¿Qué relación existe entre la fe y las buenas obras?. Preguntan: ¿Será suficiente para salvarse solamente la fe o serán necesarias también las buenas obras? La pregunta propiamente formulada en este plano es incorrecta, porque parte de una concepción errada acerca de la fe. La fe verdadera se extiende no sólo a la inteligencia del ser humano, sino también a todas las fuerzas de su alma, incluyendo también a la voluntad. Los protestantes redujeron la idea acerca de la fe, limitándola a un recibimiento mental, intelectual, de la doctrina del Evangelio, y afirman: "¡Solamente crees y tú eres salvado!" El error de los protestantes, así como el de los judíos del Antiguo Testamento, consiste en la concepción formal y jurídica de la salvación. Los judíos enseñaban acerca de la justificación de la ley por medio de las obras, independientemente de la fe, y los protestantes modernos enseñan acerca de la justificación por la fe únicamente, independientemente de las buenas obras. El cristianismo por su parte enseña acerca del renacimiento espiritual del hombre. "Quien está en Cristo, es una nueva criatura" (2 Cor. 5:17). La salvación no es solamente mudarse al cielo para el hombre, sino precisamente el estado de gracia de su alma renovada, y según las palabras del Señor: "El reino de los Cielos se encuentra dentro del hombre" (Lc.17:21).
El renacimiento espiritual no se lleva acabo instantáneamente. Las palabras de Cristo cuando afirmó: "Tu fe te ha salvado" se refieren a aquella crucial decisión interna que llevó a cabo la gente cuando decidió apartarse del pecado para buscar el camino de la salvación. Sin esta decisión inicial de cambiar el modo de pensar es imposible ninguna corrección futura o progreso espiritual. Naturalmente, después que el ser humano eligió el camino correcto, debe seguir adelante por ese camino. Todas las Escrituras del Nuevo Testamento hablan acerca de cómo trabajar consigo mismo y asemejarse más a Cristo (Rom. 6:4, Gal. 5:6).
El Santo apóstol Santiago decididamente se levanta contra aquellos que separan la fe de las buenas obras, cuando dice: "...y si su hermano o hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de que aprovecha?... Pero alguno dirá: tu tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostrare mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan." Más adelante el Apóstol menciona ejemplos de hombres justos de la antigüedad que precisamente con buenas obras descubrían su fe; y llega a la siguiente conclusión, "¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Porque cómo el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta" (Stg. 2:15-26).
De la misma manera, también el apóstol Pablo no reconoce la fe sola sin sus frutos y dice: "Si tengo el don de profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy" (1 Cor. 13:2). De esta manera, la concepción correcta de la fe disipa todas las dudas acerca de qué es más importante: "la fe" o "las obras": ambas son inseparables, como la luz y el calor.
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