La vida entera, tiene que ser comunicada con fuerza a los demás. Esta preocupación debe comenzar con el ejercicio continuo de saber apreciar lo positivo de nuestros hermanos y hermanas, de nuestras obras apostólicas, de nuestra historia congregacional, de nuestras comunidades. Tener una memoria agradecida y estar bien informados de la vida de nuestra congregación para poder constatar que Dios continúa sirviéndose de mi congregación para la vida de la Iglesia y para la salvación de todos los hombres y mujeres. De aquí al deseo de que nuevas vocaciones nos sucedan en el futuro, el paso es corto.
Optimismo, valoración positiva de todo lo nuestro, deseo de vivir y de hacer mejor, son signos básicos de la salud del cuerpo apostólico y, por tanto, condiciones para acoger nuevos miembros. La colaboración con los animadores vocacionales (que necesitan sentir el aprecio y la confianza de todos) y delegados del provincial puede darse si todos están sensibilizados.
En concreto, esto puede pedir una asamblea de toda la provincia para sensibilizarse en el tema de la animación vocacional; unas buenas noticias que tengan informadas a las comunidades sobre nuestras obras y, especialmente, sobre los proyectos y realizaciones en la pastoral juvenil y vocacional; proponer una oración comunitaria y personal por las vocaciones.
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