sábado, 6 de diciembre de 2014

Concierne

Santo Domingo, fijó sus ojos en modelos bien altos, fijó sus ojos, ante todo, en el Predicador de predicadores, el Verbo mismo de Dios, Jesucristo, y por eso cargaba consigo el evangelio de San Mateo.
 Las cartas de San Pablo, y de ese hecho meditó muchas veces en lo que Pablo hacía, en lo que Pablo decía, en la manera cómo oraba y también en los padecimientos que tenía en sus entrañas, queriendo engendrar la presencia del Evangelio en todas aquellas comunidades de la cuenca del Mediterráneo. San Pablo, es una típica predicación kerigmática, este es uno de esos casos en que el predicador se dirige a sus oyentes como quien ofrece un telegrama, la noticia fresca del amor de Dios.
La predicación tiene que llegar a cada corazón, tiene que llegar a los oídos de todos aquellos que quieran recibirnos, tiene que llegar como una noticia personal, una noticia fesca, cautivante, algo de lo cual el oyente no puede zafarse.
El arte de un buen escritor hay que cautivar, hay que enamorar, hay que atrapar de tal manera el corazón del oyente con una noticia de amor, para que ése o ésa que nos está escuchando, pueda sentir: ESTO ME CONCIERNE

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