La única razón, por la que Dios soporta que pasen los días, es por su misericordia. Pues entonces nuestra vida sólo puede ser para que esa misericordia alcance su plenitud.
Es la única razón por la que Pablo tuvo vida después de la conversión en Damasco. Le decía Dios a Ananías: "Yo le mostraré a él todo lo que tiene que sufrir por mi Nombre" Hechos de los Apóstoles 9,16. Y "por mi Nombre" era por la extensión del Nombre de Dios, por la evangelización.
Dios ha podido llevárselo el día de la conversión. Ese Pablo que quedó ciego y tendido por tierra, pues igual hubiera podido quedar muerto: se lo llevó Dios, lo arrebató. Dios quería a través de Pablo, manifestar tantos tesoros de la sabiduría de Cristo, tantas cavidades de ese abismo que es el amor de Dios.
Entendamos que nuestra vida es para eso; que la única razón de nuestra vida, ahora que ya creemos en Cristo, es recibir misericordia y prolongar la misericordia. con esa misericordia, quisiéramos alcanzar también a los que se han alejado, esos que "estaban entre nosotros, pero que ya no son de los nuestros" 1 Juan 2,19.
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