“Amor de la sabiduría”, reservado a pocos, la teología es la sabiduría del amor, el esfuerzo humilde e intrépido de llevar a la palabra la experiencia del amor recibido y donado, el ser amado por Dios y en él, en la comunión de su pue- blo. El teólogo se deja hacer discípulo de la caridad, de su precio de dolor, de su belleza que salva, consciente de que su palabra tiene que ser la palabra que sale del silencio, de la herida y del don de amar. La belleza que salva es el amor que comparte el dolor y que no necesita palabra, es la verdad que se expresa a sí misma callándose, por su presencia de amor. Así como el Prisionero frente a Pilato contestó a la pregunta ¿qué es la verdad? con su simple silenciosa presencia. Por eso los medievales refundían en forma d
- "Padre, te doy gracias por hacerme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas" (Jn 11,41)
- "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
- "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25)
- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46)
Llevarse a Dios al trabajo, a la universidad y al supermercado, dirigirle una mirada, una sonrisa o una palabra, es buena manera de sentirse seguro por el camino y de afrontar el típico conflicto del activismo. Dios está en todas partes, lo llevamos dentro de nosotros; no está confinado a los muros de las Iglesias.
Dios está vivo, nos mira siempre, es nuestro Padre, y le gusta que sus hijos nos acordemos de Él, le demos una llamada, simplemente para decirle: "Gracias", "Te quiero", "Ayúdame", "Protégelo", "Ilumíname", "Dame paciencia", "No puedo más, dame fuerza", "Bendito seas", etc.
Al salir de casa, apenas cerrar la puerta, sentarse en el coche o mientras se espera el metro o el autobús, se puede rezar una oración espontánea para pedir a Jesucristo que nos cuide en el camino. Algo así:
Buen Pastor, salgo de (casa) viaje, acompáñame, ven conmigo.
Tú eres el Camino, llévame a mi destino.
Tú eres la Vida, que vuelva a casa sano y salvo.
En tus manos dejo a mis seres queridos, cuídalos, son tus hijos.
Saber que estamos bajo tu mirada es fuente de paz y confianza.
Que en todo momento sea testimonio de vida cristiana.Amén
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