"La misión prioritaria que el Señor os encomienda hoy, renovados en el encuentro personal con Él es la de testimoniar el amor de Dios al ser humano. Estáis llamados a hacerlo, ante todo con las obras de amor y las opciones de vida en favor de las personas concretas, a partir de los más débiles, frágiles, indefensos, no autosuficientes, como los pobres, los ancianos, los enfermos, los discapacitados". La importancia del testimonio de la caridad evangélica en la dimensión social, el Papa reiteró la urgencia del compromiso pastoral en la defensa de la familia y de la vida, sin olvidar a los jóvenes:
"En toda vuestra acción pastoral no descuidéis a los jóvenes. Ellos miran hoy al futuro con gran incertidumbre, viven a menudo en una condición de malestar, de inseguridad y de fragilidad ¡pero llevan en su corazón gran hambre y sed de Dios, que requiere constate atención y respuesta!"
Ante los apremiantes desafíos de hoy, teniendo en cuenta el contexto geográfico en que se encuentran, cruce entre el occidente y el oriente de Europa, y recordando el fenómeno del turismo y de la inmigración, el proceso de homologación provocado por la acción permisiva de los medios de comunicación, que han acentuado el pluralismo cultural y religioso, el Papa renovó su invitación a "no renegar del Evangelio, comunicando con su mismo estilo de vida aquel humanismo que ahonda sus raíces en el cristianismo, para construir junto con todos los hombres de buena voluntad una ciudad más humana, justa y solidaria".
"Encomiendo también a vosotros, así como a las otras Iglesias, el compromiso de suscitar una nueva generación de hombres y de mujeres capaces de asumir responsabilidades directas en todos los ámbitos de la sociedad, en particular en el político".Finalmente en este ámbito "necesitamos más que nunca de personas, sobre todo de jóvenes, capaces de edificar una 'vida buena' en favor y al servicio de todos. De este compromiso no se pueden eximir los cristianos que somos peregrinos hacia el Cielo, pero que viven ya aquí un anticipo de eternidad".
esde Jesús. San Pablo lo resume en: Es vivir en Cristo, de manera que ya no soy yo sino que es Cristo quien vive en mí. Es un proceso de despojarse del hombre viejo, del hombre que quiere vivir en sí mismo, para sí mismo y desde su propio egoísmo. El camino es revestirnos de Jesús, buscar como lo dice Pablo: Tener las mismas actitudes de él, que siendo Dios se rebajó hasta hacerse semejante a nosotros. Pedro, en su carta, nos invita a "seguir las huellas de nuestro pastor". Si verdaderamente queremos llegar un día a habitar el lugar preparado por Jesús para cada uno de nosotros… ya sabemos cuál es el camino.
Señor, quiero que mi vida, mis actitudes, mi amor, sean una invitación abierta y constante, para que los que viven a mi lado participen y disfruten también del cielo, no sólo al final de su vida, sino incluso ya desde ahora. Sé perfectamente que para eso necesito estar lleno de tu amor, por eso te pido que me enamores y me seduzcas para no cesar de invitar
No hay comentarios:
Publicar un comentario