La admiración y el cariño:
estos son los sellos de la santidad grande en la Iglesia. Inspirar sólo cariño,
o inspirar sólo admiración, es pequeño. Lo verdaderamente grande, el verdadero
servicio a Cristo, está en poder inspirar las dos cosas: poder inspirar cariño,
que haga sentir la cercanía de Cristo, y poder despertar admiración, que haga
clara la gracia de Jesucristo.
La santidad cristiana tiene,
por decirlo así, estas dos dimensiones, y despierta en nosotros, como ya lo
despierta desde Jesucristo, estos dos sentimientos: la cercanía del cariño, y
la distancia de la admiración.
No queramos ser solamente
admirados, porque entonces seremos lejanos; no queramos ser solamente cercanos,
porque entonces seremos tal vez inútiles. Hay que saber tener al mismo tiempo,
la ternura y la grandeza.
Y esto fue lo que tuvo Lorenzo.
¿De quién lo aprendió? De Jesucristo, a quien encontró en los pobres, y a quien
encontró en la hora de la muerte.
Hay un testimonio escrito que
aparece en las antífonas de la Liturgia de las Horas para este día, un
testimonio de las palabras de Lorenzo mientras se acercaba el momento de la
muerte. Y en esas palabras podemos destacar tres cosas: primera, una que
revisa.
Por todas partes Dios nos está
dando señales a la vista de todos, y en esas señales nos está llamando a una
vida verdaderamente consagrada, una vida en verdadera gratitud, una vida en
verdadera alabanza, una vida que valga la pena.
Pero escapa de nuestras manos
esa constancia, esa firmeza, esa generosidad, eso escapa de nuestras manos.
Pues bien, Precisamente las señales que Dios nos ha dado son señales que
apuntan a una certeza: "Yo voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo,
yo voy a estra contigo; emprende un camino nuevo, un camino de renovación de tu
bautismo, de renovación de tu consagración; empréndelo hoy, empréndelo que yo
voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo".
Estas palabras, las palabras de
Dios, penetren en nosotros. "No olvidéis las acciones del Señor" Salmo 77,12, no
olvides lo que ha hecho por ti, no olvides lo que quiere hacer contigo, no lo
olvides, jamás lo olvides.
Desde ahí, el descubrimiento de
la misericordia; y desde ahí, la práctica de la compasión, especialmente por el
testimonio de las buenas obras.
3El corazón es el lugar donde se
toman las decisiones. El corazón es como esa privacidad última, allí donde
finalmente yo puedo sustraerme de todas las otras voces, y donde yo descubro,
-si quiero, por lo menos-, mi propia verdad. Ese es el corazón, ese es el
sentido del corazón.
Por eso en la Biblia, el
corazón aparece relacionado no solamente con sentimientos, o no solamente con
emociones o pasiones, sino también con los pensamientos, allá, los pensamientos
del corazón. Aparece relacionado con la conciencia, con las decisiones y
también con la oración. Porque es como hablar de lo más profundo y es como
hablar de lo más íntimo de la persona, allí donde ella es simplemente ella misma.
Jeremías había dicho hace unos
días, que Dios anunciaba una Nueva Alianza. La diferencia más notable entre la
Nueva Alianza y la Antigua Alianza, es que ahora la Ley va a estar escrita, no
en piedra, afuera, sino que va a estar escrita en el corazón. Así hablaba Dios
por medio de Jeremías.
La misma idea es la que
encontramos ahora con el Profeta Ezequiel, pero con un elemento más. Se trata
de un corazón nuevo. Ya no es que viene una palabra nueva al corazón, sino se
trata de un nuevo corazón: "Arranqué de ustedes el corazón de piedra" Ezequiel
36,26.
¿A qué se refiere el corazón de
piedra? No es un asunto solamente de sentimientos, pues no es simplemente
hablar de: "Ustedes son muy duros". Aquí no se trata de la dureza de
la gente; por ejemplo, que les falta compadecerse unos de otros.
Eso puede estar implícito, pero
muy probablemente, el corazón de piedra es sobre todo el corazón que rechaza la
voz, es el corazón que no tiene dónde recibir una palabra, es el corazón que
hace eco, es el corazón que devuelve lo que tú le envías pero no lo acepta, es
el corazón que no recibe.
Ese es el corazón de piedra. Y
es el contraste grande entre la carne y la piedra. El corazón de piedra no
recibe. La carne, en cambio, recibe, incluso recibe el dolor de un golpe, tal
vez; recibe el dolor de una enfermedad, recibe el lamento de una lágrima. Dios
promete no solamente como en Jeremías, que va a escribir una ley en nuestro
corazón, sino que nos va a dar un corazón así, un corazón de carne, un corazón
que pueda recibir.
Es muy interesante que la
Biblia hace un gran elogio del rey Salomón, como seguramente recordamos. Y
quizás recordamos también, cuál fue la oración que hizo Salomón cuando Dios se
le apareció y le dijo: "¿Qué quieres que te conceda?" 1
Reyes 3,5. Lo que respondió Salomón fue: "Un corazón que sepa
escuchar, un corazón que pueda recibir"1
Reyes 3,9.
En el recuerdo de muchos de
nosotros, la idea que hay, es que él pidió sabiduría. ¡Sí! En el fondo estaba
pidiendo sabiduría. Pero es interesante la manera como la pide. Lo que él pidió
fue, "un corazón que sepa escuchar" 1
Reyes 3,9; es decir, un corazón que no rebote las palabras.
Nosotros solemos relacionar el
corazón con el mundo de los sentimientos. El corazón es para nosotros el lugar
donde se da el cariño, donde se da el odio, o donde se da la indiferencia. Y
con estas palabras, nos estamos refiriendo sobre todo a sentimientos.
Para los semitas, el corazón no
tenía que ver solamente con sentimiento. El corazón es el recinto más íntimo de
una persona, es como el lugar donde ella está verdaderamente a solas, a solas
consigo misma, a solas con su propio destino, a solas con Dios.
El corazón es el lugar donde se
toman las decisiones. El corazón es como esa privacidad última, allí donde
finalmente yo puedo sustraerme de todas las otras voces, y donde yo descubro,
-si quiero, por lo menos-, mi propia verdad. Ese es el corazón, ese es el
sentido del corazón.
Por eso en la Biblia, el
corazón aparece relacionado no solamente con sentimientos, o no solamente con
emociones o pasiones, sino también con los pensamientos, allá, los pensamientos
del corazón. Aparece relacionado con la conciencia, con las decisiones y
también con la oración. Porque es como hablar de lo más profundo y es como
hablar de lo más íntimo de la persona, allí donde ella es simplemente ella
misma.
Y Jeremías nos había dicho hace
unos días, que Dios anunciaba una Nueva Alianza. La diferencia más notable
entre la Nueva Alianza y la Antigua Alianza, es que ahora la Ley va a estar
escrita, no en piedra, afuera, sino que va a estar escrita en el corazón. Así
hablaba Dios por medio de Jeremías.
La misma idea es la que
encontramos ahora con el Profeta Ezequiel, pero con un elemento más. Se trata
de un corazón nuevo. Ya no es que viene una palabra nueva al corazón, sino se
trata de un nuevo corazón: "Arranqué de ustedes el corazón de piedra" Ezequiel
36,26.
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