miércoles, 28 de julio de 2010

San Lucas 10,38-42

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Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, que sin embargo en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo, María le recibió en su casa. Jesús se instala, María se sienta a sus pies y le escucha, mientras que Marta está totalmente ocupada por los muchos servicios, debidos ciertamente al huésped de excepción. Parece que estamos viendo la escena: una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como extasiada por la presencia del Maestro y por sus palabras. Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada" (10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana
Las mujeres han respondido con generosidad extraordinaria. Históricamente, las mujeres han tenido un papel esencial en la vida de la Iglesia. Esto se ha podido constatar particularmente a través de su trabajo voluntario en las parroquias, en su servicio profesional y en su participación en las comunidades religiosas, movimientos seglares y otras organizaciones, donde sirven en una serie de áreas como la salud o la educación".
"Hoy las mujeres ofrecen su servicio a la Iglesia en posiciones de responsabilidad a todos los niveles. Las mujeres desempeñan casi la mitad de las posiciones administrativas y profesionales de las diócesis. Las mujeres desempeñan en torno a un cuarto de las posiciones diocesanas más elevadas, como la de canciller, superintendente de escuelas, responsable de finanzas. En torno al 80 por ciento de los agentes pastorales laicos son mujeres".
"La gratitud de la Iglesia a las mujeres no puede afirmarse suficientemente .Las mujeres ofrecen una visión única, capacidades creativas y una generosidad característica en el corazón mismo de la Iglesia católica. Su actividad y su participación determinante explica mucho de lo que hace que la Iglesia católica sea una fuerza poderosa para el bien y la santidad".

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