
El hoy y el ahora que todavía no conocemos , es para desear y nunca dejar, en el cual hemos tomado fuerza y fortaleza todo cristiano debe estar alegre y dar gracias a la Trinidad Santa .Es una novedad que reclama un nuevo modo de hablar y de actuar.
La historia tiene un sentido, a través de ella descubrimos el amor y acción de Dios en su plan de Salvación para la humanidad, en la historia Dios nos habla y en ella construimos su Reino .No puede mirarse el pasado con nostalgia “sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto: debería estar a la altura de los nuevos acontecimientos, que marcan sus alegrías y preocupaciones, y todo su estilo de vida”.
Saber percibir los acontecimientos en la historia de la Salvación es importante porque en ella se enmarca la Evangelización como tarea humana que también es , está sometida a las viscisitudes históricas , porque la Iglesia se ve a sí misma como una realidad en medio de la historia que camina hacia una meta aún no alcanzada(Puebla No 254)
Al leer los signos de la historia, las señales de los tiempos, que son tan importantes al comunicar el Evangelio debemos tomar en cuenta que “transmitimos sólo una pequeña parte de la información de modo consciente, y todo lo demás de modo inconsciente: a través de la mirada y la expresión del rostro, a través de las manos y los gestos, de la voz y todo el lenguaje corporal”.
Esto debe hacernos más conscientes de nuestras actitudes, nuestro peregrinar, hay algo que ya poseemos, la esperanza y de la cual debemos dar testimonio, sólo se puede anunciar a Dios si el ser humano tiene dentro de sí una sólida identidad cristiana: “quizá nuestro lenguaje parece, a veces, tan incoloro, porque no estamos todavía suficientemente convencidos de la hermosura de la fe y del gran tesoro que tenemos.
“El cristiano debe encarnar el cristianismo” ante una sociedad que ha puesto una gran variedad y engranaje de recursos al alcance del desarrollo integral .Si se habla de Cristo se debe estar convencido que No es una doctrina que poseemos, sino una Persona por la que nos dejamos poseer. Es un proceso sin fin, una conquista sucesiva”.
La fe don de Dios es mostrar “el gran amor de Dios hacia nosotros, la vida apasionante de Cristo, la actuación misteriosa del Espíritu en nuestra mente y en nuestro corazón”, creer en Dios caminar con Cristo, hacia la casa del Padre.
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