martes, 22 de septiembre de 2015

Mies

"Rogad, pues, al Dueño de la mies" quiere decir también:  no podemos "producir" vocaciones; deben venir de Dios. No podemos reclutar personas, como sucede tal vez en otras profesiones, por medio de una propaganda bien pensada, por decirlo así, mediante estrategias adecuadas. La llamada, que parte del corazón de Dios, siempre debe encontrar la senda que lleva al corazón del hombre.
Con todo, precisamente para que llegue al corazón de los hombres, también hace falta nuestra colaboración. Ciertamente, pedir eso al Dueño de la mies significa ante todo orar por ello, sacudir su corazón, diciéndole: "Hazlo, por favor. Despierta a los hombres. Enciende en ellos el entusiasmo y la alegría por el Evangelio. Haz que comprendan que este es el tesoro más valioso que cualquier otro, y que quien lo descubre debe transmitirlo". 
Nosotros sacudimos el corazón de Dios. Pero no sólo se ora a Dios mediante las palabras de la oración; también es preciso que las palabras se transformen en acción, a fin de que de nuestro corazón brote luego la chispa de la alegría en Dios, de la alegría por el Evangelio, y suscite en otros corazones la disponibilidad a dar su "sí". Como personas de oración, llenas de su luz, llegamos a los demás e, implicándolos en nuestra oración, los hacemos entrar en el radio de la presencia de Dios, el cual hará después su parte.

En este sentido queremos seguir orando siempre al Dueño de la mies, sacudir su corazón y, juntamente con Dios, tocar mediante nuestra oración también el corazón de los hombres, para que él, según su voluntad, suscite en ellos el "sí", la disponibilidad; la constancia, a través de todas las confusiones del tiempo, a través del calor de la jornada y también a través de la oscuridad de la noche, de perseverar fielmente en el servicio, precisamente sacando sin cesar de él la conciencia de que este esfuerzo, aunque sea costoso, es hermoso, es útil, porque lleva a lo esencial, es decir, a lograr que los hombres reciban lo que esperan:  la luz de Dios y el amor de Dios.

Pontifice-Cuba



Tal y como ha recordado el Pontífice, este año se celebra el 80 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la República de Cuba y la Santa Sede. Por ello, el ha reconocido que la providencia le ha hecho llegar a esta “querida nación”, siguiendo “las huellas indelebles del camino abierto por los inolvidables viajes apostólicos que realizaron a esta Isla mi dos predecesores, san Juan Pablo II y Benedicto XVI”. Hoy --ha añadido Francisco-- renovamos estos lazos de cooperación y amistad para que la Iglesia siga acompañando y alentando al pueblo cubano en sus esperanzas y en sus preocupaciones, con libertad y con los medios y espacios necesarios para llevar el anuncio del Reino hasta las periferias existenciales de la sociedad.
Es un   misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”. A propósito ha señalado que san Ignacio de Loyola entendía bien este lenguaje. “Él mismo contó que su consolación más grande era mirar al cielo y las estrellas porque esto le hacía sentir un gran deseo de servir al Señor” Haciendo referencia al testimonio previo de la religiosa, el Pontífice ha hablado de “los últimos”, los “más pequeños”. Que --ha afirmado-- aunque sean grandes unos terminan tratándolos como niños, porque se presentan como niños. Así, ha explicado que aunque haya servicios pastorales más gratificantes, cuando uno busca en la preferencia interior al más pequeño, al más abandonado, al más enfermo, al que nadie tiene en cuenta, al que nadie quiere, “cuando sirve al más pequeño, está sirviendo a Jesús de manera superlativa”.
Estos lugares son “donde la ternura y la misericordia del Padre se hace más patente, donde la ternura y la misericordia de Dios se hace caricia”, ha observado. Ha propósito ha reconocido "cuántas religiosas y religiosos queman y repito el verbo, queman, su vida acariciando material de descarte”.

Por todo ello, el Santo Padre ha dado las gracias a todos los consagrados que dedican sus vidas a los “más pequeños”.

Esperamos

Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio), el Año Santo de la Misericordia, su última encíclica, Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común, nos indican lo ocupado y lo activo que en estos tres años el Papa Francisco ha estado. No puedo olvidar el tremendo esfu
erzo que ha realizado para reorganizar a la Iglesia, respondiendo a muchos retos, entre los que resaltan: el cuidado de los niños, jóvenes y la lucha contra el abuso sexual y la pederastia, la transparencia económica, el llamado que ha hecho a todos los Cardenales, obispos, presbíteros y ministros-agentes pastorales: vivir en mayor austeridad, teniendo conciencia que aquello que tenemos de más es algo que algún otro tiene de menos.
Sin detenerse, visitará América Latina antes de encontrarse con nuestros hermanos cubanos, para luego estar entre nosotros. Su estadía va a ser justa: Washington, New York, Philadelphia. Viene en medio del VIII Encuentro Internacional de las Familias, a celebrarse en la ciudad que resguarde la campana que anunció la independencia estadounidense.
Podríamos pasar tiempo indicando evento por evento, etapa por etapa, todo lo que hemos vivido en estos tres años de pontificado del Papa Francisco. Pero quiero seguir las indicaciones que el mismo Papa Francisco nos deja en Evangelii Gaudium: las buenas ideas, las buenas homilías, deben ser breves y sustanciosas. Así que quiero compartir tres ideas que a lo largo de estos tres años el Papa Francisco ha compartido insistentemente y que forman ya parte de su legado espiritual: abrirse a dejarse encontrar por y con Jesucristo para ser misioneros; vivir la misericordia; la conversión personal y la conversión pastoral.
Dejarse encontrar por y con Jesucristo para convertirse en misioneros.

Desde su tiempo como Arzobispo de Buenos Aires, y a través del Documento de Aparecida, encontramos en sus palabras y documentos esta sencilla y básica idea: dejarnos encontrar por Jesús y, al mismo tiempo, encontrarnos con Jesús. Esto forma parte de la espiritualidad jesuita. En Evangelii Gaudium lo señala: “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus accio­nes. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautiza­dos. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie poster­gue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos « discípulos » y « misioneros », sino que somos siempre « discípulos misioneros ». Si no nos con­vencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn1,41). La sa­maritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Jn 4,39). También san Pablo, a partir de su encuen­tro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era           el Hijo de          Dios (Hech 9,20) A que esperamos.?

Abogada

Señora, Madre de Dios y Madre nuestra, intercesora y abogada
en todas nuestras necesidades espirituales y materiales, te pedimos que desates todos los nudos que aprisionan a nuestro pueblo cubano, los nudos de la falta de esperanza, del miedo, de la pérdida de Dios y de los valores de la fe; que nos ayudes a todos a romper las ataduras de la desconfianza, de la indiferencia y del pecado de no ver en el otro al hermano; de esperar más de los poderes de este mundo que de la fuerza de Dios. Te suplicamos que nos ayudes a desatar, junto contigo, todos los nudos del mal, la injusticia y el pecado. Amén.
a la fe, a vivir de Cristo y para Cristo; y con las armas de la paz, el perdón
y la comprensión, luchemos por construir una sociedad abierta y renovada,
una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje la bondad de Dios.” *
al desánimo y que tu pueblo cubano encuentre caminos hacia una nueva forma
de convivir en la justicia, la libertad y el derecho.
oprimen la búsqueda de libertad para tu pueblo cubano y que todos
sepamos apoyarnos en el camino hacia el bien común de la sociedad cubana.
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.


“Los cubanos nos hemos encontrado siempre juntos, sin distinción de razas, clases u opiniones, en un mismo camino: el camino que lleva al Cobre.” *
Primer nudo: el nudo del desaliento
“Es necesario que los cubanos seamos convocados a dar un nuevo vigor

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que llevan
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Segundo nudo: el nudo del desinterés
“Nadie puede reclamar libertad para sí y negarla a otros, o procurar
el propio bien y desinteresarse del ajeno. La libertad que Dios concibe
para el hombre es una libertad responsable por la vida y el destino
de quienes están a nuestro lado.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que
Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Tercer nudo: el nudo del individualismo
“El único modo de que una persona, una familia, una sociedad crezca;
la única manera de que la vida de los pueblos avance es la cultura del
encuentro. Una cultura en la que todo el mundo tiene algo que aportar,
y todos pueden recibir algo bueno a cambio.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que nos
desunen y separan; aumenta nuestra capacidad de comprensión y de perdón
y que entre todos sepamos tender puentes de unidad y reconciliación.

Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Cuarto nudo: el nudo del exclusivismo y la marginación social
“El servicio al hombre es el camino de la Iglesia y este servicio al hombre
lo brinda la Iglesia sin distinción de personas por su religión, raza edad,
sexo, condición social o pensamiento político.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que llevan
a la desconfianza, al rechazo, al prejuicio, al resentimiento y al rencor;
ayúdanos a buscar la unidad y a recuperar la riqueza de ser cubanos.

Quinto nudo: el nudo de la pérdida de valores
“La familia como institución natural está llamada a ser
“escuela de humanidad” y transmisora de los valores que enaltecen
a la persona y la capacitan para una sana y constructiva vida social.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que puedan
alejar a la familia cubana de su papel en la sociedad, que sea siempre
transmisora de los valores de la verdad, la justicia y la libertad como
garantía de un futuro digno y compartido.

Sexto nudo: el nudo del egoísmo
“Las aspiraciones de superación personal deben ser alentadas
para lograr así una sociedad civil vigorosa que será siempre
un bien necesario para todo país que aspire a una sana prosperidad
social y económica sostenida por sólidos pilares morales y espirituales.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos
que llevan a pensar y actuar sin tener en cuenta las necesidades ajenas;
llena de generosidad los corazones de todos tus hijos y permite que puedan actuar
siempre con solidaridad para así construir una nación con todos y para el bien de todos.

Séptimo nudo: el nudo de la falta de esperanza
“El mensaje del Evangelio conduce al amor, a la entrega, al sacrificio y al perdón,
de modo que si un pueblo recorre ese camino es un pueblo con esperanza de un futuro mejor.”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudosque ahogan
las esperanzas de tu pueblo; cambia los corazones de quienes oprimen
las iniciativas y cierran las puertas al crecimiento social y personal
de tus hijos y haz que el Evangelio sea fuente y fuerza que provoque
y mantenga esa esperanza siempre viva.

Por estas intenciones, y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.
Octavo nudo: el nudo de la falta de autenticidad
“Que los jóvenes sean fuertes por dentro, grandes de alma,
ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad,
audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor,
invencibles en la esperanza…”*

Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que llevan
a la doble moral, a la inautenticidad, al acomodo, al disimulo y al silencio culpable.
Llena los corazones de nuestros jóvenes de valor e ideales nobles en la búsqueda
de la libertad y la verdad.

Noveno nudo: el nudo de la falta de misericordia.
“Constatamos que aumenta entre nosotros un lenguaje sin misericordia.
La violencia está a flor de piel. Hay agresividad en las familias,
centros de trabajo, comunidades… Y el Papa Francisco, Misionero de la Misericordia,

quiere invitarnos a que no nos cansemos de practicar la misericordia.”**

Virgen de la Caridad



Te pedimos, Señora de la Caridad, que desates todos los nudos que aprisionan
y endurecen el corazón y lo cierran a la misericordia. Transforma desde dentro
nuestra mirada para que respondamos siempre con compasión,
comprensión y amor, y para que alejemos toda dureza en nuestro trato con los demás.
Que seamos siempre sensibles ante el dolor humano,
para ser como tu Hijo, el rostro visible de la misericordia del Padre.

Por estas intenciones y las del Papa Francisco en su visita a Cuba, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Gloria al Padre.

Oración final para todos los días:
Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y madre nuestra,
Reina y Patrona de Cuba, venimos ante ti
para presentarte con fe y amor nuestras necesidades y anhelos.
Bendita seas, Madre de todos los cubanos,
que desde tu brazo nos ofreces a tu hijo Jesús,
que por amor a nosotros y por nuestra salvación,
nació en Belén y murió en la Cruz
y que resucitado y glorioso es Camino, Verdad y Vida. 
Santa María de la Caridad, discípula y misionera,
enséñanos a escuchar y a vivir según su Palabra,
a no pasar indiferentes ante el sufrimiento humano,
a tender la mano para perdonar y ser perdonados,
a respetar a todos por amor, a superar la división,
el rencor y la enemistad, a unirnos como hermanos,
a ser más humanos y mejores cristianos.
Enséñanos a amar y a vivir la caridad.
¡Dichosa tú, Virgen de la Caridad!
Madre del Amor Hermoso, ruega a Dios por nosotros, Amén.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Asunciòn






El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras que para otro ser humano la resurrección corporal ocurrirá al fin del mundo, para María, la glorificación de su cuerpo fue anticipada por un privilegio singular. 

Esta unión, que se manifiesta desde la concepción prodigiosa de nuestro Salvador, a través de la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, especialmente, por su asociación con el sacrificio redentor, no puede no requerir una continuación después de la muerte. Perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, María comparte su destino celestial en alma y cuerpo. La Asunción es el punto final de la lucha que movió el generoso amor de María por la redención de la humanidad y es el fruto de su participación única en la victoria de la Cruz.

Testigo

 “Tocamos el punto central de su vida y su fe. Nada de lo que era lo atribuía a su mérito; consideraba que todo se debía a Dios y a su gracia. Dios era la potencia y la fuerza de su vida”.
San Pablo, “es el mensaje de la gracia”. “Tenemos  valor y dignidad, salvación y santidad sólo de Dios y de su gracia. No podemos salvarnos con nuestras buenas obras. La salvación nos es dada por nuestra fe. Esta gracia se ofrece a cada uno de nosotros. Con la gracia de Dios es siempre posible un nuevo inicio”.
  En la vida de San Pablo, hubo una transformación radical que cambió todo: su encuentro con Cristo camino de Damasco.
“Aquella experiencia  le impresionó de tal modo que olvidó todo su pasado, proyectándose decididamente hacia el futuro”. “Para Pablo, el Evangelio no era una doctrina abstracta sino una persona: Jesucristo”.
“Dios no está lejano”. “Es el Dios para nosotros , cercano a nosotros y con nosotros. Se ha humillado y se ha abajado en Jesucristo. Si Dios ha resucitado a Jesucristo de los muertos, nos resucitará también a nosotros. En cada sufrimiento y en cada dolor, en todas las adversidades de la vida, la esperanza resplandecerá para nosotros incluso más allá de la muerte”.
Este es,  “un mensaje alegre pero también exigente”. “Debemos orientarnos siempre hacia Jesucristo, hacia su ejemplo, su vida y su palabra. Debemos siempre convertirnos de nuevo, dejarnos coger por El y seguirlo. Jesucristo es la fidelidad de la fe cristiana, constituye su identidad y su característica. La fe en Jesucristo como Hijo de Dios nos distingue de los musulmanes. No debemos esconder nuestra fe, sino testimoniarla valientemente como hizo Pablo. Esto se realiza no sólo con las palabras, sino antes que nada mediante una convincente vida de fe, mediante la amabilidad, la disponibilidad, la benevolencia, la bondad y una caridad activa”.

 “Pablo era un ardiente testigo de Cristo y al mismo tiempo un hombre de diálogo”. Tenía familiaridad con la cultura judía y la grecorromana. Hablaba arameo y griego. En el areópago de Atenas, refiriéndose a las otras religiones, dijo: “Dios no está lejos de cada uno de nosotros (...) en El vivimos, nos movemos y existimos” (Hech. 17, 27-28).

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Creer

A pesar de lo complicado que es el tiempo en la familia, siempre ocupado, con mil cosas que hacer, precisó que la oración nos permite encontrar la paz para las cosas necesarias, y descubrir el gozo de los dones inesperados del Señor, la belleza de la fiesta y la serenidad del trabajo. La familia vive los tiempos de la fiesta y del trabajo, consideramos ahora el tiempo de la oración. La queja más frecuente de los cristianos tiene que ver precisamente con el tiempo: “Debería rezar más…; quisiera hacerlo, pero a menudo me falta tiempo”. Escuchamos esto continuamente. El disgusto es sincero, ciertamente, porque el corazón humano busca siempre la oración, incluso sin saberlo; y no tiene paz si no la encuentra. Pero para que se encuentre, es necesario cultivar en el corazón un amor “cálido” por Dios, un amor afectivo.
La formulación del gran mandamiento, que sostiene a todos los demás: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. La fórmula usa el lenguaje intenso del amor, derramándolo sobre Dios. Entonces, el espíritu de oración vive principalmente aquí. Y si vive aquí, vive todo el tiempo y no se va nunca. Podemos pensar en Dios como la caricia que nos mantiene con vida, 
Solo cuando Dios es el afecto de todos nuestros afectos, el significado de estas palabras se hace pleno. Entonces nos sentimos felices, y también un poco confundidos, porque Él piensa en nosotros ¡y sobretodo nos ama! ¿No es impresionante esto? ¿No es impresionante que Dios nos acaricie con amor de padre? Es muy hermoso, muy hermoso. Podía simplemente darse a conocer como el Ser supremo, dar sus mandamientos y esperar los resultados. En cambio Dios ha hecho y hace infinitamente más que eso. Nos acompaña en el camino de la vida, nos protege, nos ama.
Si el afecto por Dios no enciende el fuego, el espíritu de la oración no calienta el tiempo. Podemos también multiplicar nuestras palabras, “como hacen los paganos”, decía Jesús; o también mostrar nuestros ritos, “como hacen los fariseos”. Un corazón habitado por el amor a Dios convierte en oración incluso un pensamiento sin palabras, o una invocación delante de una imagen sagrada, o un beso enviado hacia la iglesia. El tiempo de la familia, lo sabemos bien, es un tiempo complicado y concurrido, ocupado y preocupado. Siempre es poco, no basta nunca. Siempre hay tantas cosas que hacer. Quien tiene una familia aprende pronto a resolver una ecuación que ni siquiera los grandes matemáticos saben resolver