martes, 27 de septiembre de 2011

Coraje

San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia
Itinerario de la mente hacia Dios, cp.7

«Tomó con coraje el camino a Jerusalén»
«Cristo es el camino y la puerta «(Jn 14,6; 10,7), la escala y el
vehículo como propiciatorio colocado sobre el arca y «misterio escondido en
Dios desde tantos siglos»(Mt 13,35).
Quien a este propiciatorio mira, convirtiendo a él por entero el
rostro, y lo mira suspendido en la cruz con sentimientos de fe, esperanza,
caridad, devoción, admiración alegría, honra, alabanza y júbilo, ése
celebra con Él la pascua ( Mc 14,14) , es decir, el tránsito, de suerte
que, en virtud de la vara de la cruz, pasa a través del mar Rojo entrando
de Egipto en el desierto, donde le sea dado gustar el maná escondido y (
Ex 14,16)...
Y en este tránsito, si es perfecto, es necesario que se dejen todas
las operaciones intelectuales, y que el ápice del afecto se traslade todo a
Dios y todo se transforme en Dios. Y esta es experiencia mística y
serenísima, que nadie la conoce, sino quien la recibe, ni nadie la recibe,
sino quien la desea; ni nadie la desea, sino aquel a quien el fuego del
Espíritu Santo lo inflama hasta la médula. Por eso dice el Apóstol que esta
mística sabiduría la reveló el Espíritu Santo (1Co 2,10).
Y si tratas de averiguar cómo sean estas cosas, pregúntalo a la
gracia, pero no a la doctrina; al deseo, pero no al entendimiento; al
gemido de la oración, pero no al estudio de la lección; al esposo, pero no
al maestro; a la tiniebla pero no a la claridad; a Dios, pero no al hombre;
no a la luz, sino al fuego, que inflama totalmente y traslada a Dios con
excesivas unciones y ardentísimos afectos. Fuego que ciertamente, es Dios,
y fuego» cuyo horno está en Jerusalén» (Is 31,9), y que lo encendió Cristo
con el fervor de su ardentísima pasión y lo experimenta, en verdad, aquel
que viene a decir «Mi alma ha deseado el suplicio y mis huesos la muerte».
El que ama está muerto, puede ver a Dios, porque, sin duda alguna, son
verdaderas estas palabras: «No me verá hombre alguno sin morir» (Ex 33,20).
Muramos, pues, y entremos en estas tinieblas, reduzca más a
silencio los cuidados, las concupiscencias y los fantasmas de la
imaginación; pasemos con Cristo crucificado «de este mundo al Padre»( Mc
14,14), a fin de que, manifestándose en nosotros el Padre, digamos con
Felipe: «Esto nos basta» ( Jn 14,8); oigamos con San Pablo: «Te basta mi
gracia»(2Co 12,9); y nos alegremos con David, diciendo: "Mi carne y mi
corazón desfallecen, Dios de mi corazón y herencia mía, por toda la
eternidad». (Sal.72,26).

sábado, 24 de septiembre de 2011

Aparición

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Señora del Silencio y de la Humildad,Tu eres disponibilidad y receptividad
Eres fecundidad y plenitud, eres atención y solicitud por los hermanos.
En tí resplandecen la madurez humana y la elegancia espiritual
Eres Señora de tí misma,todo se identificó contigo el tiempo, el espacio,la Palabra,
la música,el silencio,la mujer,Dios .
Todo quedó asumido entí, adivinizado.
Jamás se vio estampa humana,de tanta dulzura. Nunca la comunicación es tan profunda,
fuente de energía e irradiación; comunicación de fortaleza en la fe.
ASÍ es la mujer que Dios profetizo desde el principio, La segunda Eva,la bendita Madre de Dios

Hombre de Oración y sufrimiento



Un hombre de oración y sufrimiento

Martirologio Romano: San Pío de Pietrelcina (Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968)

"Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones."

San Giovanni Rotondo, Italia.

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivi
ó por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

Es notable su carisma de bilocaci
ón: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

Vivi
ó rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocaci
ón. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San P
ío de Pietrelcina y fué canonizado el 16 de julio de 2002.

Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la raz
ón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.

La vida entera del Padre P
ío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque SÓLO DIOS ES !

Debemos negarnos



a nosotros mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo !

EL Verbo

¿Quién es Jesús para mí?Para mí, Jesús es El Verbo hecho carne. (Jn
1,14).El Pan de la vida. (Jn 6,35).La v
íctima sacrificada en la cruz por
nuestros pecados. (1Jn 4,19).El Sacrificio ofrecido en la Santa Misa por
los pecados del mundo y por los m
íos propios. (Jn 1,29).La Palabra, para

ser dicha. (Jn 14,6)La Verdad, para ser proclamada.El Camino, para ser
recorrido. (Jn 14,6)La luz, para ser encendida. (Jn 8,12)La Vida, para ser
vivida.El Amor, para ser amado.La Alegría, para ser compartida.El
sacrificio, para ser dados a otros.El Pan de Vida, para que sea mi
sustento.El Hambriento, para ser alimentado. (Mt 25,35)El Sediento, para
ser saciado.El Desnudo, para ser vestido.El Desamparado, para ser
recogido.El Enfermo, para ser curado.El Solitario, para ser amado.El
Indeseado, para ser querido.El Leproso, para lavar sus heridas.El Mendigo,
para darle una sonrisa.
El Alcoholizado, para escucharlo.El Deficiente

Mental, para protegerlo.El Pequeñín, para abrazarlo. El Ciego, para
guiarlo.El Mudo, para hablar por él.El Tullido, para caminar con él.El
Drogadicto, para ser comprendido en amistad.La Prostituta, para alejarla
del peligro y ser su amiga.El Preso, para ser visitado.El Anciano, para ser
atendido.Para mí, Jesús es mi Dios.Jesús es mi Esposo.Jesús es mi
Vida.Jesús es mi único amor.Jesús es mi Todo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Imagen primitiva

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Jesucristo es el Salvador que viene a restaurar la imagen primitiva y enriquecerla con una belleza aún mayor. Jesús es el Hijo de Dios Padre, la misma substancia, y esa filiación es puro amor, libertad, suprema intimidad y goce de comunión personal. Salva al hombre en cuanto lo introduce en esa filiación divina. Por contraste, la filiación en Freud no traspasa el horizonte mitológico de un conflicto fatal.

La vida cristiana representa una transformación profunda de la persona, desde el "hombre viejo", esclavo del pecado, al "hombre nuevo", liberado, redimido por Jesucristo. Estas dos figuras se enfrentan dentro de la misma persona y mientras permanece la pugna, constituyen un drama existencial.

¿Cuáles son los rasgos que determinan la fisonomía del uno y del otro? El hombre pecador se halla dominado por una injusticia de fondo. Es incapaz de vivir una relación de amor verdadero. No sabe lo que significa la entrega desinteresada a las otras personas. Ni siquiera se posee a sí mismo, más bien se halla poseído por fuerzas compulsivas que lo empujan a ejercer una relación de codicia sobre las personas y las cosas, en un afán utilitario. Todo lo convierte en medio para un fin ilusorio: el placer, el poder... Pero, ¿qué es placer y qué es poder para el hombre pecador?: una ilusión de plenitud, el anhelo del Bien infinito, pero groseramente falaz, porque el bien no se encuentra en cualquier experiencia de placer o de poder, sino en la realidad personal que se vive solamente en la relación de entrega recíproca, es decir, en el amor. Pero, justamente, el pecador se niega a entregarse y también se niega a aceptar sin condiciones a la otra persona. Pretende someter todo a la categoría de objeto inmediato de posesión y, en esa misma medida, suprime la raíz del vivir personal: no ejercita la libertad como regalo y ofrenda de sí mismo. El hombre viejo está perdido, es la antítesis del hombre nuevo. "El que quiera conservar su vida la perderá, pero el que entregue su vida por amor a Mí, la encontrará", dice Jesús.

El ser humano nuevo vive en libertad, gratuitamente, en actitud de servicio generoso a los demás. Dios le ha revelado el valor de la persona creada, invitada a participar de la vida divina. La vida de Dios es amor infinito de su intimidad trinitaria. Toda la familia humana fue elevada con la misma vocación.

Jesucristo se ofreció en holocausto para restituir al ser humano la relación filial con Dios Padre en el Infinito Amor. Destruyó el pecado con todos sus daños y perjuicios. Hijo eterno del Padre, y además hombre verdadero, realizó en beneficio de toda la humanidad lo que ningún otro hombre podría jamás haber realizado: la respuesta al don del Padre con un don del mismo valor la Persona de Cristo hombre es la Persona del Hijo eterno, de la misma naturaleza que el Padre y con idéntico Amor Infinito. En Jesucristo, toda la humanidad tiene acceso a la relación de Vida y Amor eterno del Hijo con el Padre.

Al establecer una confrontación entre la imagen cristiana y la freudiana, ¿cuáles piezas calzan y cuáles se repelen? En los análisis y teorías de Freud no se encuentra la más mínima traza del "hombre nuevo", ni el más débil vestigio de la obra redentora de Cristo, como si ésta nunca hubiera existido. Las interpretaciones que Freud propone del "mito" cristiano no rozan siquiera el concepto que el cristianismo administra sobre el contenido de la propia fe.

Indudablemente el interés de Freud se centra en el ser humano deteriorado por la enfermedad mental. Si tenemos en cuenta que del pecado se derivaron todos las falencias y malaventuras la misma naturaleza humana enfermo, no nos sorprende que comparezcan en su registro ciertos rasgos típicos del "hombre viejo": el afán posesivo, el odio a quien se contraponga a los deseos de placer, los celos, la envidia, los miedos, la agresividad, un envilecimiento radical de todas las relaciones humanas desde sus más tempranos albores... De una u otra manera Freud detecta estos elementos a lo largo de sus observaciones sobre los conflictos y alteraciones que padecen sus pacientes; después los procesa y levanta su edificio teórico y especulativo. Así surge lo que podríamos llamar "antropología freudiana".

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Reconciliando

La vida se manifestó: la vimos, damos testimonio y os anunciamos la Vida que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que vimos y oímos os lo anunciamos también a vosotros para que compartáis nuestra vida, como nosotros la compartimos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que se colme vuestra alegría. (1 Jn 1,2-4)
El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban en país de sombras se inundaron de luz. Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo: lleva el cetro del principado y se llama Milagro de Consejero, Guerrero divino, Jefe perpetuo, Príncipe de la paz. (Is 9,1.5)
Dios nuestro salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad. (1 Tm 2,3-4)
Dios estaba, por medio de Cristo, reconciliando el mundo consigo, no apuntándole los delitos, y nos confió el mensaje de la reconciliación. (2 Cor 5,19)

Reforzando

El árbol de la Cruz, es para mí el de la salvación eterna. Me alimenta y lo
hago mi obsequio. En sus raíces me arraigo, y por sus ramas me extiendo; su
rocío me purifica y su espíritu, como un viento deleitoso, me hace fecundo.
A su sombra, he preparado mi tienda, y huyendo de los grandes calores, me
parece un refugio de frescura. De sus flores que florezco, y de sus frutos
hago mis grandes delicias; estos frutos que me estaban reservados desde el
origen, me producen un gozo sin límite... Cuando me estremezco ante Dios,
este árbol me protege; cuando tiemblo, es mi apoyo; es el precio de mis
combates y el trofeo de mis victorias. Es para mí el camino estrecho, el
sendero tortuoso, la escala de Jacob recorrida por los ángeles, en la
cumbre de la cual se apoya realmente el Señor (Mt 7,14; Gn 28,12).
Este árbol, de dimensiones celestes, ascendió de la tierra hasta los
cielos, planta inmortal fijada entre el cielo y la tierra. Apoyo de todas
las cosas, el apoyo del universo, soporte del mundo habitado, que abarca el
cosmos y reúne los elementos variados de la naturaleza humana. Él mismo,
soporte invisible del Espíritu, para que ajustado a lo divino no sea nunca
más separado. Por su cima, toca el cielo, reforzando la tierra por sus pies
y rodeado de todos lados por sus brazos enormes, los espacios innumerables
de la atmósfera, es todo en todo y por doquier... El universo
fácilmente se perturba, y estremece de terror ante la Pasión, si el gran
Jesús no le hubiera infundido el Espíritu divino diciendo: "Padre, a tus
manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46)... Todo estaba acabado, pero
cuando el espíritu divino se remontó, el universo fue en cierto modo
reavivado, vivificado, y ha encontrado una estabilidad firme. Le sirvió a
Dios de base para todo y en todas partes, y la Crucifixión se extendió a
través todas las cosas.

martes, 6 de septiembre de 2011

Decidido

El cristiano, una vez que ha decidido vivir de acuerdo al Evangelio, no puede ya tener los mismos patrones de vida, pues en muchas ocasiones estos serán incompatibles con el mensaje de Jesús. Por ello, muchas veces hay que cambiar de ambientes, de lecturas, de conversaciones, incluso de amistades.
El cristianismo, visto desde afuera, es decir desde el lado del mundo, de la vanalidad de la vida cómoda, puede parecer no solo "extraño" sino incluso falto de vida y sabor. No faltan los comentarios en los cuales se critica a los cristianos como personas aburridas y sin gozo (la verdad quien da esta impresión no está viviendo realmente la vida cristiana). Sin embargo, la vida cristiana es el vino añejo, nadie piensa que pueda ser bueno, pero una vez que se prueba no se quiere dejar. Quien ha tenido la experiencia de dejarse llenar por Dios no querrá nunca más experimentar la vaciedad del mundo. Pídele a Jesús que llene tu vida con su amor... ¡no te arrepentirás!

Espíritu Santo, instruye mi interior, de tal modo que pueda comprender tus pensamientos y tus deseos para mí, pues sé que ellos me llevarán a una vida plenamente dichosa, tal como lo planeaste desde la fundación del mundo.

Ciertamente

«Jesús se fue a la montaña para orar»
Toda alma humana es un templo de Dios : eso nos abre una
perspectiva ancha y del todo nueva. La vida de oración de Jesús es la clave
para comprender la oración de la Iglesia. Vemos cómo Cristo ha participado
en el servicio divino, en la liturgia de su pueblo...; ha hecho que la
liturgia de la antigua alianza encontrara su plenitud en la de la nueva
alianza. Pero Jesús no ha tomado, tan sólo, parte en el servicio
divino público prescrito por la ley. En los evangelios encontramos
numerosas referencias a su oración solitaria durante el silencio de la
noche, en las cumbres salvajes de las montañas, en los lugares desiertos.
La vida pública de Jesús ha sido precedida por cuarenta días y cuarenta
noches de oración (Mt 4,12). Antes de escoger a sus doce apóstoles y
enviarlos en misión, se retira a orar en la soledad de la montaña. En el
monte de los Olivos, se preparó para ir hasta el Gólgota. El grito que Él
dirigió al Padre en esta hora, nos revelan –en unas breves palabras que
lucen como estrellas en nuestras horas difíciles - la hora más dolorosa de
su vida en el monte de los Olivos: «Padre, si tú lo quieres, aleja de mí
éste cáliz; pero, que no se haga mi voluntad sino la tuya» (Lc 22,42).
Estas palabras son como un rayo que, por un instante, nos ilumina la vida
más íntima del alma de Jesús, el misterio insondable de su ser de
hombre-Dios y de su diálogo con el Padre. Este diálogo ha permanecido,
ciertamente, a lo largo de toda su vida, sin interrumpirse jamás.