorarán al Padre, en el Espíritu Santo y en Jesucristo. La segunda y la tercera persona de la Santísima Trinidad, nos introducen en su escuela de adoración… Adoramos por Ellos, con Ellos y en Ellos.
En el diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn 3, 3-8), queda claro que el hombre necesita nacer de nuevo, nacer del Espíritu (Jn 3, 3-8) para acoger el don de Dios. El hombre terreno no tiene por sí mismo acceso a Dios, sino que esa intimidad con Dios le es regalada gratuitamente. Dios capacita al hombre para poder relacionarse con Él. El encuentro del hombre con Dios es un regalo de este último, que le eleva gratuitamente a la condición de “hijo”. Somos “hijos” en el Hijo, por el Espíritu Santo. La adoración en “espíritu” tiene lugar en el único templo agradable al Padre, el Cuerpo de Cristo resucitado (Jn 2, 19-22).
v. 24 «Dios es espíritu, y los que le adoran deben hacerlo en espíritu y verdad»: Jesús da como razón profunda de esta adoración, precisamente el ser o la naturaleza de Dios: “Dios es espíritu”, lo cual trae a la memoria que Dios es inaccesible para los que somos seres carnales y materiales. Para encontrarse con Dios se requiere una elevación del hombre, a la condición de “hombre espiritual”. Por ello, lo decisivo no es el lugar donde se realice la adoración externa (en Jerusalén o en Garizim), sino nuestro acceso a la divinización, en Cristo, por el Espíritu Santo.
El Evangelio de San Juan se centra en la clave de la Revelación misericordiosa de Dios a todas las naciones, manifestada en el mediador entre Dios y los hombres el Salvador del mundo que es Jesucristo.
v. 25 «La mujer le dice: “Sé que ha de venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo”»: La Samaritana no entiende las palabras de Cristo, y mira al futuro esperando al Mesías, que lo anunciará todo. Jesús le quiere hacer entender que el futuro ha llegado: ¡es el presente!
v. 26 «Jesús le dice: “Soy yo, el que habla contigo”»: Jesús se da a conocer a la mujer como el Mesías esperado, mediante la fórmula de revelación “Ego Eimí”. Resuena aquí, de forma evidente, la expresión joánea que refiere a Cristo el “Yo Soy” (Yahvé) del Antiguo Testamento.
Se alcanza aquí el punto culminante del diálogo entre Jesús y la Samaritana: Él es el dador del agua viva, así como el “lugar” del nuevo culto a Dios. Los samaritanos, imagen de cada uno de nosotros, llegan por fin a la fe en Jesucristo, el Salvador del mundo.
La conclusión de este pasaje evangélico de San Juan, auténtica cumbre de la pedagogía con la que la Sagrada Escritura nos introduce en la escuela de la adoración, es la siguiente: La adoración no es otra cosa que la expresión de la espiritualidad bautismal; la consecuencia lógica de haber sido introducidos en el seno de la Trinidad. Somos hijos en el Hijo, y en Él, por el Espíritu Santo, somos adoradores del Padre.
Ésta es en la vida presente y será por toda la eternidad nuestra vocación: ser adoradores del Padre, en el Hijo, por el Espíritu Santo. Llegados a este punto, ¿cómo no traer a colación aquellas palabras de San, Ignacio de Loyola: «El hombre ha sido creado para dar Gloria a Dios». San Pablo lo refleja en un bello himno de la Carta a los Efesios: «Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya» (Ef 1, 3-6).

domingo, 12 de junio de 2011

Núcleo

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días. Esto significa que debemos vivir este mes demostrandole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación,recordar su gran amor imitarlo y actuar como El.
La dedicación, desarrollo, crecimiento y esfuerzo gana la confianza y nos hace dignos.

Lo que requiere tiempo , trato e intimidad. No empieza a crecer nada y consolidarse hasta qu abramos nuestro corazón y nuestro mundo interior. La naturaleza humana necesita compartir las angustias, inquietudes, anhelos ,sueños, y sus alegrías con otro corazón.Es virtud que nos lleva a tener una relación de afecto sólido, profunda ,recíproca sanadora somos seres incompletos por ello necesitamos desarrollar la disponibilidad el desinterés, la prudencia , la discreción y la lealtad.Llevando a un enriquecimiento en todas las potencialidades.La persona humana es el único ser creado que puede dar todo de sí,ser noble,virtuoso con otro ser humano.

domingo, 5 de junio de 2011

Virtud

La verdad es la luz de la inteligencia humana. Para el creyente la fuente suprema de esa luz es Dios que en ningún caso contradice la más pequeña partícula de cualquier verdad. Por eso no hay oposición entre la verdad racional y la fe cristiana, de ahí que ciencia y religión no se enfrentan, como nos quiere hacer ver los laicistas, sino que se comprenden mutuamente y cooperan en la búsqueda del bien del ser humano y de la sociedad.
La veracidad en sentido amplio es el amor a la verdad. Es la virtud que inclina a decir siempre la verdad y manifestarse al exterior tal y como se es interiormente. Requiere la sencillez de corazón y la fidelidad para cumplir lo prometido. La verdad hay que decirla con nobleza y caridad. Igualmente, demanda la prudencia para decir las cosas en el momento oportuno y a quien corresponde, para que seamos comprendidos correctamente. También, porque la otra persona puede no estar en disposición, por diversas circunstancias, a la aceptación de la verdad.
Por amor al otro hay momentos que es mejor guardar silencio y esperar la maduración de los acontecimientos. No se debe concluir que sea lícito mentir. Nunca mezclar lo falso con lo verdadero para encubrir el engaño con apariencia de verdad que tiene diversos rostros: simulación, hipocresía, falsa humildad, adulación, charlatanería, demagogia. Toda mentira destruye a la persona y a la comunidad, porque como dice la Escritura: “guárdate de mentir, y de añadir mentiras a mentiras, que eso no acaba bien” (Eclo 20,27). En cambio, la verdad da a la persona firmeza y solidez y emprende de modo casi natural el sendero de la paz. Hemos de ser veraces con Dios, con nosotros mismos y con los demás. El camino de la veracidad exige sacrificios, renunciar y constancia.
Suscitar buenos y honrados ciudadanos demanda educar en la verdad. Ello comienza con unos planes de estudios y enseñanzas que alcance a todos los sectores, que huyendo del cualquier sectarismo, contemple la verdad del hombre en su totalidad. Se continua con el testimonio trasparente de los representantes de las instituciones. Teniendo presente, que cuando priman más los intereses partidistas que el bien común de la sociedad, entonces la cultura de la mentira lo domina todo, corrompiendo a la clase política y dañando la convivencia pacífica de un país. Esta regeneración en la verdad ha de darse también en el seno familiar, social y cultural.
Padres coherentes son aquellos que saben trasmitir a sus hijos con tacto y bondad que los seres humanos nos realizamos no buscando “el sol que más calienta”, sino amando la verdad y compartiéndola con los otros. Políticos fidedignos son aquellos que han hecho de la “cosa pública” no el “arte de lo posible”, sino el servicio en la búsqueda del bien de sus conciudadanos y de un mañana mejor para todos, sin acepción de personas. Mostrándose siempre veraz y cercano como servidores públicos que son. Cuando esto se olvida, es fácil que con artificios engañosos surjan “respuestas mesiánicas” que engatusa a la multitud con el deseo de ejercer la autoridad, que el final resultaría más cruel que la de cualquier tirano. Por eso mismo, hoy a todos los niveles tiene máxima actualidad las palabras de Jesús: “la verdad os hará libres” (Jn 8,32)

viernes, 3 de junio de 2011

Triunfante

San Ignacio de Antioquía, obispo, uno de los primeros mártires, mientras era conducido al circo romano para ser devorado por las fieras, escribía a las comunidades cristianas: "Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios" .

San Francisco de Asís, que tiene una visión y una experiencia mística de la cruz en la que recibe las cinco llagas dirá: "Me sé de memoria a Jesucristo crucificado". Este conocimiento se aprende mirando al crucifijo, como hacía también Santo Tomás de Aquino. Es un conocimiento comprensivo y entrañable. Es un conocimiento fruto del amor, pues "el amor produce el conocimiento y lleva al conocimiento" (Platón).

La Beata Teresa de Calcuta dice: "Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él".En la cruz está la vida y el consuelo

La contemplación de Cristo nos permite ver cómo su muerte es fuente de vida. Es normal que el dolor asuste -así le pasó a Jesús en el huerto de los olivos- pero cuando se acepta y se integra como paso necesario para una vida resucitada es fecundo. Por eso dirá Santa Teresa de Jesús: "En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo".

La Cruz es el único medio que tenemos para ascender hasta Dios. Lo que no lleva esta marca no es bien celestial y no llega a buen término. Sólo se deja paso libre a lo que está marcado con esta señal. Debemos preguntarnos a cada instante si nuestras acciones salen airosas al confrontarlas con la Cruz. Sólo entonces son legítimas y están orientadas hacia la eternidad, hacia la vida. El que entra seriamente en el camino de la Cruz, quedará cambiado en su interior, maduro, lleno de suavidad y dulzura.

Nosotros seremos iguales a Él, si llevamos su Cruz tras Él. Si tomamos parte en el dolor, dejándonos marcar por la Cruz, veremos brillar cada vez más sobre nosotros su misterio en el aspecto más maravilloso, triunfante y gozoso .La salvación pasa por la cruz.Cristo murió una vez y por todos, pero en los miembros de su cuerpo sigue sufriendo cada día. El corazón de Cristo es como un gran océano en el que confluyen todos los ríos y mares del dolor humano; su Cuerpo es como un mosaico inmenso en el que se colocan todas las llagas de los hombres. Cristo sufre con todo el dolor de la humanidad, de cada hombre. Por eso Él y sólo Él puede restaurar y dar sentido al sufrimiento.

El sufrimiento tiene sentido porque será el paso necesario para que nuestra vida sea transfigurada. El pan no se puede repartir si antes no se parte, no se rompe. Tampoco nosotros podremos repartirnos, podremos manifestar la vida que llevamos dentro y a la que estamos llamados si no nos partimos, si no aceptamos sufrir por amor. Estar así es camino de salvación, es vía hacia la resurrección, es vivir como Jesús la humanidad, es ser personas en plenitud.

Todo dolor, como el que es consecuencia de nuestra fidelidad en el trabajo por el Evangelio, es fuente de vida si lo vivimos unido al de Cristo. El grano que muere, da fruto; el que es levantado en la cruz tiene una fuerza que atrae a todos hacia Él; el atravesado por la lanza suscita la fe en quien lo mira.

La muerte no tiene la última palabra. Cristo con su resurrección ha vencido el poder del pecado y de la muerte. El significado de la muerte de Jesús queda iluminado con la gloria de la resurrección.

Estar al lado

Profundamente teológico y no de fácil comprensión, permanece la idea de la partida de Jesús y, en el mismo tiempo, su diferente presencia en la comunidad de los creyentes, bajo ciertas condiciones, para que superen el sentimiento de orfandad, debido a la desaparición física de Jesús. La principal de las condiciones, parece decirnos el mismo Jesús, es el amor hacia Él: «Si me aman, cumplirán mis mandamientos». La sorpresa es que no se trata de un sentimiento genérico e indefinido de amor, sino de una «vivencia concreta», que se realiza en cumplir fielmente todo lo que el Señor nos ha revelado, o sea, la totalidad de su enseñanza evangélica, complemento y no abolición, como ya sabemos, de los diez mandamientos. «Guardar mis mandamientos», entonces, en el pensamiento de Jesús, es equivalente a «observar» sus palabras y cumplir su voluntad.
Esta vivencia nos permitirá también permanecer en el amor de Jesús; sentirnos cercanos y en comunión con Él. ¿El premio? Será el don del «Paráclito», o sea, del Espíritu Santo. Por ser Éste de naturaleza opuesta al mundo, queda claro que no podrá coexistir con él y será siempre de difícil acceso: «El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce». El mundo no lo ve ni lo conoce porque permanece culpablemente ciego frente a todo lo divino de la vida y a los misterios de la fe; tampoco podrá recibirlo. Hoy en día, en efecto, esta incompatibilidad entre el espíritu y la materia, lo contingente y lo permanente, lo temporal y lo eterno, la finitud e infinitud, la trascendencia e inmanencia, lo divino y lo natural parece haberse amplificada hasta el punto de provocar conflictos innecesarios y nefastas oposiciones.
El Espíritu Santo es la mística y real novedad que el Hijo y el Padre envían a la comunidad discipular, a la Iglesia y a nosotros, para ayudarnos a «comprender» lo que Jesús nos ha revelado. Se trata de un «suplemento de inteligencia» que favorece, en quien lo acepta, la comprensión de la «verdad», o sea, de la revelación divina: «Yo le rogaré al Padre y Él les dará otro Paráclito». Es una presencia estable, hasta el fin de los tiempos, y de naturaleza divina, ofrecida a la Iglesia, que nos acompañará siempre y nos ayudará y defenderá contra las insidias del maligno. Es gracias a este texto que nos enteramos de la presencia e identidad del Espíritu Santo, no como una fuerza divina impersonal e ineficaz, sino como persona activa y dinámica de la Trinidad, diferente del Padre y del Hijo Jesús, pero actuante siempre en comunión con ellos. Padre, Hijo y Espíritu Santo, en efecto, constituyen una unidad de tal manera indivisible, que no es posible tener a una de las tres personas sin las otras dos. La misteriosa promesa de Jesús de enviarnos y dispensarnos al Espíritu Santo, con motivo de su partida terrena y llegada al Padre, finalmente se cumple.
La misión de este Paráclito está incluida en el mismo nombre: «estar de lado» (este es el significado del término paráclito) y acompañar a la comunidad creyente de los discípulos y a cada uno de sus integrantes, exactamente como hizo Jesús en su etapa terrenal y como lo sigue haciendo todavía, pero de otra forma. Ahora entendemos mejor las palabras de Jesús: «No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes». De hecho, Jesús no nos ha dejado solos. Permanece, entre y en nosotros, con su presencia espiritual, ya no corporal, y con la del Paráclito. A cada uno de nosotros, desde luego, le corresponderá la tarea y el reto de hacerla realidad palpitante y experiencia vital.

jueves, 2 de junio de 2011

Histórico

Momento histórico,desde hace 24 años se ha trabajado en la traducción de la Biblia al quiché, con un apoyo muy significativo, contando con Gónzalo de Villa , el administrador apóstolico de la Arquidiócesis de los Altos Quetzaltenango Totonicapán, el Obispo de Jalapa,Julio Csbrera, y un equipo de catequistas con el agustino recoleto Max Ozuna.
Es Oración, de la dignidad y la belleza ; la plena adhesión a los textos y a los gestos litúrgicos; la implicación de la asamblea y la legítima adaptación cultural, conservando la primacia, son criterios que hay que considerar atentamente, se integra al lenguaje porque la Palabra vive, en opciones y juicios profundamente concordes con el Evangelio”.
La nueva evangelización requiere la capacidad de saber dar razón de la propia fe. Sólo a través de seres humanos tocados por Dios, Dios puede retornar a los seres humanos. Debemos partir de la credibilidad de nuestra vida de creyentes y de nuestra convicción de que la gracia actúa y transforma hasta el punto de convertir el corazón y las culturas. El ser humano tiene ansia de verdad y de autenticidad . “La verdad de Cristo es en definitiva la respuesta plena y auténtica al deseo humano de relación, comunión y de sentido” “Que los fieles a Cristo sigan asistiendo a aquellos que están en necesidad de las comunidades que los rodean, sin distinción”.

Asistencia

La promoción de la dignidad humana y del bienestar, asistiendo a los más pobres y a los más débiles, a los marginados y a los mayores, los abandonados y los sufrientes, ayudándolos a todos, porque la dignidad es inherente al ser humano, y no por un motivo distinto al del amor de Cristo que nos empuja ( 2Cor. 5,14). Perseverar en este testimonio positivo y práctico, fieles al mandamiento del Señor y por el bien de nuestros hermanos y hermanas más pequeños. Los fieles a Cristo sigan asistiendo a aquellos que están en necesidad de las comunidades que los rodean, sin distinción de raza, etnia, religión o status social, y con la convicción de que hemos sido creados a la imagen de Dios y que todos merecemos el mismo respeto.
Como don del “amor incondicional” de Dios que da un sentido más profundo a nuestras vidas ( Spe Salvi, 26), la caridad es el primero que experimentamos en la familia. La Palabra de Dios, nos recuerda que la Iglesia, por su proclamación del Evangelio, revela a las familias cristianas su verdadera identidad de acuerdo con el plan de Dios (Verbum Domini, 85). Familias en vuestras diócesis, que son “iglesias domésticas”, son ejemplos del amor mutuo, respeto y apoyo que debe animar las relaciones humanas en todos sus niveles. En la medida en que estos no descuiden la oración, mediten las Escrituras, y participen plenamente en la vida sacramental de la Iglesia, ayudarán a alimentar este “amor incondicional” entre ellos y en la vida de sus parroquias, y serán fuente de una gran bien para la comunidad en general. Muchos de vosotros de los que habéis hablado habéis mencionado los grandes retos que amenazan con minar la unidad, la armonía y la santidad de la familia, y el trabajo que debe hacerse para construir una cultura de respeto al matrimonio y a la vida familiar. Profundizar invita, especialmente a aquellos que se preparan para el alimento en gran medida de la fe y los asistirá para que puedan dar un testimonio de:
“Apóstol por el pensamiento”: cuando sostienes a un amigo que se tambalea, cuando le abres nuevas perspectivas haciéndole descubrir su vocación y sus dones, cuando introduces la esperanza en una vida quebrantada. Si te imitaran muchos, los periódicos tendrían menos suicidios que narrar.
“Apóstol por la convivialidad”. ¿No crees que la correspondencia puede ser también un apostolado? Desde su prisión Pablo, desprovisto de todo medio de comunicación, escribía a una comunidad cristiana. Luego ésta copiaba su carta y la mandaba a otra comunidad. Así Pablo fortalecía y desarrollaba la fe de la Iglesia primitiva. Pon todo tu amor en un sobre; no te queda más que sellarlo y enviarlo.
Las mujeres son apóstoles: María y Salomé que siguieron al Señor y las numerosas mujeres-apóstoles que menciona San Pablo: “Saludad a Trifene y a Trifosa que se han entregado al Señor” (Rm 16,12).
Siempre los niños se han mostrado apóstoles llenos de va[or:
Tarcisio condujo hacia Dios a muchos hombres. Retén esta palabra de Cristo: “No despreciéis a los niños”.
La Iglesia no ha atendido a las militantes feministas de hoy para dar a las mujeres su lugar en la Iglesia. Los apóstoles pusieron en ellas su confianza; San Pablo escribió: “Les recomiendo a Febe, diaconisa de la Iglesia de Cencreas, acogedla en el Señor... Porque ella ha protegido a muchas personas, incluso a mí sismo”. (Rm 16,1-2)
¡Se trate de ti o de otro, no dudes! Un pescador como Pedro, un recaudador de impuestos como Mateo llegaron a ser apóstoles:
“Seguidme; yo os haré pescadores de hombres”. Es Dios quien nos hace pescadores de hombres... Que tu corazón sea bastante grande para abrazar en su totalidad el proyecto de evangelización de la Iglesia y para latir a su ritmo.
Interiormente se arriesgaba la vida para llegar a tierras ricas en oro y en especias. Hoy las naciones se matan entre sí para llegar a los yacimientos de petróleo, de hierro, de cobre, de fosfato, de uranio. ¿Pero quién desea ir al país donde sólo se encuentran almas?
Estamos en la época del laicado. Mientras no se hayan movilizado todos los recursos del pueblo de Dios, consciente y activo, nuestra sociedad no será impregnada de todos los elementos del Evangelio.
El secreto de la obra apostólica, en nuestra época es el apostolado de los laicos.
No hay sacerdotes que no hayan salido del Seminario. Tampoco hay apóstoles laicos que no hayan salido de las sesiones de formación. Convéncete.
Si en cada parroquia pudieras formar sólo cinco militantes auténticos, estarían a disposición de tus sucesores y serían para ellos unos colaboradores a toda prueba por treinta o cuarenta años.
“En medio del mundo, sin ser del mundo, pero viviendo para él y actuando con los medios que le son propios”: este es el apóstol de los tiempos modernos.
Como miembros del Cuerpo Místico somos a la vez el cerebro que piensa, los ojos que observan las realidades del mundo, los oídos que escuchan sus quejas y sus necesidades, las espaldas que las cargan, la mano que salva, el pie que pisa el suelo en dirección a los que sufren, el corazón atormentado por el amor y la boca que pronuncia las palabras de consuelo. Es el apóstol que hace presente a la Iglesia hoy en medio del mundo.
No se nota la humilde presencia del apóstol y su acción silenciosa. Pero cuando está ausente, el mundo humano parece vacío y sin vida. ¿Quién se preocupa de la sal del mar, de la luz del sol, del aire que se respira? Y sin embargo, sin ellos, el mundo perecería inmediatamente. ¿Quién pone atención al movimiento del globo terrestre? Pero si se detuviera un instante, se acabaría la existencia humana.