miércoles, 18 de marzo de 2015

Revela

Necesitamos que el agua de Cristo, que el paso de Cristo sane nuestras vidas; necesitamos la bendición de Cristo; ponernos cerca de Cristo y decirle: "Lávame con el agua de tu consuelo, sáciame con el agua tuya que da la vida, perdóname con el agua tuya que limpia, dale vida a mi vida, porque me he quedado como muerto. Deja caer con abundancia el agua de la vida, el torrente de las bendiciones, el río de la misericordia. Pronuncia tu palabra, Jesucristo, y ayúdanos a levantarnos de la postración en que nos ha dejado la enfermedad, la crueldad humana y la soledad.
¡Ten piedad de nosotros, Jesús! “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo” San Juan 5,17. "Dios no se da vacaciones nunca, por eso yo también actúo". El sábado es el día del descanso, pero el descanso no es una especie de pequeña muerte.



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Esta acusación tan fuerte de los judíos, sin embargo, Cristo no la desmiente. “Te estás haciendo igual a Dios” San Juan 5,18, Cristo no desmiente eso. ¡Ese dato es importante! Fíjate, la acusación es: “Tú te haces igual a Dios” San Juan 5,18.
Y Cristo no dijo que no, ¡eso es importante! “Te haces igual a Dios, llamas a Dios, Padre tuyo” ¿Es que te estás creyendo que eres Dios?" San Juan 5,18. Y Cristo no dijo que no, porque Él era Dios, Dios y hombre.
 El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que éstas para vuestro asombro” San Juan 5,19-20.
Cristo no desmintió de lo que lo estaban acusando: “Que ahora te vas hacer igual a Dios”, No negó eso, sino que dejó abierta una rendija para que nosotros, más que esos judíos que lo estaban acusando, nos asomáramos al misterio de la unión de amor entre el Hijo y el Padre.
Cristo no entró en una discusión, simplemente, como en una maravillosa, como en una sublime parábola siguió hablando del Hijo y del Padre, y dejó abierta una rendija, como decía Él: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!” San Marcos 7,14.
Dejó abierta una rendijita; el que quiera mirar, que mire la unión de amor, la unión de obras, la unión de voluntad, la unión de naturaleza, diríamos nosotros, que hay entre el Hijo y el Padre.
“El Hijo ve al Padre, y el Padre ve al Hijo; el Padre ama al Hijo, el Hijo ama al Padre” ¿Quién iba a entender eso? Para ellos, eso se quedó en un trabalenguas.
Pero, ahí dijo Cristo estas palabras, no tanto para ellos, sino para nosotros, para que nosotros, asomándonos por esa rendija, viéramos la unión que hay entre Cristo, y el Padre. “El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre” San Juan 5,19.
El Padre es la referencia, el modelo, la fuente del Hijo; y el Hijo en obediencia, y en unión de obra con el Padre, es la presencia del actuar del Padre en medio de nosotros ¡Qué tremenda enseñanza!
Seguramente, los que estaban ahí discutiendo con Él, no le entendieron nada; pero nosotros no somos enemigos de Cristo, somos sus amigos, y estas palabras no las dijo Cristo para sus enemigos, portémonos como amigos que tratamos de sacar un poquito de fruto, de remedio, de hermosura, de alimento de lo que nos dice Jesús. “Si el Padre es la referencia, la medida, el criterio, la fuente del Hijo; y si el Hijo hace lo que hace el Padre, entonces el Hijo es la presencia del obrar del Padre entre nosotros.”
El Hijo hace lo que ve que hace el Padre. La presencia del Hijo que yo puedo ver me muestra el sentido la potencia, la sabiduría que yo no puedo ver del Padre; el Hijo es la manifestación, como dice la carta a los Colosenses: “Es la imagen de Dios invisible” Carta a los Colosenses 1,15.
El Hijo nos muestra el actuar del Padre, el Hijo revela al Padre, quien mira a Cristo está mirando al Dios invisible, “El que me ve a mí ve al Padre” San Juan 14,9, lo dijo después Cristo a uno de sus Apóstoles, a Felipe.

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