domingo, 21 de diciembre de 2014

Tres pràcticas


Tres prácticas piadosas que eran de especial valor entre los judíos del tiempo de Jesús, el mismo Jesús las menciona en el Sermón de la Montaña, que se encuentra en los capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Esas tres prácticas eran: la oración, el ayuno y la limosna.
¿Qué es lo que tienen de valioso estas tres prácticas?  Intentan sanar el desorden causado por el pecado. Porque el pecado es desorden; y por consiguiente, la conversión y el retorno a Dios, es un retorno al orden: Dios trae orden a la vida.
La oración ordena nuestra relación con Dios; a través de la oración reconocemos de modo más seguro y más rápido quién es Dios y quiénes somos nosotros. Entonces nuestra relación con Dios recupera mucho de su orden a través de la oración.
 La limosna expresión genérica que alude a la actitud generosa para compartir nuestros bienes con los más necesitados, se refiere a la relación con el prójimo; a través de la limosna se restaura la relación que hemos de tener con el prójimo.
El ayuno, tercera práctica de los judíos y es la que aparece mencionada , es también una manera de traer orden, a través del ayuno, lo que se quiere es disminuir, o mejor, recuperar verdadero señorío, verdadero dominio sobre los propios apetitos.
 El ayuno viene a traer este orden. Jesús dice una cosa importantísima y es que esas prácticas, y en particular el ayuno, tienen su sentido como preparación, Cristo, Él es el que desde su trono, desde ese lugar central, desde ese lugar único que tú le vas a dar en tu vida, Él es el que va a ir ordenándolo todo.
 Son muy valiosas estas prácticas, no se comparan con la presencia viva de Jesús en nosotros, esa presencia viva que nosotros recibimos, acogemos por la fe y que instaura el Reino de Dios en la raíz misma de todo lo que hacemos y decimos.
Recibamos entonces a Jesús como Señor, démosle el trono que le corresponde, y ya veremos cómo la vida va recuperando su orden y su belleza.

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