“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Estas son las palabras con las que el Papa Francisco comienza su primera Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio).
En ella el Santo Padre recoge los trabajos del Sínodo dedicado a “la nueva evangelización para la transmisión de la fe” celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012 en el Vaticano. Un programa de pontificado, podríamos decir, ya que a lo largo de los 300 puntos que forman la exhortación, el pontífice habla de su visión de la Iglesia y del mundo, profundizando en ideas que ya ha anunciado durantes estos ocho meses. Francisco expresa su "sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación".En la Carta a los Hebreos hay una expresión semejante. Dice esta Carta: "En estos tiempos, que son los últimos, Dios nos ha hablado a través de su Hijo" Carta a los Hebreos 1,2. El cristiano vive así, en el momento final; vive así, sobre todo, porque es consciente de una cosa: después de que Dios ha tomado Carne de nuestra carne, después de que sobre esa Carne ha recaído toda nuestra maldad, como vemos en la Cruz de Cristo, y después de que esa crueldad no ha sido suficiente para apagar el fuego del amor divino, porque la misericordia está más viva que nunca, y porque Cristo vive resucitado de entre los muertos; después de que todo eso ha sucedido, nada más esperamos, nada más, sino sólo el retorno de Cristo.
Es decir que lo que hace especial a este tiempo es eso, que ya no esperamos nada más sino el retorno de Jesús, que puede tardar una semana, un año o mil años.
La Segunda carta de San Pedro dice: "Para el Señor mil años son como un día" 2 Pedro 3,9. Y también nos enseña que Dios tiene paciencia para que todos lleguemos a convertirnos.
Así que el mensaje es tomar conciencia del valor de cada día nuestro, porque ya no tenemos otra esperanza, porque ya no tenemos nuestra mirada en otra parte sino sólo en Jesús, el que ha llenado de significado nuestra vida y el que ha de venir.
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