domingo, 15 de julio de 2012

Bendición

 A continuación se resume el contenido total del don con que Dios nos ha agraciado: "que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" . Es una bendición "espiritual" en cuanto que es actuada por el Espíritu Santo. De este modo en esta breve fórmula de nuestra salvación alude a las tres personas de la Santísima Trinidad: el Padre nos bendice con toda bendición, al darnos su Espíritu Santo, por medio de Cristo Jesús.
Un primer elemento de esta bendición es la elección divina desde la eternidad. "Nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo" . Desde la eternidad he sido objeto de un amor divino, sin mérito alguno. Aquí reside la pura liberalidad de Dios. Esta elección tiene un fin próximo y un fin último. El fin próximo es una verdadera vida cristiana en este mundo: "para ser santos e inmaculados en su presencia" . "Santo" significa separado de todo lo profano y consagrado definitivamente al servicio de Dios. Y precisamente por ello esta vida tiene que ser "inmaculada" a los ojos del Dios tres veces santo. A lo anterior añade el Apóstol: santos e inmaculados "en el amor". En esta breve fórmula de vida cristiana aparece el amor en toda su imponente y solitaria grandeza. No es una virtud entre tantas. Es la esencia de todas ellas; es toda la ley, y sin el amor el resto no vale nada (1Cor 13,1-3), y con él aun la nada se torna valiosa a los ojos de Dios.Otro elemento de la finalidad de la elección divina: "ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad". La expresión "hijos adoptivos" no equivale a una filiación en sentido traslaticio, por la que seríamos llamados tales sin serlo en realidad. No, somos hijos de Dios con toda verdad, no sólo porque Cristo, con su redención, nos ha hecho dignos de Dios; sino porque él mismo, el Hijo, habita en nosotros por medio de un vínculo vital misterioso y nos asume a todos nosotros para ser, juntamente con Él, uno solo (Gal 3,28). Por último, el Apóstol precisando: "según el beneplácito de su voluntad" indica que de todo esto Dios solo es la fuente. Subraya así que la gracia de Dios es el único fundamento de nuestra elección y de nuestra predestinación, de nuestra santidad en Cristo y de nuestra filiación en Él.
Se señala el fin último de la elección divina: "para alabanza de la gloria de su gracia" . Dios no es solamente la fuente primordial de su actuación gratuita, sino también el fin último de esta actuación. Dos veces más todavía en el mismo himno ratifica san Pablo este pensamiento. En ninguna otra parte del NT se expresa tan claro y en tres lugares tan cercanos, que Dios actúa para gloria suya. Él da a conocer, a través de la donación, su propia gloria y, sobre todo a las criaturas espiritualmente dotadas, el esplendor de su gracia. En esta notificación, en esta comunicación de sus bienes consiste ya la propia glorificación de Dios. Lo que llamamos "gloria extrínseca" que Dios recibe, se da cuando las criaturas agraciadas y favorecidas responden con reconocimiento, concretamente con alabanza de gratitud, salida del corazón, y con una vida que se ajuste a esta gratitud y no la desmienta, sino que sea profunda, auténtica y verdadera. Dios no puede renunciar a esta gloria, porque así lo exige la íntima naturaleza de sus criaturas. Esto es lo que significa: Dios crea y actúa para su gloria. Por último el Apóstol concluye recordando de dónde nos vienen todas estas gracias: "con la que nos agració en el Amado" . Toda gracia del Padre nos ha venido por su Hijo, pues Él mismo es la gracia en persona.

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