martes, 22 de septiembre de 2015

Esperamos

Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio), el Año Santo de la Misericordia, su última encíclica, Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común, nos indican lo ocupado y lo activo que en estos tres años el Papa Francisco ha estado. No puedo olvidar el tremendo esfu
erzo que ha realizado para reorganizar a la Iglesia, respondiendo a muchos retos, entre los que resaltan: el cuidado de los niños, jóvenes y la lucha contra el abuso sexual y la pederastia, la transparencia económica, el llamado que ha hecho a todos los Cardenales, obispos, presbíteros y ministros-agentes pastorales: vivir en mayor austeridad, teniendo conciencia que aquello que tenemos de más es algo que algún otro tiene de menos.
Sin detenerse, visitará América Latina antes de encontrarse con nuestros hermanos cubanos, para luego estar entre nosotros. Su estadía va a ser justa: Washington, New York, Philadelphia. Viene en medio del VIII Encuentro Internacional de las Familias, a celebrarse en la ciudad que resguarde la campana que anunció la independencia estadounidense.
Podríamos pasar tiempo indicando evento por evento, etapa por etapa, todo lo que hemos vivido en estos tres años de pontificado del Papa Francisco. Pero quiero seguir las indicaciones que el mismo Papa Francisco nos deja en Evangelii Gaudium: las buenas ideas, las buenas homilías, deben ser breves y sustanciosas. Así que quiero compartir tres ideas que a lo largo de estos tres años el Papa Francisco ha compartido insistentemente y que forman ya parte de su legado espiritual: abrirse a dejarse encontrar por y con Jesucristo para ser misioneros; vivir la misericordia; la conversión personal y la conversión pastoral.
Dejarse encontrar por y con Jesucristo para convertirse en misioneros.

Desde su tiempo como Arzobispo de Buenos Aires, y a través del Documento de Aparecida, encontramos en sus palabras y documentos esta sencilla y básica idea: dejarnos encontrar por Jesús y, al mismo tiempo, encontrarnos con Jesús. Esto forma parte de la espiritualidad jesuita. En Evangelii Gaudium lo señala: “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus accio­nes. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautiza­dos. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie poster­gue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos « discípulos » y « misioneros », sino que somos siempre « discípulos misioneros ». Si no nos con­vencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn1,41). La sa­maritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Jn 4,39). También san Pablo, a partir de su encuen­tro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era           el Hijo de          Dios (Hech 9,20) A que esperamos.?

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