La Palabra de Dios por excelencia es Jesucristo, hombre y Dios .El Hijo Eterno es la Palabra que desde siempre existe en Dios, porque ella misma es Dios :”En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios (Juan 1,1).
La Palabra revela el misterio de Dios Uno y Trino. Desde siempre pronunciada por Dios en el amor del Espíritu Santo, la Palabra significa diálogo, describe comunión e introduce en la profundidad de la vida de la Santísima Trinidad.
En Jesucristo ,Verbo eterno, Dios nos ha elegido antes de la fundación del mundo, predestinándonos a ser sus hijos adoptivos ( Ef 1,4-5). Mientras el Espíritu aleteaba sobre las aguas y las tinieblas cubrían el abismo ( Gen 1,2), Dios Padre decidió crear el cielo y la tierra a través de la Palabra ,por medio de la cual fue hecho todo lo que existe (Jn 1,3). Las huellas de la Palabra se encuentran también en el mundo creado: “los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento” (Sal 18,2). La obra maestra de la creación es el ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26-27), capaz de entrar en diálogo con el Creador así como también percibir en la creación a su Autor, y por medio del Espíritu vivir en la comunión con el Dios vivo y verdadero (Jn 10,10) ,tal amistad fue interrumpida con el pecado de los progenitores
(Gen3,1-24)
Así,Dios Redime y Restaura , el Verbo Encarnado, Jesucristo, nacido de mujer, verdadero Dios y verdadero hombre, tuvo que rehacer todos nuestros actos como si no hubiesen sido hechos como si no hubiésemos pecado, y sufrir en Su Humanidad, en una magnitud y de una manera tan extraordinariamente dolorosa, que es totalmente imposible para nosotros entender, pues Sus sufrimientos son de Carácter Divino y tuvieron lugar desde Su Concepción hasta Su muerte en la Cruz.
Es a través de este Don de Su Vida, con todos Sus Actos, con Su sufrimiento, muerte, Resurrección y Glorificación, y en la Potencia de Su Divinidad, que Dios ha recibido de Él TODO lo que cada uno de nosotros le debía haber dado, y que también cada uno de nosotros ha recibido de Él la salvación y la restitución a la Vida Eterna, si la queremos y nos hacemos UNO en Él, pues es por Él, con Él, y en Él, que todo es y existe (Juan 1: 1-3).
Para poder acoger todo lo que a través de Jesús Nuestro Señor podemos recibir, tenemos que hacer vida en nosotros todo lo que Dios nos ha dado, tanto en la Creación como en la Redención; tenemos que hacer vida en nosotros TODO lo que Cristo vivió, a la medida que a cada uno Dios nos va dando el entendimiento y la oportunidad a través de nuestras vidas aquí en la tierra. (Juan 14: 6). Hacer vida en nosotros todo lo que Dios nos ha dado en la Creación, es simplemente el reconocer y acoger y hacer nuestra, la Vida de Dios que en cada cosa creada se encuentra, y darle a Él la correspondencia de nuestro amor y agradecimiento por cada una de ellas (Daniel 3: 51-90) . Es reconocer y acoger todo lo que Nuestro Señor hizo en la Obra de Redención, y amar y agradecer a Dios por cada uno de Sus Actos, desde Su Concepción hasta Su Glorificación, con todo lo que en Ellos se encierra.
Recordemos que sólo nuestros actos nos acompañan cuando pasamos de esta vida en el tiempo, a la vida eterna (Apocalipsis 14: 13, Apocalipsis 20: 12), y es por esto que todos nuestros actos se nos harán presentes en ese último acto de nuestra vida en el tiempo, en ese “instante de la verdad”, cuando veremos al Señor -con los “ojos” del alma-, cara a Cara, y veremos perfectamente cuánto nos Ama y cuanto lo hemos hecho sufrir en Su Humanidad al haber hecho y vivido nuestros actos con nuestra voluntad separada de la Voluntad Divina.
Si voluntariamente acogemos Su Voluntad en ese “instante de la verdad”, seremos confirmados en Ella, y después de ser purificados, viviremos con Él eternamente en Su Gloria y Felicidad Infinita, razón por la que fuimos creados y existimos, sin embargo, el grado de gloria que recibiremos, es determinado en la medida en que vivimos nuestras vidas aquí en mayor o menor comunión con la Voluntad de Dios, y es esto lo que determina el grado de Felicidad que recibiremos en la Vida Eterna -“En la Casa de mi Padre hay muchas moradas ” Juan 14: 2.
No hay comentarios:
Publicar un comentario