Lo mejor de mi vida no lo aprendí ni cuando fui a la universidad
ni cuando fui al seminario a estudiar filosofía y teología, lo
aprendí en mi familia”, relató.
En la familia, dijo, las
personas aprender a “amar, querer, respetar, reír, entregarse al otro que es
más importante que yo, a respetar a los mayores”.
“Aprendí en mi familia a conocer a
nuestro Señor, mi primera catequista fue mi madre y también mi
padre. (La familia) es creadora de tal humanismo que nos ayuda a humanizar
nuestra vida, por eso es importante que queramos contemplar y mirar nuestras
situaciones y estar al lado de esas situaciones para amar
incondicionalmente con la misericordia de nuestro Señor”.
El Arzobispo de Madrid
afirmó luego que ha podido observar en los padres sinodales una gran libertad y
“un deseo inmenso de poder mostrar al mundo que la familia es rica, tan es así
que nuestro Señor tomó rostro humano en una familia”.
Sobre la forma en que
los obispos se pueden dirigir a la familia en todo el mundo, Mons. Osoro dijo
que existe “un lenguaje que es el del corazón, que alcanza la profundidad de la
vida humana. (Hace falta) salir al camino y a la realidad de la familia en
concreto como lo hizo el Señor en Emaús” y los discípulos experimentaron
intensamente su presencia.
El Prelado explicó
asimismo que es importante esta reflexión de los obispos y resaltó que “no
estamos aquí reunidos por pura casualidad. Todos hemos necesitado un padre y
una madre para venir a este mundo. Todos”.
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