* Apocalipsis quiere decir “revelación;” pero toda la Biblia es revelación. ¿Qué es lo propio de este libro?
* La apocalíptica es como un ensanchamiento de la profecía. Si el profeta, por excelencia “amigo de Dios,” discierne lo que Dios quiere en una coyuntura específica y para un pueblo particular, la apocalíptica amplía la mirada al conjunto de la historia y de los pueblos.
* La literatura apocalíptica ya asoma en el Antiguo Testamento a través de una serie de símbolos e imágenes. ¿Por qué estos son importantes? Por tres razones: (1) Los gestos, acciones y símbolos son enormemente fecundos en significado, y así pueden hablar más del Dios infinito. (2) La “disciplina del arcano” preserva mejor lo propio del misterio y de lo sagrado. (3) Los símbolos crean conciencia de pertenencia y de comunión.
* Lo críptico y simbólico no deben, sin embargo, llegar a lo esotérico porque ello iría en contra de la estructura misma de la revelación cristiana.
* La expresión “ángel” (en griego: ággelos) se usa a veces en su sentido propio, de seres espirituales creados por Dios, pero en otras ocasiones parece referirse al sentido genérico de “mensajero.”
* Los destinatarios son cristianos de varias comunidades de “Asia” Menor, hoy Turquía, que probablemente han sufrido la persecución de Domiciano (por error, en el audio se dice Diocleciano). El primer objetivo del libro es entonces, en primer lugar, fortalecer la fe y reanimar la esperanza de estos creyentes.
* La religión romana es una actividad civil desprovista de alma. Ello hizo que en el Imperio siempre estuviera vivo el interés por todo tipo de cultos, escuelas de pensamiento, religiones y filosofías. Los cristianos no sólo están atacados por fuera; su vigor interior ha decaído y la fe se ha mezclado con elementos ajenos a ella.
* El mensaje básico que reciben de Jesús es: “vengo pronto.” Ese pronto hay que entenderlo desde una perspectiva teológica y no cronológica. La “prontitud” o “cercanía” del Señor es un llamado a conservar clara la conciencia de lo efímero y contingente del mundo, así como a centrarnos en lo esencial y permanente, que proviene finalmente de Él.
* Las siete comunidades: son como el conjunto de la presencia cristiana en “Asia Menor” (actual Turquía). Las cartas se presentan como mensaje de Cristo que, aunque glorioso, no se desentiende de la suerte de los cristianos. Los destinatarios son cristianos de segunda o tercera generación.
* ¿Por qué no se menciona a Juan, que debía estar en Éfeso? Una hipótesis es que el autor del Apocalipsis es discípulo de Juan y usa su mismo nombre en sentido honorario, como expresión de fidelidad a su pensamiento. La principal credencial de este autor es que ha padecido por causa de Cristo y del Evangelio.
* Cristo es nombrado como “el que era, el que es y el que ha de venir.” No se trata sólo de permanencia o duración. Aquel “que ha de venir” es el que trae un tiempo nuevo, un kairós. Cristo no está esperando un tiempo sino que él trae el tiempo nuevo.
* Los “siete espíritus” alude probablemente a la plenitud (de ahí el número siete) del Espíritu que ungió al Mesías, y que tiene siete dones (véase Isaías 11). La descripción que se hace del Mesías en esta introducción recoge muchas de las principales imágenes del Antiguo Testamento
* Cristo es también “el Primero” (Alfa), es decir, con él comienza todo; y es “el Último” (Omega), no en el sentido de tener menor importancia, sino de ser definitivo: después de él nadie puede decir o cambiar nada.
* El mensaje se recibe en éxtasis. Para la profecía no es indispensable un estado de conciencia alterado pero tampoco es imposible que suceda así. En la apocalíptica, en cambio, tal enajenación, lo mismo que el lenguaje críptico, son bastante característicos, pero ello no elimina los límites de la cultura y de los recursos humanos del hagiógrafo. Así lo asegura la Constitución Dei Verbum al llamarlos “verdaderos autores.” El éxtasis no es huida de la realidad sino sumergirse en lo más profundo y mistérico de la realida
* La visión inaugural del Apocalipsis presenta a Cristo como próximo a los siete candeleros, que representan, con imagen elocuente, lo que es y debe ser la Iglesia. Los mensajes de los capítulos 2 y 3 van dirigidos a los “ángeles” de esas iglesias, término que puede aludir a creaturas espirituales pero que más probablemente se refiere a los responsables de esas iglesias (hoy diríamos, sus obispos), o a profetas que tenían un encargo más o menos estable dentro de las respectivas comunidades. Al respecto, hay respaldo en la predicación de san Pablo: Efesios 2,20; 4,11-12; y véase también Hechos 13,1.
* Los mensajes a las iglesias tienen una estructura común: saludo, diagnóstico, promesa si se da conversión y perseverancia. Cristo, en esos mensajes, es el que “conoce” la realidad de las iglesias, y por lo mismo tiene autoridad inmediata para ordenar y disponer lo pertinente a cada una.
* En Éfeso se elogia la fidelidad pero se critica la pérdida del “amor primero.” Tratándose de una comunidad de cristianos de segunda o tercera generación, cronológicamente hablando, es posible que la alusión va no solamente a una recuperación de fervor sino a un volverse a la predicación y el testimonio apostólico que recibieron los primeros convertidos de esa comunidad.
* Otro peligro son los nicolaítas, de los que muy poco conocemos. Pero aprovechando el hecho conocido de las influencias gnósticas o pre-gnósticas en toda esa área conviene aclarar algo sobre las pretensiones de la gnosis.
* La gnosis trabaja con la metáfora de una montaña, en cuya cima estaría el conocimiento de las “leyes de la vida” (o “del cosmos”) que deberían servir para saber vivir, y para ser más espiritual, y para ascender en el ser.
* Las primera consecuencia de este enfoque gnóstico es que las religiones y filosofías no importan, pues todas son equivalentes. Cristo, como tal, tampoco importa, pues sería simplemente un mensajero, un iluminado entre muchos otros. Su carne, su sacrificio y su cruz no tendrían importancia real sino apenas como símbolos. La gnosis, pues, es un ataque sutil a la fe porque destruye el mensaje cristiano, no negándolo, sino vaciando de sentido sus palabras.
* Es posible hacer una lectura “transversal” de las siete cartas a las iglesias, tomando los elementos que se repiten. Por ejemplo, Cristo, ¿cómo aparece en esos mensajes? Él es “El que tiene en su mano derecha las siete estrellas y camina en medio de los siete candelabros de oro;” “El Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y ha revivido;” “El que tiene la espada de doble filo;” “El Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llamas de fuego y los pies semejantes al bronce fundido;” “El que posee los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas;” “El Santo, el que dice la Verdad, el que posee la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir;” “El que es Amén, el Testigo fiel y verídico, el Principio de las obras de Dios.”
* Él, en síntesis, es el Cristo, verdadero Dios, que conoce la realidad de la vida humana, hasta su último rincón; que ha irrumpido con poder de lo Alto en la historia para dar a Dios todo honor y gloria, y salvar a su pueblo escogido de entre las naciones.
* Con ese mismo método de lectura transversal de las cartas a aquellos cristianos, uno puede enumerar sus principales rasgos positivos: (1) La paciencia (capacidad de padecer sin desalentarse); (2) La fidelidad en la prueba, aferrándose a la Palabra; (3) discernimiento y solidez en la doctrina cierta del Evangelio; (4) caridad mutua y servicio a todos.
* Sin embargo, en algunos casos aparecen también rasgos negativos: (1) Sincretismo y apelación a la magia o lo esotérico; (2) Hipocresía y fiarse de fachadas y apariencias; (3) Mediocridad y tibieza; (4) Divisiones internas. Para estos males el texto hace propuestas específicas que siempre incluyen un llamado a la conversión y a la escucha fiel del Señor.
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