Gloria de la familia es su fecundidad. Que un hombre y una mujer se unan para ser felices, una sus vidas a una obra que los trasciende, poniendo en el mundo a otros seres humanos que continuarán la tradición que ellos a su vez recibieron de sus padres, y que el fin de su matrimonio consista en la creación del ambiente favorable al nacimiento y educación de los hijos, eso da al matrimonio una nobleza tal, que ennoblece a los que a él se consagran.
Las familias numerosas contribuyen a la unión de los esposos y a la educación de los hijos. Eso no sólo se verificaba en el trabajo propiamente escolar, sino en todas las demás actividades artísticas, sociales y deportivas, que tan destacado lugar ocupan en el programa de las universidades . Con ello demostró la falsedad del prejuicio según el cual los hijos de familias reducidas triunfan más que los de familias numerosas; la verdad es exactamente lo contrario. Observación interesante: las cargas sobrevenidas, por la educación una familia numerosa no parece haber comprometido para nada las posibilidades de éxito de sus padres.
Hallamos que los que tuvieron las carreras más brillantes tenían por término medio triple número de hijos que los demás. Así se destruye el prejuicio tan menudo explotado por los partidarios del control de la natalidad. El desarrollo más normal del niño se ve favorecido por el hecho de crecer junto con otros niños"
No se admite que sea más fácil educar e instruir uno o dos hijos que por lo mismo, que toda una familia de hermanos que deban repartir entre sí el amor y el cuidado de los padres, el pan de cada día, los juguetes, la instrucción, los medios de formación y la herencia. De sobra sabemos, en efecto, los defectos y los sufrimientos de los hijos únicos, alimentados con excesiva precaución, demasiado cuidados y arreglados.
Siempre acompañados, amonestados, elogiados, censurados, rodeados de cientos de prohibiciones. El hijo único es el centro, continuamente admirado y torturado de su ambiente, en vez de ser una parte sin importancia, pero protegida, del mundo entero. Sin verdaderos rivales, no puede medir sus fuerzas con iguales en movimientos y juegos, en gracia e invención, aprende con dificultad y mal a adaptarse a los demás y poner en común con los demás las alegrías, trabajos y tareas. Se vuelve miedoso, cobarde, terco, egoísta y quiere siempre tener razón.
En el hogar propio es sabihondo, y la vida tiene que enseñarle su falta de defensa y de fuerza, aprendiendo con dificultad y malos tratos, la educación compleja de las cualidades. y las energías, el ejercicio a fondo de las capacidades; con independencia y responsabilidad propia, paciencia probada en la superación de las resistencias y del mal comportamiento de los demás, el reconocimiento sin rencor de los méritos y esfuerzos de los demás, de la propiedad ajena, en una palabra, de los deberes sociales: transigencia, generosidad, liberalidad. Los métodos de educación se adaptan también a la nueva situación. El niño de hoy, que no tiene compañeros de juego en su casa, pasa más la vida fuera del hogar. Sin embargo, los autores están de acuerdo en señalar que el hogar desempeña un papel importante en la formación del niño. Desde el punto de vista familiar, la familia numerosa es la familia sana.
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