martes, 3 de marzo de 2015

Escuchen

"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto" San Lucas 16,31.
El corazón humano es muy extraño. Aunque la evidencia grita que Dios existe y es amoroso, es santo y es grande, uno puede ser obstinado. Aunque la evidencia grita, que hay que cuidar a la familia, que hay que proteger al amor humano, que hay que cuidar a los niños y que hay que respetar la vida, el corazón humano es obstinado. El corazón humano es extraño, porque puede ser obstinado, puede resistirse. El mismo Jesús se encontró con eso. En una ocasión curó a un hombre que tenía una mano paralizada. Lo curó en una sinagoga.
Una persona que visiblemente había estado paralizada por tantos años, y Jesús la cura. Eso sería como para convertirse. Pero los adversarios de Jesús sacaron una conclusión: "Hay que deshacerse de este tipo porque está haciendo muchos milagros". Recuerdan a otro Lázaro; -hoy se mencionó un Lázaro en el evangelio; hay otro Lázaro, que fue el que había muerto y Jesús lo resucitó, en el sentido de volverlo a esta vida. Eso está en el capítulo once del evangelio de Juan. En ese mismo evangelio leemos, que hubo gente que sacó una conclusión: "Este es el Mesías, el Hijo del Dios vivo" San Juan 11,45.
Pero otros sacaron otra conclusión: "Hay que matar a Jesús" San Juan 11,47-53, y "hay que rematar a Lázaro, hay que rematar al que acaban de resucitar, porque si sigue por ahí vivo, la gente va a recordar que él fue resucitado; hay que matar al que acaban de resucitar" San Juan 12,10-11.

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