miércoles, 28 de julio de 2010

Música e inteligencia

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La música se conoce como ciencia y arte indivisible, desde siempre, ha ido caminando al lado de lo objetivo y lo subjetivo, intrínsecamente relacionándolo con su aspecto emocional. La música ha estado al servicio de aspectos opuestos como el arte sacro y el profano, conviviendo en el tiempo pero no en los escenarios.

La diversión es un signo de inteligencia, las especies más avanzadas han demostrado que saben cómo divertirse. El género humano es el más versátil a tal efecto, pues ha desarrollado en su propio beneficio todo lo que ha considerado provechoso en grado sumo, incluso por el placer de experimentar en proyectos que de antemano sabía que habían de nacer obsoletos.
Con respecto a la música la inteligencia, en un lenguaje tan abstracto puede plasmar ideas extramusicales descriptivas tanto como subjetivas. Una misma idea puede reflejar imágenes opuestas en dos personas distintas, siendo placentera para ambas. El arte llega a la sublimación. Gentes de diferentes culturas son tocados en la emoción por sensaciones que a priori desconocen.
Se resalta el beneficio de la música en todos los ámbitos, puesto que estimula intensamente las sensaciones en el cuerpo y en la mente, desarrolla otras parcelas como pueden ser las matemáticas, la concentración, y ser medio para la relajación, la extroversión, etc. Al igual que en la cromoterapia se emplean los colores en estímulo de ciertas actividades; el amarillo para el estudio y la concentración, el azul para la relajación, el rojo... es estimulante etc, pues la musicoterapia tiene sus aplicaciones en diversos tratamientos, sin tener por qué ser terapeúticos, simplemente para fomentar actitudes.

Todo esto conlleva al tan ansiado equilibrio emocional que todos buscamos, y sobre lo que tanto se ha escrito en libros de autoayuda, psicología, etc.

No estemos orgullosos del 10% de la capacidad cerebral que utilizamos habitualmente, si la podemos desarrollar un poco más con el placer de la escucha de una buena obra de música, ya sea del estilo que sea, porque en todas las épocas de la historia ha habido obras maestras. Consideremos que la música es la expresión de arte más mágica que existe por lo etérea, abstracta, y en ocasiones, absoluta.

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San Lucas 10,38-42

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Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, que sin embargo en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo, María le recibió en su casa. Jesús se instala, María se sienta a sus pies y le escucha, mientras que Marta está totalmente ocupada por los muchos servicios, debidos ciertamente al huésped de excepción. Parece que estamos viendo la escena: una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como extasiada por la presencia del Maestro y por sus palabras. Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada" (10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana
Las mujeres han respondido con generosidad extraordinaria. Históricamente, las mujeres han tenido un papel esencial en la vida de la Iglesia. Esto se ha podido constatar particularmente a través de su trabajo voluntario en las parroquias, en su servicio profesional y en su participación en las comunidades religiosas, movimientos seglares y otras organizaciones, donde sirven en una serie de áreas como la salud o la educación".
"Hoy las mujeres ofrecen su servicio a la Iglesia en posiciones de responsabilidad a todos los niveles. Las mujeres desempeñan casi la mitad de las posiciones administrativas y profesionales de las diócesis. Las mujeres desempeñan en torno a un cuarto de las posiciones diocesanas más elevadas, como la de canciller, superintendente de escuelas, responsable de finanzas. En torno al 80 por ciento de los agentes pastorales laicos son mujeres".
"La gratitud de la Iglesia a las mujeres no puede afirmarse suficientemente .Las mujeres ofrecen una visión única, capacidades creativas y una generosidad característica en el corazón mismo de la Iglesia católica. Su actividad y su participación determinante explica mucho de lo que hace que la Iglesia católica sea una fuerza poderosa para el bien y la santidad".

domingo, 18 de julio de 2010

Rocío de Luz

Oh Jesús, cuando estabais en la tierra como viajero, habéis dicho:
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro
descanso.» Oh poderoso monarca de los cielos, sí, mi alma encuentra reposo
viéndoos revestido bajo la forma y naturaleza de esclavo (Fl 2,7),
abajándoos hasta lavar los pies a los apóstoles.
Es entonces cuando nos recuerda estas palabras que habéis pronunciado para enseñarnos a
practicar la humildad: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con
vosotros, vosotros también lo hagáis; el criado no es más que su amo.
Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica» (Jn 13,
15-17). Comprendo, Señor, estas palabras salidas de vuestro corazón manso.
Jesús no fue menos exigente: el mismo limpio a sus apóstoles solamente quiso que aceptaran humildemente que su Señor les lavara los pies. Este acto nos recuerda a la vez los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia .En el se unen lazos de humildad y de misericordia,misericordia que es el segundo nombre del amor, tanto del que purifica como de los que son purificados. En adelante los apóstoles harán lo que hizo su Señor una primera vez, El los envía en su nombre para esto. Ellos serán los que darán el primer paso para purificar a quienes se acercan a la Cena del Señor, adopción como hijos de Dios y, en concecuencia, de la fraternidad. Aquí encontramos siete veces la Palabra Señor, comprendemos, que Jesús al lavar los pies hizo un gesto significativo que podía enseñarnos, mejor que cualquier otro como

Huellas

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La sensibilidad humana que tiene su raíz en el espíritu, es motivo de profundo gozo al ver que, unidos a las huellas que en todo deja necesariamente el tiempo, el patrimonio cultural, particularmente en este mundo, sigue siendo bello.
Gracias a la sensibilidad que, particularmente a lo largo de los últimos decenios, se ha ido difundiendo en amplios sectores de la sociedad como consecuencia de la elevación del nivel cultural, del fenómeno turístico y de la presión benéfica que en muchos casos han ejercido las diversas asociaciones culturales que entienden que el patrimonio cultural es signo de la propia identidad y síntesis de las propias raíces históricas, religiosas y culturales.
Es innegable que el patrimonio cultural no podría comprenderse ni apreciarse en justicia y en todo su valor si se le extrae de su realidad histórica, del contexto de la indisoluble presencia y acción evangelizadora y promotora de la Iglesia a favor del ser humano en su integralidad, del ser humano conformado por cuerpo y alma, del ser humano, miembro de la Iglesia y, al mismo tiempo, miembro de la sociedad civil.
La Iglesia está, en efecto, indisolublemente unida al origen y al presente del gran patrimonio cultural reconoce que la humanidad se halla frente a una revolución cultural, conformada por obras y monumentos que han tenido su origen, muchos de ellos, en la acción evangelizadora: bienes que surgieron de un impulso teologal, nacidos al calor de la fe y para la gloria de Dios. Nadie puede explicar el origen de nuestras catedrales, de nuestros templos, de nuestros retablos si sólo considera móviles estéticos o decorativos y si no tiene presente una naturaleza y una finalidad eminentemente religiosa en los promotores y bienhechores, en los maestros y artesanos, convencidos de que Dios se merece lo mejor.
El origen de los tesoros artísticos creados por la Iglesia, ha efectivamente tenido siempre una finalidad evangelizadora. La cultura presenta necesariamente un aspecto histórico, social, y la voz cultura asume un significado sociológico y etnológico.
A partir de la distinta forma de hacer uso de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de cultivar la belleza se han originado los distintos estilos de vida y diversas escalas de valores, las verdades de la fe a través de la belleza.
El ser humano llega a un nivel verdadero y plenamente humano, la Iglesia recuerda a todos que la cultura debe ser subordinada a la perfección integral del ser humano, al bien de la comunidad y de la sociedad humana entera.
La belleza nacida de la fe manantial límpido y fecundo del Evangelio, cultiva el espíritu de tal manera que se promueve la capacidad de admiración, intuición, contemplación y de formarse un juicio personal.
La cultura se concreta en obras de creación humana, y en la interiorización o apropiación de las pautas culturales por parte de los individuos de los grupos. La cultura siempre está inserta en la tradición histórica de un pueblo, su crecimiento y progreso tiene como límites la condición histórica. Toda cultura en su historicidad es encuentro con el otro, por ser histórica y social implica una relación, que forzosamente es de lenguaje en su sentido amplio como posibilidad de comunicación.
Este puede ser el camino de otros hombres y mujeres de buena voluntad que se acercan a estos bienes culturales. En sentido de las cosas y actitud ante la vida, con toda la carga de racionalidad, de sentimiento, toca a nosotros tenderles la mano para que la belleza visible sea camino y sacramento de encuentro con la belleza invisible de Dios, en Cristo Jesús que, como afirma felizmente el concilio Vaticano II, es «centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones

jueves, 15 de julio de 2010

Mateo 13,44

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Una conversión es perfectamente descrita por Jesús en la parábola del tesoro escondido: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra y lo esconde de nuevo; después va, lleno de alegría, vende todo lo que tiene y compra ese campo». En otras palabras: es necesario haber encontrado el tesoro para tener la fuerza y la alegría de vender todo. Primero hay que haber encontrado a Dios; después se tendrá la fuerza de vender todo. Y esto se hará «llenos de gozo», como el descubridor del que habla el Evangelio sucedió en el caso de la pecadora del Evangelio, en el caso de Francisco de Asís. Ambos encontraron a Jesús y es esto lo que les ha dado la fuerza de cambiar.
En el caso de la pecadora del Evangelio y de Francisco , era diferente en apariencia, en el exterior, pero en profundidad era el mismo. La mujer y Francisco, como todos nosotros, estaban en busca de la felicidad y se percataban de que la vida que llevaban no les hacía felices, dejaba una insatisfacción y un vacío profundo en sus corazones.
El Evangelio libera al ser humano de todo lo que empequeñece su horizonte y le hace conocer que no hay otra obligación sino la de servir e imitar al Hijo de Dios. Dios deja que nosotros trabajemos, y perseveremos largos años para hacer nuestro ese tesoro, hay que despojarse de costumbres, diversiones,ambiciones y todo lo que acupaba nuestra vida sin llenarla, por ello no dejemos pasar la ocasión cuando el Reino viene a nosotros.
La conversión es el camino a la felicidad y a una vida plena. No es algo penoso, sino sumamente gozoso. Es el descubrimiento del tesoro escondido y de la perla preciosa.

viernes, 2 de julio de 2010

La Palabra de Dios por excelencia es Jesucristo, hombre y Dios .El Hijo Eterno es la Palabra que desde siempre existe en Dios, porque ella misma es Dios :”En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios (Juan 1,1).
La Palabra revela el misterio de Dios Uno y Trino. Desde siempre pronunciada por Dios en el amor del Espíritu Santo, la Palabra significa diálogo, describe comunión e introduce en la profundidad de la vida de la Santísima Trinidad.
En Jesucristo ,Verbo eterno, Dios nos ha elegido antes de la fundación del mundo, predestinándonos a ser sus hijos adoptivos ( Ef 1,4-5). Mientras el Espíritu aleteaba sobre las aguas y las tinieblas cubrían el abismo ( Gen 1,2), Dios Padre decidió crear el cielo y la tierra a través de la Palabra ,por medio de la cual fue hecho todo lo que existe (Jn 1,3). Las huellas de la Palabra se encuentran también en el mundo creado: “los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento” (Sal 18,2). La obra maestra de la creación es el ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26-27), capaz de entrar en diálogo con el Creador así como también percibir en la creación a su Autor, y por medio del Espíritu vivir en la comunión con el Dios vivo y verdadero (Jn 10,10) ,tal amistad fue interrumpida con el pecado de los progenitores
(Gen3,1-24)
Así,Dios Redime y Restaura , el Verbo Encarnado, Jesucristo, nacido de mujer, verdadero Dios y verdadero hombre, tuvo que rehacer todos nuestros actos como si no hubiesen sido hechos como si no hubiésemos pecado, y sufrir en Su Humanidad, en una magnitud y de una manera tan extraordinariamente dolorosa, que es totalmente imposible para nosotros entender, pues Sus sufrimientos son de Carácter Divino y tuvieron lugar desde Su Concepción hasta Su muerte en la Cruz.
Es a través de este Don de Su Vida, con todos Sus Actos, con Su sufrimiento, muerte, Resurrección y Glorificación, y en la Potencia de Su Divinidad, que Dios ha recibido de Él TODO lo que cada uno de nosotros le debía haber dado, y que también cada uno de nosotros ha recibido de Él la salvación y la restitución a la Vida Eterna, si la queremos y nos hacemos UNO en Él, pues es por Él, con Él, y en Él, que todo es y existe (Juan 1: 1-3).
Para poder acoger todo lo que a través de Jesús Nuestro Señor podemos recibir, tenemos que hacer vida en nosotros todo lo que Dios nos ha dado, tanto en la Creación como en la Redención; tenemos que hacer vida en nosotros TODO lo que Cristo vivió, a la medida que a cada uno Dios nos va dando el entendimiento y la oportunidad a través de nuestras vidas aquí en la tierra. (Juan 14: 6). Hacer vida en nosotros todo lo que Dios nos ha dado en la Creación, es simplemente el reconocer y acoger y hacer nuestra, la Vida de Dios que en cada cosa creada se encuentra, y darle a Él la correspondencia de nuestro amor y agradecimiento por cada una de ellas (Daniel 3: 51-90) . Es reconocer y acoger todo lo que Nuestro Señor hizo en la Obra de Redención, y amar y agradecer a Dios por cada uno de Sus Actos, desde Su Concepción hasta Su Glorificación, con todo lo que en Ellos se encierra.
Recordemos que sólo nuestros actos nos acompañan cuando pasamos de esta vida en el tiempo, a la vida eterna (Apocalipsis 14: 13, Apocalipsis 20: 12), y es por esto que todos nuestros actos se nos harán presentes en ese último acto de nuestra vida en el tiempo, en ese “instante de la verdad”, cuando veremos al Señor -con los “ojos” del alma-, cara a Cara, y veremos perfectamente cuánto nos Ama y cuanto lo hemos hecho sufrir en Su Humanidad al haber hecho y vivido nuestros actos con nuestra voluntad separada de la Voluntad Divina.
Si voluntariamente acogemos Su Voluntad en ese “instante de la verdad”, seremos confirmados en Ella, y después de ser purificados, viviremos con Él eternamente en Su Gloria y Felicidad Infinita, razón por la que fuimos creados y existimos, sin embargo, el grado de gloria que recibiremos, es determinado en la medida en que vivimos nuestras vidas aquí en mayor o menor comunión con la Voluntad de Dios, y es esto lo que determina el grado de Felicidad que recibiremos en la Vida Eterna -“En la Casa de mi Padre hay muchas moradas ” Juan 14: 2.