lunes, 7 de octubre de 2019

SEÑALES

La admiración y el cariño: estos son los sellos de la santidad grande en la Iglesia. Inspirar sólo cariño, o inspirar sólo admiración, es pequeño. Lo verdaderamente grande, el verdadero servicio a Cristo, está en poder inspirar las dos cosas: poder inspirar cariño, que haga sentir la cercanía de Cristo, y poder despertar admiración, que haga clara la gracia de Jesucristo.
La santidad cristiana tiene, por decirlo así, estas dos dimensiones, y despierta en nosotros, como ya lo despierta desde Jesucristo, estos dos sentimientos: la cercanía del cariño, y la distancia de la admiración.
No queramos ser solamente admirados, porque entonces seremos lejanos; no queramos ser solamente cercanos, porque entonces seremos tal vez inútiles. Hay que saber tener al mismo tiempo, la ternura y la grandeza.
Y esto fue lo que tuvo Lorenzo. ¿De quién lo aprendió? De Jesucristo, a quien encontró en los pobres, y a quien encontró en la hora de la muerte.
Hay un testimonio escrito que aparece en las antífonas de la Liturgia de las Horas para este día, un testimonio de las palabras de Lorenzo mientras se acercaba el momento de la muerte. Y en esas palabras podemos destacar tres cosas: primera, una que revisa.
Por todas partes Dios nos está dando señales a la vista de todos, y en esas señales nos está llamando a una vida verdaderamente consagrada, una vida en verdadera gratitud, una vida en verdadera alabanza, una vida que valga la pena.
Pero escapa de nuestras manos esa constancia, esa firmeza, esa generosidad, eso escapa de nuestras manos. Pues bien, Precisamente las señales que Dios nos ha dado son señales que apuntan a una certeza: "Yo voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo, yo voy a estra contigo; emprende un camino nuevo, un camino de renovación de tu bautismo, de renovación de tu consagración; empréndelo hoy, empréndelo que yo voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo".
Estas palabras, las palabras de Dios, penetren en nosotros. "No olvidéis las acciones del Señor" Salmo 77,12, no olvides lo que ha hecho por ti, no olvides lo que quiere hacer contigo, no lo olvides, jamás lo olvides.
Desde ahí, el descubrimiento de la misericordia; y desde ahí, la práctica de la compasión, especialmente por el testimonio de las buenas obras.
3El corazón es el lugar donde se toman las decisiones. El corazón es como esa privacidad última, allí donde finalmente yo puedo sustraerme de todas las otras voces, y donde yo descubro, -si quiero, por lo menos-, mi propia verdad. Ese es el corazón, ese es el sentido del corazón.
Por eso en la Biblia, el corazón aparece relacionado no solamente con sentimientos, o no solamente con emociones o pasiones, sino también con los pensamientos, allá, los pensamientos del corazón. Aparece relacionado con la conciencia, con las decisiones y también con la oración. Porque es como hablar de lo más profundo y es como hablar de lo más íntimo de la persona, allí donde ella es simplemente ella misma.
Jeremías había dicho hace unos días, que Dios anunciaba una Nueva Alianza. La diferencia más notable entre la Nueva Alianza y la Antigua Alianza, es que ahora la Ley va a estar escrita, no en piedra, afuera, sino que va a estar escrita en el corazón. Así hablaba Dios por medio de Jeremías.
La misma idea es la que encontramos ahora con el Profeta Ezequiel, pero con un elemento más. Se trata de un corazón nuevo. Ya no es que viene una palabra nueva al corazón, sino se trata de un nuevo corazón: "Arranqué de ustedes el corazón de piedra" Ezequiel 36,26.
¿A qué se refiere el corazón de piedra? No es un asunto solamente de sentimientos, pues no es simplemente hablar de: "Ustedes son muy duros". Aquí no se trata de la dureza de la gente; por ejemplo, que les falta compadecerse unos de otros.
Eso puede estar implícito, pero muy probablemente, el corazón de piedra es sobre todo el corazón que rechaza la voz, es el corazón que no tiene dónde recibir una palabra, es el corazón que hace eco, es el corazón que devuelve lo que tú le envías pero no lo acepta, es el corazón que no recibe.
Ese es el corazón de piedra. Y es el contraste grande entre la carne y la piedra. El corazón de piedra no recibe. La carne, en cambio, recibe, incluso recibe el dolor de un golpe, tal vez; recibe el dolor de una enfermedad, recibe el lamento de una lágrima. Dios promete no solamente como en Jeremías, que va a escribir una ley en nuestro corazón, sino que nos va a dar un corazón así, un corazón de carne, un corazón que pueda recibir.
Es muy interesante que la Biblia hace un gran elogio del rey Salomón, como seguramente recordamos. Y quizás recordamos también, cuál fue la oración que hizo Salomón cuando Dios se le apareció y le dijo: "¿Qué quieres que te conceda?" 1 Reyes 3,5. Lo que respondió Salomón fue: "Un corazón que sepa escuchar, un corazón que pueda recibir"1 Reyes 3,9.
En el recuerdo de muchos de nosotros, la idea que hay, es que él pidió sabiduría. ¡Sí! En el fondo estaba pidiendo sabiduría. Pero es interesante la manera como la pide. Lo que él pidió fue, "un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9; es decir, un corazón que no rebote las palabras.
Nosotros solemos relacionar el corazón con el mundo de los sentimientos. El corazón es para nosotros el lugar donde se da el cariño, donde se da el odio, o donde se da la indiferencia. Y con estas palabras, nos estamos refiriendo sobre todo a sentimientos.
Para los semitas, el corazón no tenía que ver solamente con sentimiento. El corazón es el recinto más íntimo de una persona, es como el lugar donde ella está verdaderamente a solas, a solas consigo misma, a solas con su propio destino, a solas con Dios.
El corazón es el lugar donde se toman las decisiones. El corazón es como esa privacidad última, allí donde finalmente yo puedo sustraerme de todas las otras voces, y donde yo descubro, -si quiero, por lo menos-, mi propia verdad. Ese es el corazón, ese es el sentido del corazón.
Por eso en la Biblia, el corazón aparece relacionado no solamente con sentimientos, o no solamente con emociones o pasiones, sino también con los pensamientos, allá, los pensamientos del corazón. Aparece relacionado con la conciencia, con las decisiones y también con la oración. Porque es como hablar de lo más profundo y es como hablar de lo más íntimo de la persona, allí donde ella es simplemente ella misma.
Y Jeremías nos había dicho hace unos días, que Dios anunciaba una Nueva Alianza. La diferencia más notable entre la Nueva Alianza y la Antigua Alianza, es que ahora la Ley va a estar escrita, no en piedra, afuera, sino que va a estar escrita en el corazón. Así hablaba Dios por medio de Jeremías.

La misma idea es la que encontramos ahora con el Profeta Ezequiel, pero con un elemento más. Se trata de un corazón nuevo. Ya no es que viene una palabra nueva al corazón, sino se trata de un nuevo corazón: "Arranqué de ustedes el corazón de piedra" Ezequiel 36,26.

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