miércoles, 1 de diciembre de 2010

Bebe

«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán»
«Bebe el agua de tu cisterna, la que brota de tu pozo, que sean para
ti solo» (Pr 5,15.17). Tú que me escuchas, procura tener un pozo y una
cisterna que sean tuyos; de manera que, cuando cojas el libro de las
Escrituras, llegues a descubrir, también tú, de ti mismo, alguna
interpretación. Sí, con lo que has aprendido en la Iglesia, procura beber,
también tú, de la fuente que mana de tu espíritu. En el interior de ti
mismo está... «el agua viva» (Jn 4,10); hay en ti los canales inagotables y
les ríos henchidos del sentido espiritual de la Escritura, con tal que no
estén obstruidos por la tierra y los escombros. En este caso, lo que hay
que hacer, es cavar y limpiar, es decir, quitar la pereza del espíritu y
sacudir el adormecimiento del corazón... Purifica, pues,
tu espíritu para que un día bebas de tus fuentes y saques el agua viva de
tus pozos. Porque si has recibido en ti la palabra de Dios, si has recibido
de Jesús el agua viva, y si la has recibido con fe, en ti llegará a ser «un
surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

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