viernes, 9 de marzo de 2012

Obedecer

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"Todo bautizado/a está llamado a vivir su propia vocación. Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu. En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua; a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo, que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios, y le están sometidos ángeles, dominaciones y potestades". 1Ped 3,18-22

El pasaje de la primera carta de San Pedro nos invita a contemplar el ejemplo de Cristo en su muerte y las promesas del bautismo.
El autor de la carta presenta a Cristo que se ofrece en oblación por nuestros pecados. Una vez más (como en 2,21-25), al pintar la imagen del Crucificado, recurre a los cánticos del "siervo doliente" del profeta Isaías. Refiere la muerte del Señor en la cruz como un sacrificio por el pecado: "Es que quiso quebrantarle Yahveh con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, tendrá descendencia y vivirá largos días" (Is 53,10). En esta muerte de Cristo según la carne, vivida como oblación, todo bautizado está llamado a descubrir su propia vocación y a estar dispuesto a poner su vida en la balanza de la justicia divina como víctima por el pecado, por las injusticias de los otros.
Como Cristo, el creyente en Él debe contar con la posibilidad de ser condenado a muerte, pero de ella resurgirá victorioso a nueva vida. Precisamente en la muerte comenzó la mayor actividad de
Cristo. San Pedro
San Pedro, señalando el ejemplo de Cristo y su actividad llena de vida que comenzó con su muerte: "fue también a predicar a los espíritus encarcelados" (1Ped 3,19), pretende que sirva como modelo para quienes son llamados al martirio. Lo que sucedió en aquel intervalo de tiempo, en las horas que transcurrieron desde su muerte hasta su resurrección, lo describe el autor de la carta con imágenes tomadas de las representaciones del judaísmo tardío. La "cárcel" es un lugar que se ha de entender algo así como en el interior de la tierra, donde los espíritus caídos están encadenados: un lugar de castigo y de horror. Cristo descendió a este lugar para dar noticia de sí y de su muerte. Con esta imagen parece expresarse una doble verdad. Por un lado, la acción salvífica del Señor fue un hecho que abarcaba todos los ámbitos del mundo, que realizaba el juicio y la gracia de Dios. Y, por otro lado, Cristo es el testigo fiel, el mártir que tras su acción salvífica dio noticia de ella a todos los seres, incluso a los que tenían sentimientos hostiles a Dios.
Desarrollando más esta idea de la predicación, san Pedro pasa de los espíritus en general a determinados hombres desobedientes. Con esto evoca dos épocas de la historia de la salvación, en las cuales aguarda cada vez la paciencia de Dios ante el juicio: el tiempo que precede al diluvio y los últimos tiempos, los tiempos cristianos. Cuando todo estaba bajo la amenaza de quedar aniquilado por las olas de la cólera divina, se preparó un medio de salvación, un arca, una caja de madera. Como Noé en el diluvio obedeciendo a Dios se confió a aquel leño y se salvó, así también nuestra vida se asocia con el leño salvador de la cruz mediante el agua del bautismo y la buena voluntad de obedecer.

2 comentarios:

  1. I43 personas han pasada la comunicación al córreo que les hace mucho bien los comentarios

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    1. Gracias, Dios les bendiga y espero que sea más fluído el ver la comunicación , por su mensaje reflexivo

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