miércoles, 29 de diciembre de 2010

Al Abrigo

Los pájaros despiertan en la copa de los árboles a la misma hora, cantan de la misma manera y apenas hayan terminado de cantar, van en busca de alimento. Para los seres humanos todo es diferente. «Mientras hay vida, hay esperanza», dice un refrán popular. La esperanza es connatural al ser humano. Los seres humanos necesitamos la esperanza para seguir viviendo. De ella echa mano el enfermo para luchar y curarse; el prisionero para hacer todo lo posible por salir de la esclavitud.
Con todos los adelantos, el mundo parece un inmenso vacío donde la persona se siente sola y desamparada. Las personas no esperan mucho de la sociedad, de los demás, de sí mismas.
Con esperanza una sociedad tiene futuro. Esperanza, amor a Cristo, fuerzas que empujan. El abrirnos a Dios y a los demás, los más desesperanzados, puede darnos energías para contagiar y sembrar esperanza. Dios nos ha regenerado por medio de la resurrección de Jesús a una esperanza viva (1 P 1, 3).
La esperanza debe reunir cinco condiciones: que sea un bien, que sea necesario, que sea posible, que sea futuro y que sea difícil de conseguir. En todo momento tenemos que estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza (1 P 3, 15).
La «esperanza es el sueño de un hombre despierto». «La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza… Vivir como perfectos no apegados a las cosas presentes,sino,
deseosos de llevar una vida útil y preciosa ante Dios.

El anhelo de buscar un porvenir más humano y más justo. La esperanza cristiana se compromete a trabajar por un mundo más justo, más libre y más fraterno. Dios ha aparecido y ha transformado el curso de la historia, nosotros somos invitados a encargarnos de preparar la humanidad para que ella vaya madurando la salvación; haciéndose más responsable, descubriendo el destino común, reconociendo que no pueden resolver sus problemas sino haciendo del Evangelio la Ley de toda su vida.
Llamamos gracia al poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en el la disposición para crecer hacer que sintonicemos con la verdad, que el gesto de amor verdadero nazca en nosotros de forma expontánea e inesperada. Gracia que se desprende de Dios vivo para germinar en nuestra tierra. El mundo de hoy urge la esperanza. Quien espera de verdad está firmemente convencido de que para Dios no hay nada imposible (Lc 1, 37), y sabemos, según afirma san Juan de la Cruz, que se obtiene de Dios cuanto de Él se espera. San Pablo nos exhorta a no contristarnos como los que no tienen esperanza (1 Ts 4, 12). «Singular virtud de la esperanza, singular misterio”. Se enfrenta a todas las virtudes, a todos los misterios. La pequeña esperanza la que pone todo en movimiento
Tan esencial como la fe y el amor es la esperanza, pues no puede haber fe o amor sin esperanza. Una fe sin esperanza no tendría razón de ser. Sembrar esperanza, poner la esperanza al sol, al abrigo de la fe y del amor.

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