La Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento y la venerable
Tradición, muestran en forma cada vez más clara la Madre del
Salvador en la economía de la salvación y, por así decirlo, lo muestran
ante los ojos. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de
la Salvación en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo
al mundo. Estos primeros documentos, tal como son leídos en la Iglesia y
son entendidos bajo la luz de una ulterior y más plena revelación, cada
vez con mayor claridad, iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor;
ella misma, bajo esta luz es insinuada proféticamente en la promesa de
victoria sobre la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en
pecado ( Gen., 3,15). Ella es la Virgen que concebirá y
dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emmanuel (Is., 7,14; Miq., 5,2-3; Mt.,
1,22-23). Ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que
de El esperan con confianza la salvación. Ella, excelsa Hija de
Sión, tras larga espera de la primera, se cumple la plenitud de los tiempos
y se inaugura la nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la
naturaleza humana para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su carne.
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