La práctica religiosa promueve una familia unida, creyente, estable, y descarta el relajo afectivo sexual, el adulterio y el divorcio, el aborto; la práctica religiosa va en contra de toda forma de maldad: el crimen, el flagelo de la droga, el terrorismo la guerra y la violencia . Por ello los católicos hemos de pedirle a Dios la renovación espiritual y moral. “Pueblo de Dios, escucha y anuncia el Evangelio”, para invitar a todos/as abrir los corazones a Jesucristo, a fin de que todos podamos gozar de la dicha de la fe, como María, Madre del Divino Pastor y Madre nuestra.
A ella, con gran confianza, encomendamos esta hora de nuestra Iglesia y de nuestra Patria, poniendo en sus manos la misión, con el cual se proclamará con fuerza el nombre y el amor de Jesucristo, y se renovará la vida de nuestra Iglesia
Demos gracias a Dios por nuestra fe, por la alegría de creer en Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo, que es puro amor. Demos gracias a Dios por habernos dado como madre amorosa a la Madre de su Divino Hijo, el Buen Pastor. Demos gracias a Dios por nuestra condición cristiana de hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y miembros de la Santa Iglesia católica.
Oremos al Señor para que, siguiendo a Jesucristo, nuestro gran Dios y salvador, nos convirtamos realizando la renovación espiritual, religiosa y moral que tanto necesitamos . Oremos por cada uno de nosotros para que, escuchando y cumpliendo la Palabra de Dios, gocemos como María Santísima, de la dicha, la alegría de la fe. Oremos por la necesidad muy grande el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Oremos por nuestra amada Patria, para que seamos fieles al Señor, como hijos y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica. Y oremos para que el Señor bendiga abundantemente este gran proyecto de renovación religiosa, espiritual y moral, estructural, comunitaria y personal, que será la Gran Misión Continental Evangelizadora.
En la Eucaristía, ante los pies de María Santísima reafirmemos nuestra fe, y hagamos el propósito de seguir siempre a Jesucristo, como lo hizo María Santísima. Y fortalezcamos nuestra pertenencia a la Santa Iglesia Católica, unidos todos como hermanos en torno al Papa y a los Obispos del mundo entero. AMEN.
Se estudia en estos días la corresponsabilidad eclesial y social. A este respecto, Benedicto XVI afirma en su mensaje que este “es un tema de gran relevancia para el laicado”, precisamente en la inminencia del Año de la Fe y la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización.
“La corresponsabilidad afirma el pontífice en su mensaje exige un cambio de mentalidad referido, en especial, al papel de los laicos en la Iglesia, que deben ser considerados no como 'colaboradores' del clero, sino como personas realmente 'corresponsables' del ser y del actuar de la Iglesia. Es importante, por tanto, que se consolide un laicado maduro y comprometido, capaz de dar su propia aportación específica a la misión eclesial, en el respeto de los ministerios y de las tareas que cada uno tiene en la vida de la Iglesia y siempre en cordial comunión con los obispos”.
El papa exhorta a los participantes a profundizar y vivir un “espíritu de comunión profunda con la Iglesia, característica de los inicios de la Comunidad cristiana”.
Les pide que sientan como suyo “el compromiso a trabajar por la misión de la Iglesia: con la oración, con el estudio, con la participación activa en la vida eclesial, con una mirada atenta y positiva hacia el mundo, en la continua búsqueda de los signos de los tiempos” y que no se cansen de afinar cada vez más por medio de la formación su peculiar vocación de fieles laicos “llamados a ser testigos valientes y creíbles en todos los ámbitos de la sociedad, para que el Evangelio sea luz que lleva esperanza en las situaciones problemáticas, de dificultad, de oscuridad, que los hombres de hoy encuentran a menudo en el camino de la vida”.
Benedicto XVI les recuerda también que sus asociaciones de Acción Católica “pueden enorgullecerse de una larga y fecunda historia, escrita por valientes testigos de Cristo y del Evangelio, algunos de los cuales han sido reconocidos por la Iglesia como beatos y santos”.
Por ello, les hace una llamada a la santidad y a una vida “trasparente”, “guiada por el evangelio e iluminada por el encuentro con Cristo, amado y seguido sin temor”.
Y concluye exhortándoles a asumir y compartir “las opciones pastorales de las diócesis y de las parroquias, favoreciendo ocasiones de encuentro y de sincera colaboración con los otros integrantes de la comunidad eclesial, creando relaciones de estima y comunión con los sacerdotes, por una comunidad viva, ministerial y misionera”, así como a cultivar “relaciones personales auténticas con todos, empezando por la familia”, ofreciendo su disponibilidad “a la participación a todos los niveles de la vida social, cultural y política teniendo siempre como objetivo el bien común”
En todo el mundo la Iglesia presta particular atención a la juventud y muchos jóvenes encuentran en la Iglesia un lugar privilegiado donde vivir y crecer. En las parroquias, en los movimientos y comunidades, los jóvenes encuentran verdaderos amigos y aprenden juntos a descubrir el sentido de la vida. Todo esto es fruto del encuentro con Cristo en la Iglesia; porque, como ha escrito el Papa Benedicto: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.» (Deus Caritas esl, 1) Esta persona es Jesús a quien reconocemos como Cristo, es decir, como Salvador. Solo el encuentro con El nos abre a un futuro nuevo. Alegra profundamente que como tema se haya escogido: “Encontráte con Cristo, tu vida cambiará”. ¡Abran verdaderamente sus corazones a Cristo! ¡Escuchen su Palabra! Él es el Buen Pastor que los guiará a vivir una vida buena y útil. Acepten convertirse diariamente para seguirlo mejor, Él nunca los decepcionará. Tengan confianza en Él y en los pastores que les ha mandado: sus obispos y sacerdotes, sus responsables de pastoral juvenil.
Como lodos saben, el Santo Padre ha invitado a los jóvenes de todo el mundo a las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro en julio del 2013. Espero de todo corazón que también los jóvenes de Uruguay puedan participar en este momento de gracia. Los invito a prepararse a esta próxima JMJ meditando en sus grupos el tema “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones” (Mt 28, 19). Los obispos de América Latina reunidos en Aparecida, Brasil en 2007 lanzaron a toda la Iglesia a una misión continental. Ustedes, jóvenes, son los misioneros del Evangelio para los demás jóvenes de su país. La Iglesia los envía en misión en nombre de Cristo. ¿Quién mejor que ustedes puede anunciar el amor de Cristo a sus contemporáneos? Oren y busquen juntos como mejor responder a esta misión. Y recibirán la inmensa alegría de ver surgir y crecer entre sus amigos nuevos discípulos de Jesús.
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