Un cristiano es un ser muy hermoso, es un ser muy sabio, es indestructible, es victorioso.
La sal porque da el sabor, la sal porque impide que se corrompa el alimento .
Luz del mundo porque muestra el camino, porque denuncia las tinieblas. Estas
palabras las dice el Señor, como sabemos, después de haber proclamado las
bienaventuranzas. Por lo menos en la redacción actual del Evangelio, después de
esa proclamación de "quiénes son los felices", que les dice que, con
esa felicidad, que con ese modo de vida son la sal de la tierra y son la sal
del mundo.
Para darle entonces sabor a la tierra se necesita estar un poco en contravía
de la felicidad de este mundo; y para dar la luz al mundo se necesita ir un
poco en contravía, pero sólo un poco de lo que el mundo espera de sus
seguidores, de sus adeptos.
El cristiano, mezclado con el mundo, como la sal
con el alimento, en cierto modo desaparece, pero también conserva su identidad.
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