San Ignacio de Antioquía, obispo, uno de los primeros mártires, mientras era conducido al circo romano para ser devorado por las fieras, escribía a las comunidades cristianas: "Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios" .
San Francisco de Asís, que tiene una visión y una experiencia mística de la cruz en la que recibe las cinco llagas dirá: "Me sé de memoria a Jesucristo crucificado". Este conocimiento se aprende mirando al crucifijo, como hacía también Santo Tomás de Aquino. Es un conocimiento comprensivo y entrañable. Es un conocimiento fruto del amor, pues "el amor produce el conocimiento y lleva al conocimiento" (Platón).
La Beata Teresa de Calcuta dice: "Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él".En la cruz está la vida y el consuelo
La contemplación de Cristo nos permite ver cómo su muerte es fuente de vida. Es normal que el dolor asuste -así le pasó a Jesús en el huerto de los olivos- pero cuando se acepta y se integra como paso necesario para una vida resucitada es fecundo. Por eso dirá Santa Teresa de Jesús: "En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo".
La Cruz es el único medio que tenemos para ascender hasta Dios. Lo que no lleva esta marca no es bien celestial y no llega a buen término. Sólo se deja paso libre a lo que está marcado con esta señal. Debemos preguntarnos a cada instante si nuestras acciones salen airosas al confrontarlas con la Cruz. Sólo entonces son legítimas y están orientadas hacia la eternidad, hacia la vida. El que entra seriamente en el camino de la Cruz, quedará cambiado en su interior, maduro, lleno de suavidad y dulzura.
Nosotros seremos iguales a Él, si llevamos su Cruz tras Él. Si tomamos parte en el dolor, dejándonos marcar por la Cruz, veremos brillar cada vez más sobre nosotros su misterio en el aspecto más maravilloso, triunfante y gozoso .La salvación pasa por la cruz.Cristo murió una vez y por todos, pero en los miembros de su cuerpo sigue sufriendo cada día. El corazón de Cristo es como un gran océano en el que confluyen todos los ríos y mares del dolor humano; su Cuerpo es como un mosaico inmenso en el que se colocan todas las llagas de los hombres. Cristo sufre con todo el dolor de la humanidad, de cada hombre. Por eso Él y sólo Él puede restaurar y dar sentido al sufrimiento.
El sufrimiento tiene sentido porque será el paso necesario para que nuestra vida sea transfigurada. El pan no se puede repartir si antes no se parte, no se rompe. Tampoco nosotros podremos repartirnos, podremos manifestar la vida que llevamos dentro y a la que estamos llamados si no nos partimos, si no aceptamos sufrir por amor. Estar así es camino de salvación, es vía hacia la resurrección, es vivir como Jesús la humanidad, es ser personas en plenitud.
Todo dolor, como el que es consecuencia de nuestra fidelidad en el trabajo por el Evangelio, es fuente de vida si lo vivimos unido al de Cristo. El grano que muere, da fruto; el que es levantado en la cruz tiene una fuerza que atrae a todos hacia Él; el atravesado por la lanza suscita la fe en quien lo mira.
La muerte no tiene la última palabra. Cristo con su resurrección ha vencido el poder del pecado y de la muerte. El significado de la muerte de Jesús queda iluminado con la gloria de la resurrección.
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