miércoles, 26 de julio de 2017

Acto



1.    Para conocer a Dios, para recibir la revelación de Dios, hay que tener un alfabeto básico, como una gramática básica, y ese alfabeto y esa gramática está fundamentalmente en el acto de dar, en el acto de perdonar, en el acto de reconocer el pecado, y en algunas otras cosas así sencillas.
2.    Cuando nosotros vivimos esta generosidad, aunque sea en pequeño, ya tenemos, como he dicho, un estribo, un escalón, algo para que Dios nos muestre quién es, para que Dios nos enseñe algo de su generosidad.
3.    Es necesario practicar esa generosidad; si no se puede en los semáforos, se podrá en algún lugar; si no se puede en las calles, se podrá en algún sitio, de pronto esa persona a la que es necesario dar está muy cerca de nosotros, es posible.
4.    Lo importante es, que por medio de estos actos, nosotros captemos algo, descubramos algo de lo que es el Señor, propósito práctico.
5.    Entonces, vamos a pensar que de lo nuestro vamos a sacar para dar, para entregar, y en el acto mismo de darlo, vamos a pedirle al Señor: "Enséñame la gramática de tu amor, enséñame el estilo de tu amor, enséñame qué significa amar".

6.    Dios, así como en la Eucaristía toma ese pan de trigo y lo hace Pan del cielo, Pan de Ángeles, Pan de vida, así también, si nosotros ofrendamos a Dios nuestra

2C0r 13,13




El Espíritu Santo que ungió a Jesús viene a nosotros, y desde nosotros, desde lo más profundo de nuestro ser, desde esa región tan íntima que ni siquiera tiene nombre en nuestras propias vidas, desde ahí, desde las entrañas de nuestro ser hace brotar una oración purísima, una oración que es concorde plenamente con aquello que pronunciaron los labios de Jesucristo, el Padrenuestro.
El tiempo pascual tiene como esos dos centros al mismo tiempo estamos recordando la victoria de Cristo y preparando la efusión del Espíritu, es decir, la fiesta de Pentecostés, esa es la fiesta hermosa.Espíritu Santo que ungió a Jesucristo, viene a nuestros corazones para que nosotros oremos, vivamos y actuemos como Jesucristo reconociendo a Dios Padre. Ahí está la Trinidad, y ese es el misterio que celebramos .
Está el Espíritu que viene a nosotros, está Cristo que nos enseña y está el Padre Celestial de quien procede Cristo y de quien procede el Espíritu.
El Padre Celestial es la fuente de donde hemos recibido toda bendición, por eso los Padre de la Iglesia, antiguos y santos predicadores, hablaban del Hijo y del Espíritu como las dos manos, los dos brazos de Dios Padre.
Papá Dios nos abraza con el Hijo y con el Espíritu y nos acerca a su corazón. Y ese abrazo paterno, ese abrazo vital del Espíritu, eso es lo que nosotros queremos celebrar; ese brazo vital que es del Espíritu y que es de Cristo, pero que tiene su fuente en el Padre, ese abrazo de nuestro Padre Dios que nos recoge, que recoge todo nuestro ser, que recoge nuestros anhelos más profundos, que recoge nuestras esperanzas más íntimas, nuestras alegrías más puras, eso celebramos en esta hermosa fiesta de la Santísima Trinidad.
Y por eso yo quiero destacar aquella frase que está en la conclusión de la Segunda Carta a los Corintios, eso es allá en el capítulo trece, cuando dice el Apóstol San Pablo: "La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios nuestro Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes" 2 Corintios 13,13.

Ahí está la Trinidad, ahí está el misterio de Dios para que lo recibas, para que lo vivas, para que lo abraces.

2 Cor 13,11



Dios de la paz estará con vosotros" 2 Corintios 13,11, y da una serie de señales de cómo es la presencia de Dios en la comunidad, y las señales que da Pablo no son multiplicación de grandes milagros ni prodigios infinitos, sino cosas elementales.
 Las señales de la presencia de Dios: "Alegraos, trabajad por la perfección, animaos, tened un mismo sentir, vivid en paz" 2 Corintios 13,11, cosas elementales.
ES tan sencillo pero tan profundo, en esa caridad, en esa alegría, en esa búsqueda de la perfección, en ese darnos ánimo los unos a los otros, ahí está Dios.
El Dios grande, el Dios infinito en medio de las cosas elementales, de las cosas sencillas.
En el Evangelio la enseñanza es: el misterio de Dios pronunciaban el nombre de Dios con un respeto infinito ante su presencia. Dios impronunciable, ese Dios que casi parece inaccesible, como nos dice la Carta de Santiago, ese Dios es el que ama al mundo y que llega al extremo de entregarle a su Hijo único para que quien cree en Él no perezca.
Es una manera muy linda de descubrir a Dios, Dios es grande, tan grande para llenarnos de admiración; y Dios es cercano, tan cercano para llenarnos de confianza. El corazón verdaderamente cristiano sabe vibrar en estas dos frecuencias. Una gran confianza con Dios y una profunda, una profunda admiración al misterio de Dios.
Que estas reflexiones nos ayuden a vivir con mayor intensidad , nos ayuden también a entregar nuestra vida al Señor.

Precisamente, porque es grande, lo merece todo de nosotros; y precisamente, porque es cercano, no desprecia ninguno de nuestros dones.

jueves, 6 de julio de 2017

Grieta







Jesús , con su sacrificio en la cruz produjo, una brecha, produjo una grieta en el corazón humano, a através de esa grieta, a través de esa brecha puede entrar la fuerza del amor de Dios para cambiarnos. Esta es la gran diferencia entre el sacrificio de Cristo y los sacrificios de la antigua Alianza.
Cristo, con su sacrificio, revienta su Corazón, lo rompe, lo desgarra; pero con su sacrifico también desgarra, rompe nuestros corazones. Cualquier persona que reflexione, que piense un poco en la manera como vivió y murió jesús, siente que se le parte el alma.

Jesús rompió su propio Corazón de amor en su sacrificio, y fue traspasado por la lanza del soldado; así también nuestros corazones, cuando de veras miramos hacia Jesucristo, también se rompen. Así como de Jesús salió la expresión de su amor con la última gota de su Sangre, así también, nuestros corazones que se rompen Hermanos de Jesùs Lumen Gention les saludo y solicito sus oraciones ya que me someteran a una intervenciòn quirùrgica y solo ese amor de Jesús que se infunde en nosotros y que llega a nosotros es el que nos conforta, porque Jesús sí puede todo, Jesús sí puede recuperar lo humano con la fuerza de su oración, con el poder de su gracia y con la elocuencia de su sacrificio. en la Pasión de Cristo, pueden recibir ese amor de Jesús.

Opera




Principalmente el Espíritu opera en nuestra inteligencia y en nuestra voluntad. Lo propio de la facultad de la inteligencia es buscar lo que es verdadero, lo propio de la voluntad es recibir y sobre todo dar el amor, pero también la voluntad es el ambiente propio, es el lugar de nuestras resoluciones y es el motor de los caminos que emprendemos mientras estamos en esta tierra. El Espíritu  Nos ayuda a descubrir qué es lo bueno, en el bien y qué es lo malo en el mal, de modo que aunque el bien a veces sea arduo el Espíritu nos ayuda a esclarecer que ahí está nuestro verdadero bien . Cristo dijo: “el camino de la vida cristiana es empinado, es como una puerta estrecha y el camino de la perdición es ancho y muchos se iban por ese camino de perdición”  Mat 7,13-14. Podemos decir del Espìritu Santo de una manera simétrica con respecto al bien, a veces hay esfuerzos, a veces hay renuncias que nos cuestan mucho, pero el Espíritu nos ayuda a descubrir que detrás de esa renuncia hay un bien real, hay un bien auténtico para nosotros, eso hace en la inteligencia.

En nuestra voluntad el Espíritu Santo nos hace en primer lugar sensibles al dulce amor de Dios nuestro Padre, de manera que experimentemos nuestra realidad de hijos, la vivamos, la agradezcamos; bendigamos y alabemos a Dios por ser nuestro Padre y seamos capaces también de llevar una vida como hijos suyos; por eso también el Espíritu nos empuja hacia la dirección de lo que es bueno, de lo que es digno, de lo que es santo, de lo que es justo. El Espíritu es la fuerza de los mártires, es el fuego de celo que encontramos en los misioneros, es el que conduce a aquellos que hacen auténtica penitencia y es el que sostiene en su fidelidad a aquellos que le han hecho promesa al Señor de seguirlo también por la senda estrecha.