viernes, 1 de diciembre de 2017

Alabo

Os Alabo y glorifico, porque os habéis sometido a
María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme
por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ay! ingrato e infiel
como soy, no he cumplido mis deberes, no he
cumplido los votos y promesas que tan solemnemente
hice en el bautismo, no he merecido ser llamado
vuestro hijo ni vuestro esclavo; y como nada hay en
mi que no merezca vuestra repulsa y vuestra cólera,
no me atrevo a acercarme por mis mismo a vuestra
Santísima Augusta Majestad.

Por esto he recurrido a la intercesión de vuestra
Santísima Madre, que Voz me habéis dado como
mediadora para con Voz, y por este medio espero
obtener de Voz la contrición y el perdón de mis
pecados, la adquisición y la conservación de la
Sabiduría.

Os saludo pues, !Oh María Inmaculada! Tabernáculo
viviente de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna
escondida quiere ser adorada por los ángeles y los
hombres; os saludo, !Oh reina del cielo y de la tierra!,
a cuyo imperio esta sometido todo cuanto esta debajo
de Dios. Os saludo, !Oh refugio seguro de los
pecadores! cuya Misericordia no falta a nadie;
escuchad los deseos que tengo de la Divina Sabiduría
y recibid, para ello los votos y las ofertas que mi
bajeza os presenta.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Entender

Algunas veces esos momentos de purificación han sido llamados "desiertos", o han sido llamadas "noches", por eso habla San Juan de la Cruz de la “noche de los sentidos", de la "noche del espíritu”.
 “Hay que entender que este "paseo" de la vida cristiana, tiene muchas paradas y muchas posadas, y hay que saber que una de esas esas posadas y una de paradas es que uno acaba muerto”.
 Ese se salvará" San Mateo 24,13.
La santidad se caracteriza, por la unión con Jesucristo. Unión de vida, de gracia, de gloria, que es obra exclusiva de Dios. Unión de pensamiento, de abalanza, de amor, de obediencia, que es la abalanza, de amor, de obediencia, que es la parte que en ella nos corresponde. El hambre desantidad es, un tormento irresistible de no ser más que uno solo con Él, un deseo siempre constantemente renaciente de conformar nuestros pensamientos con los suyos, de identificar nuestra voluntad con la suya, lo cual implica una resolución contantemente reanudada de parecernos a Él en nuestras acciones. Esta hambre jamás acallada, Cristo también lo calma y la mantiene a la vez por su gracia, hasta que lo sacia definitivamente en la unión eterna del cielo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Movimiento

Con un movimiento de atracción Cristo nos lleva muy cerca de Él, y con un movimiento fuerte, como éste, con un discurso como éste, parece que expulsara a toda esa multitud, parece que la alejara; pero con esa explosión de escándalo, lo que hace Cristo es lavarnos.
Así hace Cristo, este chorro purificador, que es el anuncio de su Cruz, que es el anuncio de su Eucaristía, que es el anuncio de las renuncias, y de ese chorro poderoso, si uno se queda, lo lava, lo limpia; si no se queda, pues lo expulsa.
San Juan cuando la Eucaristía, dice: “Hay que comer mi Carne y hay que beber mi Sangre“ San Juan 6,56, y mucha gente dijo: “No, hasta allá si no le entendemos a este señor”, y se fueron.
Esos fueron expulsados por el chorro purificador del amor de Jesucristo,fueron expulsados,fueron echados lejos por el amor de Jesucristo; pero los que se quedaron, como el Apóstol Pedro, los que se quedaron ahí, estos quedaron purificados.
"¿A dónde vamos a ir si tienes palabras de vida eterna?" San Juan 6,68. Eso es para decir que ser discípulo de Cristo es estar dispuesto a ser atraído pero también a estar dispuesto a ser purificado.
Cristo nos quiere acercar, pero cuando nos tenga bien cerquita, nos quiere purificar; no nos va a dejar como nos encuentra; Cristo nos quiere como somos, pero para que seamos como Él nos quiere.
Hay que estar dispuestos a los dos movimientos, porque el que se acerca a Jesús, porque Él atrae mucho, y cuando llega este momento de la predicación de la Cruz se aleja, no hizo nada.
Nosotros, pues, como discípulos del Señor. Es necesaria la tribulación, y que es la señal propia de nosotros los cristianos, por la sencilla razón de que la predicación del Reino de Dios se va estrellar con los reinos de esta tierra.
Esa purificación, aunque tenga su causa externa en el desorden del mundo, tiene también su lugar en la Providencia de Dios como método predilecto de Jesucristo para lograr de nosotros oro puro, para lograr de nosotros hijos de Dios, para lograr de nosotros adoradores en espíritu y verdad.
En ese movimiento de acercamiento y de purificación, mayor acercamiento y mayor purificación, vamos encontrando cada vez más las entrañas, la nuez, la esencia de la revelación que Cristo trae a nuestras vidas.

De acuerdo con los autores espirituales ese proceso no acaba nunca. Una y otra vez Cristo nos llamará más cerca, y ahí vendrá una nueva purificación; y luego más cerca, y una nueva purificación, y así sucesivamente, abrazándonos, uniéndonos cada vez más al centro de su vida.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Ubicación

Pidámosle al Señor la sabiduría para recibir la vida exactamente así, de manera que las adversidades nos hagan avanzar, y las prosperidades nos hagan bendecir; de modo que los descansos nos permitan cantar, y las tribulaciones nos hagan orar; de modo que el día nos permita trabajar, y la noche nos permita descansar.
De modo, en fin, que todo lo que sucede nosotros lo recibamos de las manos de Dios como ese  "marcapasos", que con la acción del Espíritu, le da el ritmo a nuestra vida.
Propósito: de hoy en adelante, voy a mirar, las adversidades o prosperidades, los fracasos o los éxitos, ya no como mis frustraciones, o mis grandes triunfos, sino voy a tratar de mirar, con la unción del Espíritu, cada cosa que me pasa como el ritmo que Dios le va dando a mi vida.
Para que no se detenga, para que avance, para que yo siga siendo ese peregrino que va por el camino que Él me marca, hasta llegar a la Casa del Padre.
Allá, en ese abrazo final, en esa visión definitiva, allí nos encontraremos con Aquel que le dio el ritmo a nuestra vida y que no Cuando se predica verdaderamente el Evangelio de Jesucristo, necesariamente se predica el Reino de Dios, y entonces todos los reinos, que están anclados en esta tierra, sienten una amenaza para sus intereses.
Acostumbrémonos a que la condición propia del Evangelio es el conflicto; y la señal del evangelizador no puede ser otra que la señal de su Maestro y de su Jefe, es decir, la Cruz; no tenemos otra señal.
Nosotros participamos, tal vez Dios ha hecho cambios en nosotros; sepamos que esos cambios han sucedido en nosotros, pero el mundo al que vamos a salir está tal cual lo dejamos, o peor.
Nosotros, en alguna medida hemos cambiado, o de pronto el Señor ha hecho una obra en nosotros; pero, el mundo como tal, no ha cambiado; y hay una especie de oposición que se convierte en señal del verdadero Evangelio: “De la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” San Mateo 5,12.
Las bienaventuranzas: Mateo sitúa la escena de las bienaventuranzas en una montaña que le da el nombre a todo ese discurso, por eso se habla del Sermón de la Montaña.
Así como tiene una ubicación en el espacio, en la geografía, también tiene un contexto, tiene una circunstancia en el tiempo. Nos dice Mateo: “Al ver Jesús el gentío, se sentó, se acercaron los discípulos, y Él se puso a hablar, enseñándoles” San Mateo 5,1-2.
“Al ver el gentío” San Mateo 5,1, esa es la frase que me llama la atención.
¿Por qué estaba ese gentío rodeando a Cristo? Porque veían la señales, especialmente de sanación y de liberación que hacía Jesucristo. La sanación convoca multitudes; la Cruz espanta multitudes, y Cristo convoca las multitudes, sanándolas, y no tiene miedo de despacharlas, mostrándoles la Cruz.
“Al ver el gentío” San Mateo 5,1, Cristo predica estas palabras tan difíciles de entender y asimilar, ¿qué es ésto de llamar felices precisamente a todos los que el mundo consideraría inútiles, problemáticos, ? ¿Por qué Jesús habla de esta manera? Porque ha visto el gentío.
Jesús, en ese sentido, actúa como el corazón, que tiene dos movimientos, nos enseña la fisiología: sístole y diástole, congrega la sangre y la expulsa; así también hace Jesucristo, congrega multitudes y las despide; a veces Cristo es atrayente, y a veces es repelente, el que se quede, ése el discípulo.

Cristo no siempre es atrayente, a veces es atrayente pero a veces es repelente. Sí cuando Cristo nos despide, o parece despedirnos, no nos vamos, los que quedamos o los que queden, quedan purificados.

martes, 31 de octubre de 2017

Marcapasos

Completarnos como personas, para realizarnos perfectamente como cristianos necesitamos así: necesitamos que la noche nos haga extrañar el día, y que luego la fatiga del día nos haga extrañar el descanso de la noche.
 La vida cristiana es una vida que requiere ritmo, como el corazón humano: el corazón no está solamente apretado o estrujado, así no bombearía; pero tampoco está sólo distendido, así tampoco bombearía.
La sangre se mueve porque el corazón se estrecha y se ensancha. Y si uno quisiera mandarle al corazón: "Bueno, quédate sólo estrecho", eso se llama un infarto; y si uno quisiera decirle al corazón: "Quédate sólo distendido", ese es otro infarto.
Para que la vida no tenga infarto, para que la vida tenga ritmo, para que la vida camine, y para que camine según Dios, es necesario que palpite. Lo que sucede es que uno a veces quiere infartar la vida, porque uno quisiera, por ejemplo, que el corazón estuviera sólo distendido, pero resulta que si todo fuera así, consolación, entonces faltaría ese impulso que hace caminar la sangre.
Claro que si todo fuera preocupación, faltaría ese descanso que nos permite tomar respiro para avanzar.
Se nos invita a pensar en una vida con ritmo, pero lo importante es que ese ritmo se lo da la vida misma.
Viene mi invitación a estar sintonizados con el ritmo de Dios. Después del pecado ya el corazón humano no palpita a la velocidad que debe; necesita una ayuda. Cuando el órgano del corazón necesita ayuda, le ponen un aparatico que llaman "marcapasos", que ayuda a controlar precisamente que no se acelere pero que tampoco se detenga.
Puede decirse que el cristiano es un ser humano con "marcapasos", que tiene esa ayuda de la gracia y que tiene ese paso del Espíritu para acompasar su corazón al ritmo de Dios. No soy yo el que le tengo que poner el ritmo a Dios, sino es Dios, en la unción de su Espíritu, el que le da el ritmo a mi vida.
Un cristiano es un ser muy hermoso, es un ser muy sabio, es un ser indestructible, es un ser victorioso. Porque cuando llega la tribulación, él no siente que lo están aplastando sino que ha llegado el momento de bombear la sangre; y cuando llega el descanso, él no siente que "ahora llegó el tiempo de mi triunfo"; sino siente que es "el 

sábado, 28 de octubre de 2017

Alabad

 "Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos" Jeremías 20,13. Hay la experiencia de ser oprimido, pero también hay la experiencia de la liberación.
Lo mismo sucede en la Carta a los Romanos: hay la experiencia de la culpa, del pecado, de la muerte, pero hay la experiencia de la gracia. Y estas palabras de San Pablo son de muchísimo consuelo para nosotros: "No hay proporción entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.
A nosotros nos parece que el pecado, que la maldad, a veces rebasa todo límite. "¿Cómo es posible que esto pase en mi país? ¿Cómo es posible que esto pase en mi familia? ¿Cómo es posible que esto pase en la humanidad? ¿Cómo es posible?"
Nosotros vemos inmensa la culpa, pero San Pablo nos dice que hay algo todavía más grande que esa montaña que a nosotros nos parece gigantesca: "No hay proporción entre la culpa y el don. Si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos" Carta a los Romanos 5,15.
De manera que ser cristiano, no es tapar los ojos frente a la realidad del mal. Hay mal en nuestras vidas. Somos incoherentes, todos. Somos pecadores, todos. Hay problemas en todas las familias, en todas las culturas, en todos los países.
Hay culpa, hay pecado, nos desanimamos, sentimos lo de Jeremías: "¡Pavor en torno!" Jeremías 20,10. "¿A dónde voy a mirar?" Mas, "no hay proporción entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.

Luego, existe algo más grande que todo ese tamaño de culpa, de problema. ¡Hay algo maravilloso! Y eso maravilloso es el don, es el regalo, es la gracia de Dios.

Experiencia

La Biblia es un libro supremamente realista; no es un libro de fantasías ni de imaginaciones. Es un libro que nos habla claramente, de los momentos duros de la vida y de las cosas desagradables, dolorosas, que uno puede encontrar en este camino.
Esa experiencia del profeta Jeremías, cuántas personas se la podrían apropiar: "Oigo el cuchicheo de la gente. ¡Pavor en torno!" Jeremías 20,10. Se siente angustiado, se siente amenazado, se siente perseguido.
Es una experiencia casi enloquecedora la que vive Jeremías, especialmente, porque él ha intercedido, él ha rogado por sus enemigos, pero sus oraciones no han recibido más respuesta que las burlas. Siente su fe fracturada, siente dolor en su alma.
 La Carta de San Pablo a los Romanos. Aparecen otras experiencias tenebrosas. Por ejemplo, nos dice: "La muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán" Carta a los Romanos 5,14.
¡La muerte que reina! El Papa, en estos días, habla con frecuencia y denuncia la cultura de la muerte: centenares de miles de abortos, muertos por hambre, muertos en la guerra, muertos por desesperación. Casi pareciera que estuviéramos dando culto a la diosa de la muerte.
¡Esa experiencia de maldad, esa experiencia de la culpa, esa experiencia del pecado! "Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado, la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque pecaron" Carta a los Romanos 5,12.
La Biblia conoce esa realidad. No la esquiva. Por tanto, las palabras de Jesús no son palabras en el vacío. Cuando Él dice: "No tengáis miedo" San Mateo 10,31, es porque hay razones para tener miedo.

Hemos escuchado a Jeremías quejarse; hemos escuchado el corazón oprimido de Jeremías. Pero la lectura termina con un canto de esperanza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Brillo

"Aspirad a los dones más perfectos" Carta a los Colosenses 3,2.

Busca con ilusión, con confianza en Él, con paz, con humildad, avanza seguramente eso va a traer renuncias y vas a tener que inmolar algo de ti, eso es crucificar la carne, pero seguramente nace algo nuevo, algo bello, algo grande, algo santo.
San Lucas 14,12. Trata de mirar cuál a esa persona a la que tú puedas hacer algo, que no te lo puede devolver.
Eso es lo que hace insufrible la vida, ese quitar la palabra fantástica, la palabra gracia; la palabra, la única palabra que le trae brillo y vida a la vida, es la palabra gracia; pero la palabra gracia nace cuando la carne se inmola, cuando David desaparece y su descendiente, Cristo, surge; cuando el orden de la carne baja y cuando la novedad del Espíritu amanece.
Sigue la intuición más alta y bella que Dios haya puesto en tu alma, algo morirá en ti, pero por fin serás fecundo.
Encontrarás para qué se hizo la vida, para qué estamos en la tierra, y ahí encontrarás, por qué, cuando esa palabra se muere, entonces se escriben obras como "La Montaña del Alma".
Sigue la intuición más bella de tu alma, algo va a morir en ti, siempre hay que dar algo, siempre, pero tú vas a encontrar lo que no tenías, tú vas a encontrar ese Pan de Cielo.
El Espíritu Santo te va removiendo por dentro, te va removiendo la memoria, quizás trae a tu mente el recuerdo de alguien.
"Dios es de vivos" San Marcos 12,27,recordaba la vocación fundamental del ser humano en la gloria del Padre Celestial en los cielos.
De todos los mandamientos y de todos los preceptos, hay algo que es fundamental: el amor a Dios y el amor al prójimo.
¡Qué bueno que Jesús nos recuerda a nosotros una y otra vez qué es lo esencial dentro de nuestra vida; Jesús tiene una mirada; Jesús no nos deja dispersar.
 "Si desconoces el don de Dios" San Juan 4,10, ". Maravilloso entrar en diálogo con Jesucristo y que Jesús nos lleve al núcleo y a la verdad de nuestra propia vida; esto es lo propio de los que han aceptado a Cristo con todas sus consecuencias; se han sentido confrontados por Jesús.
Sentirnos así confrontados por Jesús, ponernos solamente ante Él; Jesús nos lleva a la verdad de nuestro corazón, nos lleva a lo esencial de nuestra vida; nos obliga, en ese sentido, a ser verdaderos, a recoger el centro de nosotros mismos.
Jesús nos devuelve a la verdad de nosotros mismos. Que Él, con la gracia de su Espíritu, se haga presente como Rey en nuestros corazones y los lleve a esa confrontación sincera, porque es una persona que se ha vuelto transparente, una persona que tiene una sola intención.
Que Jesús nos extienda, que no quede ni un pliegue, ni una sombra, ni un doblez; que todo quede iluminado por ÉL, que llegue cada uno a la verdad de sí mismo.
Cuando una persona está así extendida, como el alma de la Santísima Virgen, cuando una persona está así extendida ante Dios, es una persona sincera, transparente, clara, no tiene nada qué ocultar, se sabe de dónde viene, se sabe para dónde va.
Un alma así transparente, un alma llena de luz tiene también una palabra creíble.
Que salga de nosotros todo lo que no le pertenezca a Jesucristo, y que haga nuestros corazones así,
Jesús tiene un oído finísimo, acuérdate lo que le pasó con los saduceos, acuérdate lo que le pasó con los fariseos: llegan estos con su gran hipocresía: "Sabemos que tú eres muy sincero, sabemos que tú dices la verdad sin contemplaciones, por eso venimos a preguntarte: ¿Pagamos impuesto o no pagamos impuesto?" San Marcos 12,14.
Jesús capta la hipocresía inmediatamente, les dice: "¿Ustedes por qué me tienden trampas?
Yo creo que Jesús tiene muchas cosas que corregirnos tiene muchas cosas que limpiar en nuestros corazones, hasta que el alma esté sin pliegues, hasta que esté limpia y transparente, y la voz entonces suene cristalina, suene creyente, que cada persona que nos escuche, diga como decía San Pablo: "Aquí hay un administrador de los misterios de Dios" 1 Corintios 4,1 así decía San Pablo.
Que la gente sólo vea en nosotros administradores de los misterios de Dios; eso es tener el alma limpia, la caja de resonancia limpia, y ahí resuena la voz de Dios.

Y, claro, una palabra así hace maravillas, es una palabra que encuentra eco en las últimas fibras del corazón de los oyentes, transforma corazones también y le da la gloria a Dio

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Vida

------

 (Ex 20, 13).

Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal (Mt 5, 21-22).

2258 ‘La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente’ (CDF, instr. "Donum vitae" intr. 5).

                                                                                                               El respeto de la vida humana

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: ‘¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano’ (Gn 4, 10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:

Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre... Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre (Gn 9, 5-6).

El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: ‘No quites la vida del inocente y justo’ (Ex 23, 7). Homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: ‘No matarás’ (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52).

                                                                                                                       La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ‘La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita... y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.”

2266 La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la Pena de muerte. Por motivos análogos quienes poseen la autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo.

Las penas tienen como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, tiene un valor de expiación. La pena tiene como efecto, además, preservar el orden público y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene también un valor medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

2267 Si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, en tal caso la autoridad se limitará a emplear sólo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

                                                                                                                       El homicidio voluntario

2268 El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10).

El infanticidio (GS 51, 3), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades.

2269 El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro.

La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf Am 8, 4-10).

El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de causarla.

                                                                                                                                  El aborto

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11)

Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El Aborto  directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’ ( CIC can. 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’ ( CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’. (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, ‘si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación... Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 2).

2275 Se deben considerar ‘lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 3).

‘Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 5).

‘Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 6).

La eutanasia

2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, Eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.

2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el ‘encarnizamiento terapéutico’. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

                                                                                                                         El suicidio

2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El Suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.
                                                                                                   II El respeto de la dignidad de las personas

El respeto del alma del prójimo: el escándalo

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: ‘Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar’ (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a ‘condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos’ (Pío XII, discurso 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que ‘exasperan’ a sus alumnos ( Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!’ (Lc 17, 1).

                                                                                                                    El respeto de la salud

2288 La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.

El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez: alimento y vestido, vivienda, cuidados de la salud, enseñanza básica, empleo y asistencia social.

2289 La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas.

2290 La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

2291 El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral.

                                                                                             El respeto de la persona y la investigación científica

2292 Los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.

2293 Tanto la investigación científica de base como la investigación aplicada constituyen una expresión significativa del dominio del hombre sobre la creación. La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites.

2294 Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios de orientación no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de otros, y, menos aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica requieren por su significación intrínseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios.

2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El eventual consentimiento de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.

2296 El Trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente. El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.

                                                                                                            El respeto de la integridad corporal
 
2297 Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo, que amenaza, hiere y mata sin discriminación es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf DS 3722).

2298 En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

                                                                                                                      El respeto a los muertos

2299 A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Deben ser ayudados por la oración de sus parientes, los cuales cuidarán que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

2300 Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf Tb 1, 16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

2301 La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio.

La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (cf CIC can. 1176, 3).

                                                                                                             III La defensa de la paz

2302 Recordando el precepto: ‘no matarás’ (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:

La cólera es un deseo de venganza. ‘Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito’; pero es loable imponer una reparación ‘para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 158, 1 ad 3). Si la cólera llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: ‘Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal’ (Mt 5, 22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. ‘Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...’ (Mt 5, 44-45).

2304 El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la ‘tranquilidad del orden’ (S. Agustín, civ. 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).

2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el ‘Príncipe de la paz’ mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, ‘dio muerte al odio en su carne’ (Ef 2, 16; cf Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres le hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. ‘El es nuestra paz’ (Ef 2, 14). Declara ‘bienaventurados a los que construyen la paz’ (Mt 5, 9).

2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78, 5).

                                                                                                                   Evitar la guerra

2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra (cf GS 81, 4).

2308 Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.

Sin embargo, ‘mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa’ (Gs 79, 4).

2309 Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

– Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

– Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

– Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

– Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la ‘guerra justa’.

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.

2310 Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.

Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz (cf GS 79, 5).

2311 Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf GS 79, 3).

2312 La Iglesia y la razón humana declaran la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. ‘Una vez estallada desgraciadamente la guerra, no todo es lícito entre los contendientes’ (GS 79, 4).

2313 Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros.

Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.

2314 ‘Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones’ (GS 80, 4). Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes (cf PP 53), y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.

2316 La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima empresas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.

2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra:

En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: ‘De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate’ (Is 2, 4) (GS 78, 6).

RESUMEN

2318 ‘Dios tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre’ (Jb 12, 10).

2319 Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.

2320 Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador.

2321 La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común.

2322 Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27, 3), gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

2323 Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.

2324 La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador.

2325 El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento.”

2326 El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar.”

2327 A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: ‘del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor’.

2328 La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes.

2329 ‘La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable’ (GS 81, 3).

2330 ‘Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios’ (Mt 5, 9). 
EXAMEN DE CONCIENCIA QUIENES ATENTAN CONTRA EL QUINTO MANDAMIENTO
La vida humana es sagrada.  ¿He matado?   ¿Me he atribuido el derecho de matar de modo directo y voluntario a un ser humano; sea el que sea?
»    ¿Le he hecho a alguna persona, algo, con intención de provocar indirectamente su muerte?
»    ¿Le he negado la asistencia a cualquier persona en estado de peligro?
»    ¿He llegado a herir a alguien? ¿he conducido irresponsablemente cualquier vehículo, colocando en riesgo mi vida  y la de los acompañantes?
»    ¿He participado indirectamente y con conocimiento previo en cualquier acto donde se asesine alguna  persona, y no he puesto mi total empeño para prevenirlo?
»    ¿He participado directa o indirectamente en algún aborto provocado? (Jr 1,5). (se incurre en excomunión ipsofacto reservada al Obispo; o sea que es una forma como la Iglesia, manifiesta la gravedad de este crimen).
»    ¿He practicado la eutanasia, o sea, que he puesto fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, o he consentido o ayudado a ello por acción o por omisión?
»    Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado.....  ¿He intentado suicidarme?.  ¿He colaborado voluntariamente en el suicidio de alguien?
»    El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal.   El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo; y puede ocasionarle la muerte espiritual.....    Por acción o por omisión...  ¿He escandalizado a alguien arrastrándolo a una falta grave, o sea, haciéndolo pecar?  (Tm 18,6)
»    ¿Considero mi cuerpo como un “valor absoluto”, llegando a sacrificar todo a él, o he llegado a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo en un relativo “culto al cuerpo”?
»    ¿He abusado de la comida, del alcohol o licores, del tabaco o del cigarrillo, o de las medicinas?
»    ¿He usado drogas o sustancias alucinógenas?   ¿He producido, o traficado o negociado con sustancias que incitan a prácticas graves, contrarias a la ley moral?
»    ¿He utilizado mensajes subliminales para dominar la voluntad de las personas?
»    ¿He puesto en peligro mi salud mental y espiritual, al querer distraerme con música que contiene mensajes subliminales que incitan a prácticas de violencia, rebeldía, y otras contrarias al verdadero amor que invita a practicar Jesucristo?
»    ¿He participado directa o indirectamente en secuestros, actos de terrorismo o torturas?
»    ¿He participado en amputaciones, mutilaciones, o esterilizaciones forzosas a personas inocentes?
»    ¿He ayudado a los moribundos a permanecer dignamente sus últimos momentos, acompañándolos en oración, y cuidando que reciban a tiempo los sacramentos?
»    ¿Tengo en mi corazón un deseo de venganza por el mal que me han causado? (Mt 5,22)
»    ¿Siento odio, rencor o resentimiento por alguien; le he deseado el mal? ¿Quiero sanarme de esos sentimientos? (Mt 5, 44 – 45)
»    ¿He evitado todo conflicto, pelea o guerra, en la medida de mis capacidades?



  QUIEN COMO DIOS, NADIE COMO DIOS!