
El cuida y vela por nosotros, abandonémonos en las manos del Padre , respondamos al Dios que nos ama, en una esperanza firme.
«No andéis buscando qué comeréis ni qué beberéis, ni estéis ansiosos. Porque son los paganos quienes buscan estas cosas con afán. Como vuestro Padre ya sabe que las necesitáis, buscad su Reino, y se os darán por añadidura. No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino» (Lc 12, 29-32).
Las palabras del papa Benedicto XVI son de una gran luz: «La certeza de que Cristo está conmigo, de que en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, también da certeza de la esperanza. El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. Sin Cristo, también hoy el futuro es oscuro para el mundo, hay mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte, y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro… Queremos que acabe este mundo injusto… Queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero ¿cómo podría suceder esto sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará un mundo realmente justo y renovado».
Cristo es nuestra esperanza, no hay por qué temer. «Porque Él entró en el mundo y en la historia, porque él quebró el silencio y la agonía, porque llenó la tierra de su gloria, porque fue luz en nuestra noche fría» .
Jesús hizo de la esperanza de los pobres el centro de sus promesas. La buena noticia del Reino era para todos, pero sobre todo para los alejados de las esperanzas humanas. La existencia de futuro para la esperanza de los pobres es revelación gozosa del Evangelio de Jesús. El Dios de la esperanza es el Dios de los pobres y pequeños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario