viernes, 9 de septiembre de 2016

Jeremìas

Jeremías se dio cuenta de dos cosas: que el ataque y que el dolor es inevitable, el adjetivo “incurable”; “tu llaga es incurable” (Jr 30,12). Ese “incurable”, quiere decir, que es algo que va a suceder, es algo que Jeremías estaba seguro de que iba a suceder, y efectivamente sucedió. Ese es un rasgo que llama la atención; Jeremías ve venir esto, y se da cuenta de que es inevitable ( Jr 30, 12-15). Pero, es inevitable, porque hay un propósito bueno detrás de ese castigo duro, detrás de esa, podríamos decir, “humillación”; detrás de esa llaga hay algo bueno que Dios está pensando. La razón por la que el castigo es inevitable, la razón por la que la llaga es incurable, es sencillamente porque dentro del plan de Dios, esa “humillación”, en realidad es una “purificación”. Ese dolor, en realidad, es como el parto que dará a luz un pueblo nuevo; esa herida, en realidad, es el comienzo de la verdadera salud para el pueblo ( Jr 30,18-22). Yo creo que esto se parece mucho a la parábola del hijo pródigo ( Lc 15,11-32). ¿Recuerdas cómo ese hijo se va de casa?, y ¿recuerdas cómo ese hijo que se va, pues deja al papá absolutamente triste, frustrado? A veces, el Señor quiere y necesita que nosotros pasemos por unas cuantas experiencias duras; a veces, es necesario pasar por esas experiencias, porque a través de ellas Dios va a renovar nuestro corazón, Dios va a renovar nuestra vida. Pidamos al Señor, que nos de sabiduría para asumir las cosas duras con un espíritu de renovación, y para recibir las cosas buenas con un espíritu de gratitud. Así, nos lo conceda Él; el compasivo y poderoso.

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